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Expectativa y calma marcaron el primer día del cierre por Paraguachón
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Aunque el paso fronterizo entre Venezuela y Colombia por Paraguachón estuvo totalmente restringido, incluso para los wayuu, en el primer día del decreto de estado de excepción en los municipios zulianos de  Mara, Guajira y Almirante Padilla, las llamadas “trochas” o “caminos verdes”  fueron ‘el escape’ tanto para colombianos y venezolanos que quisieron atravesar los límites entre ambas naciones.

 

La expectativa y la calma reinaron en todo momento. No se registró alteración del orden público ni resistencia ante el cierre. Desde que  se anunció  la medida  a las 11:20 de la noche del pasado lunes, funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana dispusieron de dos cordones militares. La primera barricada está ubicada en el Punto de control fronterizo de Paraguachón y el segundo, a cien metros, al margen de la icónica “V”  que hace una línea imaginaria entre los dos países.

 

Los wayuu tampoco pudieron atravesar la frontera, pese a la orden presidencial que hacía referencia  al  libre tránsito.

 

“Los guajiros no tienen frontera. Yo cumplo mi tratamiento médico en Maicao y no pude trasladarme, conocí la noticia del cierre cuando llegué a Guarero”, expresó, ayer,  María Antonia Palmar.

 

La Troncal del Caribe lució desolada, en la mañana,  desde Puerto Caballo (Maracaibo) hasta Paraguachón (Guajira). En horas de la tarde, se registró poca afluencia de vehículos livianos y escasa de camiones.
El puente sobre el Río Limón fue el primer “filtro” de la GNB, allí los funcionarios regresaban a las personas que tenían como destino final la frontera.

 

Quienes llegaban a Paraguachón con la intención de atravesar se devolvían al agotar todos los “intentos”  legales por cruzar. Sin embargo, los más osados “contrataban” los servicios de motorizados o carritos por puestos que los llevaran hasta Colombia por trochas.

 

A  200 metros de distancia del punto de control de la GNB está “La Cortica”, un río seco convertido en “camino verde” lleno de monte. Solo a pie se podía atravesarlo sin pagar y el recorrido dura alrededor de  50 minutos.

 

Para pasarlo en moto hay que pagarle 1.000 bolívares a los motaxistas o 3.000 por cada puesto,  a los choferes de los carritos apostados en una especie de terminal improvisado en una enramada.

 

Los conductores dicen que cobran tanto “porque por pasar en moto o vehículo hay que pagar entre 50 a 200 bolívares por cada ‘guaya’ que se pase”.

 

“Las guayas” son mecates en el suelo alzados por niños, adolescentes y adultos para bloquear el paso.
Jenifer González es una venezolana que decidió cruzar “La Cortica” junto a su hija, de 17 años,  quien usa muletas debido a una fractura de fémur.

 

“Hace ocho años, a mi hija la atropelló un carro y todos sus estudios médicos los hace en Maicao. La única forma de poder ir es por la trocha y a pie para no pagar”, comentó.

 

Dos autobuses con pasajeros colombianos y dos de turistas ecuatorianos estuvieron varados 12  horas hasta que les permitieron un “puente humanitario” para poder atravesar la frontera.

 

Los más de 120 extranjeros llegaron al punto de control a las 2:00 de la madrugada y   fue a las 2:40 de la tarde  cuando se les permitió el tránsito.
 

Rebeca Avemañán es una ecuatoriana que se devolvía a su país desde Caracas junto  a sus dos hijos menores. “Gracias a Dios nos brindaron asistencia e hidratación en todas las horas que estuvimos esperando”, dijo.

 

En La Raya había una comisión de la Cruz Roja, Saime y Sebin.

 

La venta de gasolina ilícita por “garrafas” y “pimpinitas”  no se observó. Aquel contrabando desmedido “a cielo abierto” que se extendía en   la Troncal del Caribe, se escondió, al menos  este martes.

 

 

Con Información de: Panorama Otto Rojas