Opinión
Volaron de nuevo los pajarracos negros
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Carlos Raúl Hernández

Los mismos que decían que era imposible ganarle al gobierno la Asamblea Nacional, que si las máquinas, que si los muertos que votaban, que si los cubanos. Los mismos que decían que si encerrábamos  y asfixiábamos vecinos en las urbanizaciones acomodadas de las ciudades, Maduro se iría. Los mismos que decían que había un pacto entre la MUD y el gobierno para “darle” la Presidencia al Maduro a cambio de las gobernaciones. Los mismos cuya imbecilidad los hace incapaces para ningún oficio que no sea el de Chauncey Gardiner, aquel estúpido inmortalizado por el genial escritor polaco Jersy Kosinsky. Todos ellos, en su afán de desacreditar a la MUD, que les ha demostrado que son incompetentes, ahora consideran  genialmente que ganar la Asamblea no sirve para nada.

Tito Andrónico era todopoderoso en Roma. General triunfante y ministro de defensa, todos le temían y recelaban. Mil veces declaró y demostró su desinterés por el poder, su desapego a los fastos que lo rodeaban, su deseo de llevar una vida sencilla con su familia. Pero mientras más lo decían, más le temían y consideraban que estaba tramando ser tirano. Lejos de ambiciones su ánimo pesimista, oscuro, consternado, depresivo lo convirtió de un personaje glorioso en uno trágico. Él y su familia fueron víctimas de la más horrenda crueldad. A su hija Valeria le amputaron las manos, sustituidas por ramas secas, dice Shakespeare. Él mismo debió cortarse una, para probar que no conspiraba. El pesimismo es enemigo de la política y los que lo sufren suelen terminar destruidos, si es que son capaces de comenzar alguna empresa.

Al asalto del cielo

La política que trasciende, que dejó huella, mala o buena, en la Humanidad, es el arte de lo imposible. Un pequeño grupo de locos que se lanza al asalto del cielo ante el escepticismo o la burla declarada de los demás. Es la pasión que empuja a arriesgarlo todo, dirigida por la razón práctica, a hacerlo con éxito. Eso permitió que un negro de nombre musulmán y fama de izquierdoso y blando, derrotara una de las familias poderosas de Estados Unidos, junto a los barones del Partido Demócrata. Y se produjo el milagro de que un nigger presidiera la potencia mundial, a pocos lustros de que sus parientes tuvieran que ceder la silla en el autobús a un “blanco”. El militar golpista políticamente arruinado logró avanzar entre los errores de sus adversarios y por su voluntad triunfante destruyó los partidos, las instituciones, la democracia, la industria y su legado puede convertir Venezuela en una especie de nación subsahariana.

Se conjugaron en él un político excepcional y un gobernante cuya incompetencia es también excepcional. Comenzó su gesta perversa con un humilde 3 por ciento de aceptación. Fidel Castro y cien suicidas, violando las leyes de la guerra, anuncian una invasión a Cuba en un barco viejo y estallan el sistema político, destruyen la vida de esa sociedad, crean el régimen totalitario más terrible que se conozca que dura cincuenta y siete años años en las costillas de la máxima potencia mundial. Se podrá decir que fue producto del reparto de la Guerra Fría, pero sobrevivió 27 años a la caída del comunismo, y a sus múltiples muertes .Aquella viuda con osteoporosis, destrozada por el asesinato de su marido, es la candidata opositora en Nicaragua. Con su coraje derrota y desmonta la dictadura creada por nueve comandantes de los de verdad, que le habían ganado una guerra a Somoza y su dictadura hereditaria.

Saco de huesos triunfador

Indescriptibles el estupor y la incredulidad de la izquierda autoritaria. No le perdonaban a “ese saco de huesos podridos”, como dijo Ortega, tal vejamen. Primero justicia, AD, UNT, la MUD, han tenido que derrotar el pesimismo, el desaliento y la languidez de supuestos críticos, que mientras sus  candidatos a la AN se jugaban  el pellejo, un enjambre de vagos  se complacían en desmerecer su esfuerzo, condenarlo por “blando”. Llenaron periódicos y televisoras de “críticas” que lo hubieran condenado a la impotencia y a repetir las elucubraciones descabezadas que liquidaron la oposición delirante hasta 2006. Saudage, fraude, pesimismo, desestímulo frente a una difícil conflagración contra gamberros capaces de todo.

“El hombre es una pasión inútil” escribió Sartre. Para qué luchar, amar, odiar, añorar, si al final nos espera la nada. Para qué hacer las pirámides de Egipto el Taj Mahal o la Victoria de Samotracia si al final nos espera la oscuridad, el fraude, la maniobra del CNE. Una aparente verdad tan contundente, está montada en una vaciedad. Hacemos todas esas cosas porque no podemos dejar de hacerlas, porque está en nuestra naturaleza combatir el oprobio. Es como decirle a un hombre que delira de sed, “que olvide esa sensación. Dentro de mil años tu sufrimiento habrá sino una raya en la nada”.

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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