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Los servidores de María, un ‘Ejército de paz’ de la Chiquinquirá
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Son más de 800 los Servidores que cuidan, veneran y acompañan a la Chinita. Se convirtieron en  los pies de la Patrona del Zulia ante su pueblo.

Promesas familiares, favores concedidos, acción de gracia y devoción innata impulsan a hombres de diferentes sectores de Maracaibo, y del Zulia,  a querer ser parte de la Sociedad Religiosa  Servidores de María.

 
Vestidos de blanco puro,    llevan sobre sus hombros la Reliquia Sagrada de la Chiquinquirá, a quien acompañan, veneran y custodian desde el 6 de diciembre de 1901,  cuando  el presbítero Antonio María Soto reunió a un grupo de   jóvenes para constituir luego de la procesión de la Aurora una congregación  cuyo objetivo se centrara  en la  importante misión de cargar en hombros  la preciada Tablita  y pasearla por las calles cercanas a la iglesia.

 
Albañiles, pulperos y plataneros figuraron entre sus primeros integrantes. Los socios vistieron primero trajes color beige y  a mediados del siglo pasado cambiaron su vestimenta por el impecable liquiliqui blanco.

Con el pasar de los años este “ejército de la paz’ se ha convertido en los pies de la Chinita ante su pueblo.

 
Son tareas propias de cada servidor  venerar a la Madre de Dios,   propagar la devoción mariana y asistir a las reuniones convocadas por la Sociedad.

 
El presidente de estos queridos guardianes de la Patrona zuliana, Jorge Vílchez, destaca que el servicio a la Chinita  es una manera humilde de agradecer a María  su amor.
“Tenerla cerca es sublime. Se acelera  el corazón, late fuerte  de puro amor y la tonelada que llevamos     —que incluye el peso del trono, el Relicario, la corona, los arreglos florales y mesón— pasa a ser  como una nube liviana.   Y lo único que sentimos es cómo se hincha el corazón de orgullo por poder   llevarla con su gente, esa que la clama, que le canta, que le ora”, destaca Vílchez.

“Definitivamente, quien llega a esta Iglesia, de corazón, con fervor y fe encuentra paz y cambia. Estoy feliz de ser servidor de María, de llevar en mi hombro a mi Chinita amada. Cada vez que piso su Basílica  es una bendición para mi vida. Sé que  Ella me bendice”, dice  el servidor Gerardo Rincón.

 

Con Información de: Panorama / Mariana Tello Pirela