Opinión
ZAPATERO A TUS ZAPATOS
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Mi querido amigo Francisco Suniaga es un gran conocedor de pomposos latinajos, a los cuales recurre con jubiloso placer macarrónico en sus chispeantes conversaciones. No sabría decir si “Ne supra crepidam sutor judicaret” (El zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias) está en su amplio repertorio; pero en todo caso y para beneficio de quienes no son tan acuciosos como Francisco José, comento el origen de esta expresión.

Se cuenta que Apeles, el más grande de los pintores de la antigüedad, escuchó la crítica de un zapatero quien señalaba un error en los zapatos de la figura de uno de sus cuadros. Al oírlo, Apeles lo corrigió de inmediato. Envanecido, el zapatero hizo otra observación sobre las piernas; pero en ese momento el artista lo sentó de posaderas con la frase lapidaria que estamos comentando.

A propósito de esta anécdota, creo que es tiempo de que la sociedad venezolana siga el ejemplo de Apeles y comience a poner límites a la participación de los militares en asuntos que no son propios de la formación que reciben, ni de la misión que la República les encomienda.

La hemorragia purulenta de corrupción del Plan Bolívar 2000, las mafias de cabilla y cemento, el colapso de las empresas de Guayana, el naufragio de Conferry; son un ominoso pasivo en el balance de la Fuerza Armada. Cuando el presidente Maduro reconoce la pudrición de la red Bicentenario, el ministro Osorio, enfundado en verde oliva y en representación de la institución armada, encaja toda la culpa.

En diciembre el presidente Maduro anunció que los militares regresarían a los cuarteles. Lejos de cumplir con su palabra, quizá porque a estas alturas no es más que un peón de la cúpula castrense, crea una grotesca, y previsiblemente corrupta e ineficiente, Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas.

Mandar no es equivalente a gobernar, vociferar órdenes no es lo mismo que conducir procesos; Venezuela no es un cuartel. Zapatero a tus zapatos

Manuel Narvaez

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