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Cinco claves de la emergencia por las lluvias en San Cristóbal
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El pronóstico del tiempo para esta temporada no se está equivocando: llovería por debajo del promedio en la mayor parte de Venezuela, con excepción de dos estados: Táchira y Apure, los mismos en donde ahora se estacionaron las nubes.

 

Datos de Protección Civil Táchira refieren que durante el mes de junio cayeron sobre el estado un promedio de 4 mil 111 litros de agua de lluvia por cada metro cuadrado de superficie plana. Se trata, desde lejos, de una cantidad excepcional. De los 29 municipios, San Cristóbal aglutina los mayores registros de afectaciones, riesgos y damnificados.

 

La capital tachirense presenta condiciones de vulnerabilidad, entendida esta como la condición propia de una estructura a ser afectada. “La ciudad es débil desde el punto de vista de la gestión del riesgo, porque tiene condiciones muy específicas: está construida sobre una terraza y rodeada de formaciones geológicas muy particulares”, ilustró Jairo Ovallos, jefe de operaciones de Protección Civil Táchira.

 

Las dos formaciones geológicas más relevantes son la de La Quinta, al este de la capital, reconocible por su coloración rojiza; y la de Colón, situada al oeste, donde se emplazan varias comunidades urbanas como Barrancas y el barrio El Río. Cada una posee un comportamiento distinto frente a la erosión y a las lluvias.

 

La capital es, además, un valle de fuertes pendientes, o áreas de ladera y montaña que ahora han sido deforestadas o intervenidas por el hombre sin planificación, pero que antes eran bosques con frondosos árboles, lo que es igual a mayor capacidad de protección ante las lluvias. En pocas palabras: su equilibro natural fue afectado.

 

Con la colaboración de fuentes oficiales y especializadas, las siguientes son cinco claves que se aproximan al por qué de la emergencia en San Cristóbal.

 

 

1 La ciudad se asienta entre diez quebradas

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No hay que alejarse mucho para encontrar secuelas de lluvia. En la avenida España, a pocos metros de la Redoma San Cristóbal, la quebrada La Esperanza brotó en el patio de dos casas, colapsó una y anegó la otra hasta un metro de altura, la madrugada del 24 de junio. De la puerta para adentro el ambiente  es de paredes arrasadas y de tierra sacudida por la corriente.

San Cristóbal está construida sobre, por lo menos, diez afluentes hídricos: son estos las quebradas La Machirí, La Blanca, La Carora, La Esperanza, La Parada, La Bermeja, La Vichuta, La Carbonera, La Castra y La Chucurí. Abiertas o embauladas parcial o totalmente, pasan cerca o hasta debajo de comercios y viviendas.

Todas nacen en los cerros El Chimborazo, Sendero y Chorro El Indio, todas atraviesan la ciudad y también todas desembocan en el río Torbes, el mayor afluente de la zona metropolitana, explicó Danny Lozada, director de Protección Civil San Cristóbal.

Aunque la más caudalosa suele ser La Bermeja, para Lozada la que más afectaciones generó en junio fue La Parada. Esta se forma entre Piedra del Jurungo y la montaña de Pirineos, justo donde se capta agua potable para el Acueducto Regional del Táchira.

En esa naciente, Protección Civil San Cristóbal identificó en días recientes un gran deslave que obstruyó la captación y, en consecuencia, afectó el suministro de agua potable a la ciudad. En su trayecto, La Parada ha afectado una vivienda en la avenida Ferrero Tamayo y otras más en el barrio La Guaira.

La Carbonera, que nace por Loma de Pío y desciende por la Rotaria, no se queda atrás. Esta quebrada fue la que arrastró sedimentos hasta un punto aparentemente tan distante como Plaza Miranda, de La Concordia, el pasado 25 de junio, afectando a su paso 22 viviendas de la Unidad Vecinal.

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2 Se construye a menos de 80 metros de afluentes

La Ley de Suelos de 1966 normaba que debían respetarse 25 metros desde el margen del afluente hídrico hasta cualquier construcción. La Ley de Aguas vigente desde 2007 no solo extendió a 80 metros el retiro de construcciones que se hicieran a partir de ese año, sino que declaró esos espacios como de utilidad pública. También esta ley fijó en 300 metros la distancia permitida entre las nacientes y las edificaciones.

“El problema es que mucha gente no respeta esto”, confirmó Tania Estupiñán, jefa de la División de Protección Ambiental en la Alcaldía de San Cristóbal, al objetar que tampoco existe una figura jurídica que le dé competencia al poder local para demoler construcciones en sitios prohibidos.

Un recorrido por la ciudad deja ver, entre otros casos, un edificio en construcción al lado de La Bermeja; un conjunto residencial nuevo, cuya pared perimetral coincide con La Carbonera; un comercio que funciona sobre un cajón de La Esperanza o una quinta en Piedra del Jurungo que colapsó por estar situada al lado de su cauce.

En Chorro El Indio, por ordenanza, debería mantenerse un retiro de 100 metros a los lados, sin contar que es un Área Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae). La legislación también prohíbe construir sobre pendientes mayores a 30%. Pero otro recorrido permite verificar que, en varios casos, ni lo primero ni lo segundo se cumple.

“Aparte de que en San Cristóbal tenemos pendientes muy fuertes, el ser humano ha venido afectando sitios donde no se puede construir”, indicó Estupiñán. Los suelos están saturados y, al no tener capacidad de escurrimiento, el peso hace que ocurran deslizamientos.

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3 El mapa de riesgos se traza desde el Torbes

A través de un sistema de información geográfica, Protección Civil Táchira ha desarrollado un mapa de riesgos de la capital. Se trata de una superposición de capas de topografía, geología, vegetación, hidrografía, construcciones y antecedentes. Esto arroja que todas las zonas situadas a los márgenes derecho e izquierdo del río Torbes mantienen riesgo elevado frente a crecidas, como priorizó Jairo Ovallos, jefe de Operaciones de esta institución.

El río atraviesa comunidades bastante ocupadas como Barrancas, barrios El Río, San Sebastián, La Playa, El Paraíso, Andrés Eloy Blanco, López Contreras y Bolivariano. “Lo que siempre está más en riesgo es lo que queda a los márgenes del río Torbes”, coincidió Danny Lozada, director de Protección Civil San Cristóbal. Entre los sectores más vulnerables enumeró, en primer lugar, el barrio El Río; una comunidad rodeada por desprendimientos. De allá son ocho de las por lo menos 36 viviendas anegadas en el municipio capital durante junio.

Otras comunidades vulnerables donde PC Municipal ha reportado colapso de viviendas son Piedra del Jurungo, sector La Vega de Macanillo, Bella Vista, El Hoyo, sector La Horqueta de Zorca y La Hortiza I. “Más de 2.000 viviendas están en riesgo en la capital”, calculó Lozada.

Con o sin antecedentes, todas son zonas con condiciones de riesgo, tanto para inundaciones como para deslizamientos, figuró Ovallos. Lozada apuntó que este es un eje vulnerable por sus suelos arcillosos, tampoco exentos de socavamiento de bases y colapso de árboles.

El mapa de riesgo es extensible a comunidades, incluso más consolidadas que las del Torbes, pero situadas en torno a las quebradas alimentadoras de este río.

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4 Casas viejas e invasiones, las más vulnerables

Por los cuatro costados el municipio San Cristóbal tiene afluentes hídricos, y sobre ellos se levantan tanto construcciones de vieja data, que incumplen las disposiciones vigentes, como invasiones. “En ningún momento la Alcaldía les ha otorgado permiso de ningún tipo, ni de ambiente, ni de variables urbanas, ni mucho menos de construcción, y con el auge de las lluvias vemos cómo están sufriendo deslizamientos”, afirmó Humberto Jaimes, director de Desarrollo Urbano Local de la Alcaldía de San Cristóbal.

Si alguien construye sin permiso y sobre todo violando las variables urbanas, la sanción que corresponde es el doble del valor del avalúo que se haga a toda la construcción que se esté haciendo de más. “Ahorita la construcción está bastante costosa y, por poner un ejemplo, 20 metros cuadrados puede tener de multa 400 mil bolívares”, ejemplificó Julio César Pérez, jefe de la División de Ingeniería Municipal.

Cualquier construcción que únicamente no tenga los permisos es paralizada y se abre un proceso sancionatorio, al tiempo que se da a los constructores la oportunidad de ponerse en regla, con base en la normativa. Si no cumple con esto, vienen las sanciones: van desde multa hasta demolición mediante decisión de tribunal.

Los vecinos que se sientan afectados por alguna construcción que, por ejemplo, desvíe un curso de agua natural o esté sobre un área de máxima pendiente, pueden denunciarlo ante la Oficina de Atención al Ciudadano o la Dirección de Ingeniería de la Alcaldía.

Constructores se quejaron del “largo tiempo” que a veces demora la certificación técnica de los estudios de impacto ambiental en el Ministerio de Ecosocialismo.

 

5 Debido a ondas tropicales cae más agua de lo normal

Se juntó un coctel de factores para que esté lloviendo tanto. Primero, está en desarrollo la temporada de lluvias. Luego, sigue activo el fenómeno de El Niño, que traduce ciertas anomalías en las condiciones del tiempo: relativamente despejado a veces, pero luego llueve y otra vez se mantiene nuboso. Tercero, y no menos importante, la formación de 13 ondas tropicales y el paso sobre Venezuela de 11 de ellas durante junio.

Los factores los expuso Antonio Sánchez, funcionario de Protección Civil. “La continuidad de ondas tropicales ayuda a reforzar la Zona de Convergencia Intertropical”. Pero, ¿qué significa esta cuarta razón, tan repetida en los medios? Se trata de una franja nubosa que atraviesa el país de este a oeste. En sequía permanece al norte de Brasil, pero en invierno se desplaza hacia arriba, hasta la zona norte-costera de Venezuela, y hacia abajo.

Por eso los niveles de precipitación de junio fueron por encima de lo normal, sobre todo en las zonas metropolitana y sur del Táchira, refirió Sánchez. En San Cristóbal el funcionario calculó una referencia histórica de la década de los 90 de alrededor de 140,8 litros de agua de lluvia por cada metro cuadrado de superficie. En el tramo del río Torbes, el mes pasado cayeron sobre San Cristóbal por lo menos 385 litros por metro cuadrado.

En Santo Domingo el promedio histórico del mes de junio, que promedió Sánchez con base en estadísticas oficiales, es de 378 litros de agua de lluvia por metro cuadrado de superficie. Junio de 2015 cerró con alrededor de 800 litros por metro cuadrado; esto es, poco más del doble. En San Vicente de la Revancha, el mes pasado terminó con estimación superior a 400; y el Páramo El Batallón, con más de 220 litros por metro cuadrado.
En San Cristóbal llovió prácticamente todos los días de junio. (Foto/Carlos Eduardo Ramírez)

 

Algunas recomendaciones:

1-El director de Protección Civil San Cristóbal, Danny Lozada, enumeró algunas recomendaciones para mitigar los riesgos:

2-Prever la limpieza de los afluentes desde la cabecera.

Hacer obras de trampa de sedimentos: esto es, grandes cajones con orificios que retienen piedras ante crecidas.

3-Acometer la reposición de tuberías y que estas mantengan el mismo diámetro.

4-Hacer obras de protección hidráulica, como terminar cajones, y de reducción de riesgos, como muros.

5-Implementar sistemas de alerta temprana en los cauces, con líneas para identificar la magnitud de una crecida.

Fuente: Daniel Pabón/La Nación