Reporte 33
“Ante la crisis, en vez de sentarnos a llorar nos reinventamos”
Reporte 33

Sofía Torres – @soficarol21

Crema Paraíso nació en 1951 con la venta de helados –disponía de unas pequeñas máquinas- en una quinta en la urbanización El Paraíso, de allí su nombre.  Tras 66 años de trayectoria, marcada por el trabajo, la dedicación y la esperanza, la emblemática marca se conserva como un negocio familiar.

Adalberto Katz fue el artífice de esta idea hoy materializada en una empresa productora de alimentos, que surte a los concesionarios independientes Crema Paraíso, y a Food Service (establecimientos de comida). También fabrica productos de consumo masivo, entre ellos la famosa base natural de limón azucarada, Kindy, y con edulcorante, Kindy Light. Forma parte de su gama de insumos la crema chantilly Topping, crema para cocinar Coci Crème, salsa alemana y sirope de chocolate.

Cuenta la hija del fundador, Anita Katz, que Crema Paraíso decidió desarrollar el concepto de franquicia y en  2014 abrió el primer establecimiento bajo esta modalidad, en un centro comercial de Caracas. Ella alega que este proyecto brinda oportunidades a quienes por primera vez quieren llevar adelante un emprendimiento y “echarle pichón”.

Insiste en que la situación del país no es una excusa admisible, porque siempre hay alternativas, y frente a las crisis en vez de sentarse a llorar hay que reinventarse. En ese sentido evoca el dicho popular, si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada. “Y nosotros hacemos una muy rica”, agrega en referencia a uno de sus productos más comerciales.

Un sobreviviente portador de optimismo

Relata Anita Katz que su padre era panadero de profesión, aprendió el oficio en Checoslovaquia, y que desde muy joven se dio cuenta que la comida es una salvación, no solo para el que necesita comer sino para todo el que está involucrado en el mundo de la alimentación.

Revela que el señor Adalberto Katz fue un sobreviviente del Holocausto y esa experiencia fue determinante en su actitud frente a la vida y sus circunstancias, “es por eso que el espíritu de supervivencia es inherente a Crema Paraíso”.

Todo comenzó con una pequeña tienda de helados en El Paraíso, luego se abrió una en Santa Mónica, después en San Bernandino y la de Bello Monte. Mi padre estuvo fuera del país por 14 años, montó empresas de alimentos en Perú, México y España. Regresó a Venezuela en el año 1973 con mi mamá, ahora con mi hermano y conmigo, y en ese momento le da un empuje al negocio con una fábrica (que existió desde el tercera tienda) para producir los insumos para los establecimientos.

A partir del año 75 crecen las tiendas bajo la figura de concesionarios independientes, con personas que deseaban tener su heladería, entonces la fábrica les vendía los insumos y tenían derecho al uso de la marca. A finales de los 80 hubo 26 tiendas en la Gran Caracas –la mayoría-, Maracay, Valencia y Caraballeda. Algunas cerraron en la década del 90.

Mi padre quedó solo con la fábrica y se impulsaron en la planta otros productos, como la crema chantilly la base para limonada, que se desarrolló como producto de consumo masivo. No solamente fue producir helado e insumos para los concesionarios.

 “Un reto chévere”

Esta crisis actual que enfrentan todas las empresas venezolanas, no es la primera que afronta Crema Paraíso, confiesa Katz, quien sostiene que para ella sí es la primera,  desde que asumió las riendas de la empresa. Recuerda que cuando su padre retornó a Venezuela lo hizo con la determinación de construir una fábrica más grande en San Martín, con su respectiva visión de crecimiento,  y le agarró el viernes negro y casi pierde el edificio.

En toda crisis están los que lloran y están los que hacen pañuelos, entonces queremos hacer los pañuelos. Hemos sorteado la escasez de insumos, la inflación, sobre todo el tema del recurso humano, muy crítico hoy en día.  El negocio se ha visto afectado desde hace tres años y en este último, ha caído la demanda, por tanto las ventas, porque el poder adquisitivo ha disminuido. Pero en vez de sentarse a llorar, estamos reinventándonos, diseñando nuevos formatos y buscando nuevos canales.

En medio de esta coyuntura, difícil para todo el mundo, lanzamos nuestro concepto de franquicia. Hicimos nuestra investigación de branding e iniciamos con un local en 2014, situado en un centro comercial de Caracas: un centro de postre, con nuestros productos y bajo nuestra supervisión.

Estamos seguros de que las franquicias serán un éxito pero hemos llevado el proceso con calma por temor a que la fábrica no pueda atender la demanda de estos  establecimientos.

Con las crisis hay que ponerse creativo, si no les alcanza para comprar el litro de base natural de limón, sacaremos una presentación de 300 cc. Estamos haciendo lo posible para que siga el consumo. Si la gente saca la cuenta, un litro de concentrado de limón rinde para 8 o 9 litros de limonada, si lo comparas con un litro de jugo ya listo, o refresco, resulta mucho más económico. 

Pasamos las mismas dificultades que pasan todas las empresas, la escasez para conseguir los insumos y la inflación, porque el ciclo de cobranza tiene que ser muy rápido, de lo contrario, no puedes tener el dinero para reponer el inventario. El sistema cambiario no nos ha afectado porque por suerte adquirimos toda nuestra materia prima en el país, no dependemos de importaciones. Los limones, por ejemplo, se los compramos directamente a los agricultores.

“Lo más importante es mantener a la gente motivada”

Katz asegura que su papá siempre creyó en Venezuela y tienen una estructura bien instalada. Señala que él falleció en el 2008 y le tocó decidir qué hacer con la fábrica, que representaba el patrimonio familiar y el trabajo de toda una vida de su progenitor. Lo califica como un momento decisivo, tuvo que aprender de cero y ahora está de lleno con la empresa.

Katz es educadora, se dedicaba a la producción infantil, hizo Juana La Iguana para un programa de televisión,  y explica que de alguna manera ha trasladado ese ejercicio educativo a otra plataforma. Por su profesión y confianza en el aprendizaje y desarrollo de la gente, dice, se concentró en lo más importante de la organización, las personas y los valores.

Empecé una labor de reingeniería y modernización, no he logrado contratar al ejército que haga lo que  mi papá hacía solo. Él era el departamento de sistema, mercadeo, desarrollo de productos. Cuando ya no estaba, tuve que conformar un equipo, modernizar la planta, la estructura organizacional, hacer un trabajo de carpintería. Implementé un proceso de automatización , modernización y especialmente, inversión en el recurso humano.

Creo que lo importante es mantener a la gente motivada pese a lo que perciba a su alrededor. Converso con todos nuestros trabajadores y les digo que Crema Paraíso tiene que ser un oasis. No solamente producimos base para limonada y helados, producimos un momento de felicidad para los clientes, y nuestros empleados deben sentirse parte de esa alegría.

Hemos tratado de estimular y conservar el recurso humano y el talento que nos ha costado formar internamente. Sí vivimos momentos difíciles, pero hay soluciones. No me gusta la excusa de la situación país, todo tiene una alternativa. No es que estamos despegados de la realidad, ni eufóricos, simplemente hay que seguir.