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El negocio está en la calle
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Las calles y aceras de la ciudad se han convertido en un negocio.

Muchos ven la rentabilidad de establecer actividades comerciales de diversas áreas, entre ellas alimentación, quincallería, automotriz, telefonía, estética.

Cualquier espacio y sitio público sirve para montar un negocio con el cual se lleva el sustento al hogar a pesar de la inseguridad, la incomodidad de armar y desarmar los puestos a diario, el clima y todas las vicisitudes de las cuales son víctimas quienes emprenden una actividad comercial en espacios públicos no destinados para ese fin.

Es por ello que la calle tiene sus ventajas y desventajas. Está en cada persona decidir lo que considera le conviene al emprender un comercio y por lo tanto debe cumplir con las normas establecidas para evitarse sanciones al infringir la ley.

En Iribarren como en otras ciudades existen reglamentos municipales que los trabajadores de la economía informal tienen la obligación de cumplir. Hay dos específicos que son: Ordenanza de Impuesto Sobre Actividades Económicas de Industria, Comercio, Servicios o de Índole Similar, y la Ordenanza para la Regulación y Control de los Bienes de Uso y Dominio Público para el Desarrollo Socioeconómico del Municipio Iribarren.

La primera, sobre los tributos que debe cancelar todo comerciante. La segunda indica los lugares y medidas permitidas para establecer sus puestos en función de ordenar los espacios en la ciudad.

En vista de la situación actual del país cada día aumenta el número de personas para las cuales la calle es un negocio, con el fin de obtener ingresos económicos.

Algunos tienen empleos fijos pero buscan una entrada adicional, otros al perder su estabilidad deciden probar la calle como medio de vida, ya que se corre la voz de la rentabilidad del negocio.

La diferencia es que estos comerciantes no disfrutan de beneficios como vacaciones, prestaciones sociales, aguinaldos, pólizas de salud, al menos que estos la paguen particularmente, resultando un beneficio más costoso.

Durante años gobernantes han prometido la construcción de locales y kioscos para la reubicación de trabajadores informales, dándoles estabilidad y comodidad, pero algunos proyectos sólo han quedado en promesas, por lo que la informalidad se mantiene y aumenta mientras las políticas de Estado no fomentan la generación de puestos de trabajo mediante la creación de nuevas empresas de producción, bienes y servicios.

Sólo queda la esperanza de estos emprendedores de crecer con su esfuerzo y de esa forma mejorar su calidad de vida.

FUENTE: JOSE BORRERO – EL IMPULSO