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Una red de complicidades mantiene vivo el bachaqueo
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“Hay multiplicidad de complicidades para que se dé lo que conocemos como bachaqueo. Hay complicidades por dejar que las cosas pasen, por no involucrarse en una solución real. El Estado tendría que estar muy por encima del problema y lo que vemos es que no se aplican medidas eficientes y la situación continúa”, afirma Roberto León Parilli, presidente de la Asociación Nacional de Usuarios y Consumidores.

POR: JOSÉ GREGORIO MEZA  /  El Nacional
JGMEZA@EL-NACIONAL.COM

Para la diputada Nora Bracho hay complicidad del gobierno en el bachaqueo. “Esto tiene mafias estructuradas que conocen las autoridades y no las atacan”.

Muestra preocupación porque se institucionalizó la ilegalidad producto de la crisis que viven los venezolanos. “Los bachaqueros se derivan de las medidas económicas implementadas. La escasez y el desabastecimiento son la clara muestra de la destrucción del aparato productivo”.

Parilli añade que la causa principal del bachaqueo es la depresión del mercado, lo que origina el desabastecimiento. “Eso genera un espacio que ha sido ocupado por otros actores que aprovechan la brecha entre el precio de los productos regulados y lo que realmente cuestan en la calle”.

Cree, además, que el gobierno no tiene interés en arreglar la crisis alimentaria. “No se sanciona al infractor sino al consumidor. Quien no consigue los productos tiene además que ingeniárselas para poder comprar. A la gente se le restringen cada vez más sus derechos con controles que son ineficientes”.

Vida de bachaquera 

Para María Pérez el día comienza a las 2:00 am. Sale con otras mujeres a recorrer supermercados y farmacias. Bachaquear, como se le llama a esta práctica, se convirtió en su forma de enfrentar la crisis. “Unos bachaquean para vender, otros bachaqueamos para llevar a la casa; de eso comemos”. Asegura que si no fuese por la ayuda de algunos de los que trabajan en los comercios ya no podría comprar alimentos.

Se entera de la llegada de los productos por mensajes a su celular. Los empleados le avisan. Son 15 mujeres que se apoyan. Salen de madrugada. Cuando llega la mercancía se llaman. “Nos hemos hecho amigos en los comercios y ellos nos dan el dato. El otro día, en un supermercado, le dimos dinero a la muchacha que controlaba las colas y nos dejó pasar. Eso ocurre muy seguido”.

Afirma que hay bachaqueros con grupos de más de 50 personas a los que les pagan solo por sacar productos de primera necesidad. Indica que buena parte de los funcionarios de seguridad no cuidan en las colas. “En la madrugada no los ves ni de casualidad. Ni la GNB aparece, a menos que hagan un operativo”. Señala a algunos policías como bachaqueros. “Consiguen más que uno porque los dejan pasar sin colas ni nada. Los gerentes no se meten con ellos para evitarse problemas”.
Según Pérez los controles no sirven. “Pasamos con un montón de cédulas. Con las captahuellas hacen ver que uno pone el dedo, pero nada”. La escasez cada vez más acentuada y la violencia hacen que se complique la compra. “Alcanza cada vez menos. En las colas hay quienes se colean y se meten a lo bravo. Como andan armados, uno no les dice nada”.

Considera que los precios son una locura. “El arroz se revende a 800 bolívares el kilo, el jabón en polvo de 2,7 kilos entre 2.000 y 2.500; la leche anda por 1.500 bolívares y un kilo de pasta, dependiendo de la marca, está en 500 o 600 bolívares. Un jabón se vende a 500 bolívares y un desodorante a 1.500. Los precios al mayor son peores. El otro día mis muchachos compraron un bulto de pañales a 8.000 bolívares. La caja de champú la puedes revender hasta en 10.000”.

Hay que levantarse bien temprano

En Sabana Grande supermercados y farmacias madrugan para proveer a sus clientes. En uno, el vigilante señala que para poder conseguir productos de primera necesidad hay que ir temprano. “Ya a las 6:30 de la mañana no queda nada. Los bachaqueros se llevan todo”.

A las 9:00 am está más tranquilo. “¡Qué más me gustaría decirte que hay, mamita, pero no tengo nada de eso!”, le indica la dependienta a una anciana desesperada. Sus manos torpes se mueven con dos cajas vacías. “¿Qué hago entonces?, recomiéndame algo para la tensión”, le suplica. “Eso solo te lo puede recetar un cardiólogo”, afirma la vendedora.

Un motorizado cruza miradas con quien atiende detrás del mostrador. “No tengo nada”, grita la joven, y lo mira de soslayo. El muchacho se retira. Se cruza con una policía que lleva una bolsa en sus manos: tiene jabón líquido para lavar, tres jabones y un frasco de champú. Aunque llegó tarde alguien del comercio se lo guardó. Solo hace la cola para pagar en la caja.

Cerca de La Previsora en unos banquitos se sienta un grupo de bachaqueros. A sus pies reposan bolsas con productos regulados. Para disimular la mercancía utilizan morrales deshilachados, rotos, desteñidos por el uso.

Más abajo, a cinco cuadras, está el Abasto Bicentenario de Plaza Venezuela. Inaugurado por Hugo Chávez el 8 de agosto de 2012 es apenas una caricatura de lo que fue. De las estanterías llenas no queda casi nada. Tampoco de los electrodomésticos. No hay leche Los Andes ni arroz, ni aceite Diana ni harina de maíz Venezuela. Tampoco salsa de tomate ni leche condensada.

En Centro Parque Caracas, aledaño a la estación del Metro de Bellas Artes, se forman al menos dos colas a diario: una, para quienes van a las farmacias, y otra, encabezada por mototaxistas que agrupa a los del supermercado. Por ahorro eléctrico los centros comerciales abren ahora al mediodía y eso modificó la rutina. “Pónganse en orden de llegada, que nadie se colee”, dice a las 11:00 am una jovencita que no aparenta más de 25 años de edad. “A las 11:15 am sale un señor y nos dice lo que van a sacar”.

Todos los miércoles la muchacha hace su cola. Dice que siempre sacan pañales y que la última semana tenían champú para bebés. Otras dos jovencitas se acercan. Visten con licras, franelas y zapatos de goma. Llevan su morral a la espalda. No aparentan más de 20 años de edad. Ya a esa hora han recorrido varios locales. Estuvieron temprano en La Castellana y en la Alta Florida. Se movilizan en moto.

En los alrededores algunos buhoneros tímidamente muestran los productos comprados a los bachaqueros: toallas húmedas, jabón de lavar y desinfectante. “Aproveche la ganga, 70 toallitas por 400 bolívares”. A un paso de la estación del Metro venden chocolate Savoy. Está a 400 bolívares la barra grande, incluso más barata que en cualquier supermercado.

El Datos

Los antecedentes

En Zulia el término bachaqueo se relacionó con el contrabando de combustible hacia Colombia. A partir de enero de 2013 se extendió a alimentos y medicinas. El presidente Nicolás Maduro lo utilizó por primera vez el 12 de junio de 2013 en El Vigía: “Llamo a la conciencia de los llamados bachaqueros, si les queda conciencia. Esa actividad que hacen le hace daño a todo el Zulia, a sus propias familias. En una revolución no puede existir el bachaqueo”.

Operativos

* La Alcaldía de Sucre adelanta un plan de reordenamiento de la redoma de Petare, lugar donde se agudiza el comercio informal por la poca coordinación de esfuerzos con la GNB y la Policía Nacional Bolivariana. Carmen Caraballo, directora de Desarrollo Económico, hizo un exhorto al gobierno para adelantar acciones conjuntas que frenen de una vez por todas el bachaqueo.

* En Chacao la Policía Municipal implementó operativos nocturnos para desalojar a los bachaqueros, a solicitud de los vecinos preocupados. “En La Castellana y también en Los Palos Grandes empezaron a pernoctar grupos”, señaló Gustavo Duque Sáez, concejal y director de Justicia Municipal de la alcaldía.

* Daniel Aponte, jefe de Gobierno de Distrito Capital, indicó que el sábado 2 de abril iniciaron un plan especial contra el bachaqueo. A su juicio, son grupos pequeños, pero con mucho poder económico. Explicó que le meten lupa a la red privada y pública, y también opina que hay complicidad de los empresarios.