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Eveling Trejo: “Le pedí a Manuel que no volviera”
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El retorno anunciado por el exgobernador del Zulia a Maracaibo el próximo jueves, despierta sentimientos encontrados de temor y alegría entre los miembros de su familia

El anuncio del retorno de Manuel Rosales a Venezuela dejó una estela de sentimientos encontrados en casa de los Rosales-Trejo. Es una sensación rara. Por un lado, su esposa y sus hijos están felices por tener de nuevo a papá en casa, después de seis años en el exilio, pero por el otro, ninguno puede ocultar el miedo que les supone la decisión del exgobernador del Zulia de enfrentarse al Gobierno nacional una vez demostrado que su caso es de persecución política.

Eveling Trejo, alcaldesa de Maracaibo, le abrió las puertas de su casa a La Verdad para compartir todos sus temores, los mismos que hace una semana la llevaron a Panamá para intentar convencer a su esposo de que cambiara de decisión. “Le pedí a Manuel que no volviera”, confesó la dirigente, quien habló en esta entrevista no como la primera autoridad del municipio sino como la madre de 10 hijos que le angustia que su marido corra con la misma suerte que otros presos políticos.

Ayer, en plena celebración de su cumpleaños, Trejo recordó lo difícil que ha sido para ella levantar su hogar sin la figura paterna en casa. Reconoció que ha pensado en más de una ocasión dejar todo a un lado e irse a vivir con su esposo en el exilio. Espera, ante todo, que la verdad triunfe en el caso Manuel Rosales, a quien espera ver a finales de octubre en la bajada de la “Chinita”.

– ¿Cuál es el mejor regalo que le puede dar su esposo en su cumpleaños?

– Estar con nosotros.

– ¿Recuerda la última vez que Manuel estuvo aquí en Maracaibo?

– Recuerdo la última vez que hablamos. Entre familia conversábamos lo bonito que era compartir con todos y lo difícil que era dejar la residencia oficial. Fue la época que Manuel salía de la Gobernación para ser alcalde. Pero nada de eso pudo darse. No ha podido disfrutar ni de este espacio ni de sus hijos desde hace casi siete años. Alejandrita ha crecido (la hija menor de Rosales), los muchachos se han graduado y así han pasado tantas cosas.

– ¿Cómo se vive el exilio en esta casa?

– El exilio duerme en este hogar, en mi habitación. Pero ya lo vamos a abandonar. Llegó el fin del exilio.

-¿Qué le dijo a Manuel cuando se encontraron en Panamá la semana pasada?

– Les voy a confesar algo de mi familia. Yo fui a pedirle a Manuel que no volviera y no me permitió ni siquiera que se lo planteara. Simplemente habló con Alejandrita y ella, en su inocencia, le dijo: ‘papi, mami va a renunciar a la Alcaldía, te vas a quedar con nosotros y voy a estudiar en un colegio aquí’. En ningún momento me dio espacio ni oportunidad para que le planteara esa posibilidad y cambiará una decisión que ha tomado y construido. Esto no es de ahorita, Manuel viene trabajando desde hace mucho tiempo, él no se ha separado de su país. Coordina, da ideas, estrategias, sigue allí preocupado por lo que está pasando. Esa avalancha de jóvenes que se están yendo lo tienen trastocado y fue lo que lo movió más para acelerar su regreso. Yo le planteé que esperara las elecciones, pero me dijo que no.

– ¿No está de acuerdo con el regreso de Manuel?

– Tengo sentimientos encontrados. Respiro hondo para responder con claridad, pero, realmente, mentiría si digo que estoy de acuerdo totalmente. Imposible estarlo cuando sabemos que en el país donde vivimos todo está al revés, donde la justicia está secuestrada, los inocentes están presos y los delincuentes en la calle. Aquí la justicia no es justa. Debo confesarte que tengo miedo. Es muy duro. Son sentimientos encontrados entre la emoción de tener a Manuel de vuelta, con sus hijos, y el miedo de lo que pueda suceder, pero ya no se trata de nosotros como familia, se trata de algo más importante, de Venezuela. Viene con la verdad en la mano. Él es un perseguido político, que se fue cuando se filtró una sentencia que decía que lo iban a llevar a La Planta sin juzgarlo. Cuando la gente dice que Manuel es un prófugo de la justicia, miente. Eso lo dice el Gobierno, sus enemigos. Y no porque lo esté diciendo yo. El tribunal de la Interpol comprobó que él era un perseguido político del Gobierno.

– ¿Qué tan difícil fue para usted levantar su familia sin su esposo al lado?

– Me convertí en madre y padre. Lo más duro es ver a mis hijos crecer, sobre todo a esta chiquitica –señaló a Alejandrita- rezando el padre nuestro conmigo todas las noches y viendo cómo me convierto en la mala de la película para tener el control de mis hijos, porque aunque tú seas la alcaldesa y tengas seguridad, tus hijos corren peligro. Educar a tus hijos no es fácil cuando no tienes a un padre que hable con ellos. Ver que el “bebito” (uno de los hijos de Manuel) obtuvo su título y que su papá no pudo estar, me duele mucho; que se rompió la tibia y el peroné y que lo primero que gritó fue ‘papi ven ayudarme y sácame de aquí’, me parte el alma. Tener que suspender la comunión de Alejandrita porque Manuel no está, me llena de mucho sentimiento. Pero no me da pena decir que eso te hace crecer, que a la familia no la separan ni los kilómetros ni la política ni la calumnia ni la maldad. Lo que me asusta es lo que pueda venir mañana, pero estoy preparada porque Dios me llena de fuerza.

– ¿Está al tanto de que su esposo puede ir preso?

– La mentira tiene patas cortas y tarde o temprano siempre sale a relucir la verdad. Si tú tienes un juicio amañado, viciado, si tú no tienes un testigo, no puede haber juicio. El Gobierno tendrá que explicarle claramente al mundo, a su familia, de qué van a acusar a Manuel para meterlo preso. Cuando hablo con mis hijos soy positiva y sé que las cosas saldrán bien. Es cierto que hay otra verdad, que otra cosa puede suceder y también lo he hablado con ellos.

– ¿Se ve en el papel de Lilian Tintori?

– Me veo en muchos lugares, pero estaré en el sitio que Dios me tenga, estoy preparada para todo.

– ¿Se planteó en algún momento irse con Manuel?

– Lo he hecho muchas veces. Pero Manuel siempre tomó sus decisiones y dijo que el momento de volver llegaría. Yo siento que es un buen momento y que el escenario está dado para que Rosales, como un líder que es, venga a ayudar a reconstruir este país.

– ¿Llegó a recibir alguna llamada de Manuel en la que se quebrara por su situación?

– Tengo que confesar que Manuel es duro, muy duro. Lo digo con sentimiento, Manuel ha sido el roble de esta familia. Cuando pienso que me voy a caer, me dice levántate, sacúdete y continúa. Nos llena de fuerza a todos en esta casa. Él me hizo mujer, madre de 10 hijos y me enseñó muchas cosas de política, me hizo crecer como persona.

– ¿Y a secarse las lágrimas?

– Me enseñó a llorar sin vergüenza y a no sentir dolor cuando me descalificaban. Me enseñó a sonreír y a llorar cuando hay alegría. La vida me ha enseñado con esto que estamos viviendo que Dios es muy grande y que hay que ser humilde y paciente. He esperado casi siete años a que Manuel regrese a mi casa, sabiendo sin egoísmos de que no regresa solo por mí sino que viene por su pueblo, porque la gente lo quiere. Ayer (el jueves) me di cuenta en la concentración que no se necesita un micrófono para hablar, la gente fue a la actividad por Manuel, para apoyarlo y solidarizarse con él, porque él ayudó a todos sin distinciones.

– ¿Qué le va a cocinar a Manuel cuando regrese?

– La gente tiene una opinión equivocada de mí. Eveling sabe cocinar. Soy una excelente ama de casa.

¿Qué tal cocino?, le preguntó a sus hijos. “Excelente”, respondieron.

Hago unas arepas y un asado al horno con vino. A Manuel le gustan las arepas y la carne. Él es carnívoro. Tú sabes que es productor, es un hombre de sembrar tierra, de levantar ganado, por eso le gusta tanto la carne. Él no cocina. Pero es un excelente anfitrión. Lo que sabe hacer es parrilla. Es muy familiar, un excelente padre, un excelente hijo y hermano.

– ¿Se han planteado que algunos de sus hijos incursionen en la política?

– No, no lo hemos planteado. No los vemos en este mundo y creo que le doy gracias a Dios. La política es un arte hermosa, pero también es dura.

– Rosales se separó de su familia por la “persecusión” del Gobierno en su contra, ¿perdona el daño que le hicieron a su familia?

– Al ser gobernante tienes que perdonar muchas cosas, porque no puedes tener sentimientos malos, que te dañen el corazón. Hace mucho tiempo perdoné a alguien que le hizo mucho daño a mi familia, que mejor no menciono. Lo perdoné hace muchos años, cuando me hizo llorar mucho. Más que perdonar yo, es Manuel el que tiene que perdonarlos.

– ¿Cómo se imagina el 15 de octubre?

– Estoy en ascuas, tengo miedo, mucho temor, hay muchas expectativas, pero soy devota de la Chinita, de la Milagrosa.

El rosario de los Rosales

Evelin Trejo, alcaldesa de Maracaibo, relató a La Verdad la historia de un rosario de oro que una mujer desconocida le regaló en una caminata para que rezara por su esposo. “Me dijo: ‘es de mi madre, ella me lo dio y yo te lo doy a ti para que reces por Manuel’. Yo se lo llevé a él. Estuvo un tiempo en Perú, un tiempo en Panamá y luego me lo traje. Quiero saber quién es esa persona, pero aunque he ubicarla no he podido. Lo único que sé es que Dios tiene algo que ver con esto y se lo devolveré a su dueña cuando Manuel regrese”.

La oración de la hermana Francisca

Eveling Trejo rememoró la tarde en la que tuvo la oportunidad de rezar con una santa para implorar que se resolviera la situación de su esposo. “Aquí me arrodillé yo con la Hermana Francisca de Los Ángeles. Ella, a pesar de sus noventa y pico de años, se arrodilló conmigo y me dijo que rezara todas las tardes esta oración: “Jesús de la misericordia, cúbreme con tu sangre preciosa y hazme invisible ante las maldades y las fuerzas del mal”.

Sus hijos

Manuel Rosales: Mi opinión, como parte de la familia, es que no venga, porque no estamos en un país donde se respetan los derechos. Pero no puedo ser egoísta, porque no solamente soy yo, muchas personas lo necesitamos para poder construir el país que deseamos.

Marebeth Rosales: Estamos súper felices de que vuelva. Recuerda que no es fácil tener a un hombre inocente lejos de su familia por un asunto político. No tengo miedo porque a un inocente no le pueden hacer nada. Menos si se tienen las pruebas.

Marenel Rosales: En 2009 él había decidido quedarse y nosotros como familia le dijimos que no, que él podía hacer más desde afuera para comprobar su inocencia. El tiempo demostró que hemos sido estafados como venezolanos y nos ha dado la razón.

FUENTE: UNT