Reporte 33
Diagnóstico sobre Venezuela
Reporte 33

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. La debilidad política del presidente Nicolás Maduro y la crisis institucional por la que atraviesa Venezuela no hacen sino retrasar sine die la aplicación del programa de ajuste para superar la crisis económica que arrastra el país. Una crisis marcada por la caída del PIB, una inflación de tres dígitos y el creciente desabastecimiento.

El régimen chavista lleva un quinquenio de retraso a la hora de poner orden en la economía. Primero por al enfermedad de Chávez (2011), después por las elecciones presidenciales de octubre de 2012, luego por la muerte del líder bolivariano y las nuevas elecciones presidenciales (2013) y en 2014 por la oleada de protestas opositoras.

En 2015 el régimen optó por medidas paliativas antes de por llevar a cabo un ajuste en toda regla porque había elecciones legislativas. Y mientras eso ocurría, la economía no ha dejado sino de dar señales de decadencia: desde que en 2006 el país creció al 9,4% la ralentización (2007, 2008) y la crisis (2009, 2010, 2014 y 2015) se han ido sucediendo.

El régimen de Nicolás Maduro parece tener un solo objetivo: sobrevivir a 2016 y llegar vivo a enero de 2017. Para ello es necesario retrasar el referéndum revocatorio y evitar que fructifique el diálogo entre el gobierno y la oposición. Fundamentalmente porque el chavismo sabe que saldría derrotado de las urnas.

Esta es la teoría (que Maduro solo busca sobrevivir a 2016), es la que sostiene uno de los más agudos analistas venezolanos, Luis V. León: “Este dilema entre la guerra y la negociación se complica aún más si le agregamos una tercera opción. La posibilidad de que los pros y los contras fracturen y dividan irremediablemente a la oposición, con lo que ninguna de las dos fuerzas pueda cumplir exitosamente su objetivo y en el camino se colee una posibilidad que mi esposa, mis amigos y algunos colegas serios, pero con gusto reciente por las apuestas, ven como imposible: que no pase nada y que simplemente el gobierno surfee, con crisis y todo, con violaciones y todo, con rechazo internacional y todo, hasta el año que viene o más, sin negociar ni pelear”.

La actual situación

Maduro, desde que asumió la presidencia en 2013, ha insistido en la tesis de que la crisis se explica porque existe una “guerra económica” y ha eludido aplicar medidas de ajuste y reforma como las propuestas en 2014 por Rafael Ramírez, quien acabó saliendo del gobierno.

“Somos de la opinión que Maduro considera arriesgado, en la situación actual, realizar un ajuste profundo en la economía: primero, su nivel de popularidad es bajo (el peor desempeño en la historia del chavismo). Segundo, el liderazgo dentro de la coalición de gobierno también es limitado. Tercero, no tiene capacidad de tender puentes con la oposición en estos momentos para darle soporte a las medidas. Cuarto, el apoyo internacional también se ha reducido y, por último, en pocos meses tiene un proceso electoral enfrente. En esta situación, lo que el chavismo mejor sabe hacer es surfear la crisis, implementar medidas aisladas, radicalizar el discurso (guerra económica y peleas con los países vecinos) junto con un eficiente aparato de propaganda”, apunta el analista Asdrúbal Oliveros.

El no combatir como se debía a la inflación ha provocado que el país sufra ahora un proceso hiperinflacionario. Según el FMI, la inflación de Venezuela será de 481,5% en 2016, frente al 121,7% de 2015. Y aumentará en 2017 si sigue esta senda y subirá hasta un 1.642,8%, de promedio, y de 2.200 de proyección anual.

Venezuela lleva soportando una inflación de dos dígitos desde antes de la llegada de Hugo Chávez al poder y de más del 20% desde 2007. Tras superar el 27% en 2011 y el 20% en 2012, en 2013 dio un salto cualitativo hasta superar el 56%. En 2015 atravesó la línea del 100%.
Venezuela lleva sin lograr contener la inflación desde los años 90.

Desde hace una década Venezuela marca el índice de inflación más alto de América latina. Se ha convertido ya en un problema estructural para la economía venezolana pues lleva soportando una inflación de dos dígitos desde antes de la llegada de Hugo Chávez al poder y de más del 20% desde 2007. Tras superar el 27% en 2011 y el 20% en 2012, en 2013 dio un salto cualitativo hasta superar el 56%. En 2015 atravesó la línea del 100%.

El Fondo Monetario Internacional pronosticó para este 2016 una contracción de 8% para Venezuela (6% en octubre pasado) y no ve cambios significativos en la senda económica, lo que sumado al descenso de los precios del petróleo provocará que la crisis  empeore “con un descenso proyectado del PIB en casi 18% durante 2015 y 2016 (la tercera mayor caída en el mundo)” y una inflación récord que culminó el año pasado en 275%.

Lo que cabe esperar en 2016

Todo apunta a que este segundo semestre va a traer muy malas noticias para la economía venezolana.

Un informe de Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro en Prodavinci alerta de que el país va a estar atenazado por 10 variables que van a profundizar aún más la crisis.

Empezando por una caída de la producción petrolera y por la depreciación del tipo de cambio alternativo(“El pasado viernes 29 de julio la cotización cerró en 645,1 bolívares por dólar, lo que representa una depreciación de 67,9% en 142 días. Todo un récord, si tomamos en cuenta que el antiguo Simadi, desde que empezó y hasta quedarse estacionado en 199,9 bolívares por dólar, se depreció sólo 16,9% en tres meses).

Mientras, continúa la apreciación del dólar negro y el precio del crudo no levanta cabeza. Además los aumentos salariales (“el Ejecutivo ha decretado dos aumentos del salario mínimo y del bono de alimentación sólo en el primer semestre, lo que representa un aumento nominal de 56% y 175,3%, respectivamente”) no compensan que la inflación está fuera de control (“En lo que va de año el incremento de los precios ha venido acelerándose y pasamos de incrementos intermensuales de 9,2% a uno de 24,8%. De esta manera, en junio la inflación acumulada que estimamos se encontró en 128,6%, un poco menos del doble de lo que fue la inflación para todo 2014 (68,5%).  En términos interanuales, estamos hablando de un crecimiento de los precios por encima de 300,0% y no es muy difícil imaginarse el panorama de precios para lo que queda de año de seguir así”).

Oliveros y Navarro además creen que en lo que respecta al sector monetario “se acabó la fiesta” ya que “de acuerdo con el BCV, en los primeros seis meses del año la liquidez monetaria creció 30,9% en términos nominales, no obstante, en términos reales, según nuestros estimados de inflación, se ha contraído 40,9%. Asimismo, cuando se compara el crecimiento interanual por mes es de notar que en términos reales no se ha experimentado crecimiento.

Lo que habría que hacer y no se hace

Venezuela se enfrenta no a un cambio de ciclo ni a una crisis coyuntural sino a una crisis de dimensiones estructurales.

Por eso, autores como Luis Zambrano Senquín creen que “esto plantea problemas que trascienden a un simple plan de estabilización. No hablamos de un programa fiscal o monetario, sino de que las políticas dirigidas a la estabilización a su vez tienen que promover y ayudar a cambiar la estructura económica. Esas son palabras mayores”.

Para impulsar tales planes se necesita un gobierno con amplia legitimidad y fuertes consensos, justo de lo que carece el actual ejecutivo. “Dados esos retos técnicos, políticos y de recursos, difícilmente el gobierno actual pueda asumirlos. No tiene el músculo político, financiero ni la capacidad técnica para formular un programa de este tipo y menos aún llevarlo a cabo”, señala Zambrano Sequín.

La actual crisis venezolana requeriría de, al menos, tres etapas para ser afrontada:

1-. Aplicación de un plan de emergencia

Este autor señala que el primer paso debe ir por atajar la crisis humanitaria antes que la económica: “La crisis venezolana es de una gravedad tal que lo primero es un plan de emergencia donde el énfasis no va estar en la estabilización y mucho menos en las reformas estructurales, sino en atender la crisis humanitaria, un problema de hambre y de salud. Reconstruir las redes de producción, los inventarios, actualizar tecnología, recomponer cadenas de insumos, eso requiere tiempo… Hay que buscar de la manera más rápida posible que la estructura de precios esté mejor alineada con los costos de producción. Pero hablamos de un período de emergencia  de seis meses o un año donde básicamente el suministro interno tendrá que resolverse vía importaciones. Si al mismo tiempo se envían las señales correctas, los precios comienzan a funcionar de manera eficaz, se levantan las restricciones legales que no fomentan la inversión y se erradica la amenaza de expropiaciones y nuevos controles, la reacción de la oferta será más pronta”.

Venezuela está al borde de una crisis humanitaria: en julio del pasado año, el Grupo de Crisis Internacional con sede en Bruselas publicó un informe sobre la situación económica y social del país en el que expresaba su preocupación por un colapso repentino en el consumo de alimentos y el hambre generalizada. El informe describe otro lado menos apreciado del drama en el sistema de salud pública y privada. Lo que en resumen estos aspectos clave en la vida cotidiana de los ciudadanos indican es que el país se está deslizando hacia una catástrofe humanitaria.

2-. Programa de estabilización

Después de esta fase de emergencia, el autor propone un período de estabilización donde se tomen medidas para reducir la inflación en un contexto donde los precios, tras el fin del control, deben haber experimentado un salto. Se procederá a la reducción del déficit fiscal y, sobre todo, su financiamiento vía impuesto inflacionario aplicando además de disciplina en cuanto al presupuesto público y al crecimiento del dinero y el crédito.

En este periodo señala Zambrano “hay que ir a un régimen cambiario que implique flexibilidad del tipo de cambio nominal, el ancla de precios estará en el flanco fiscal. Ahora, no puedes tener un tipo de cambio completamente flexible hasta que no alcances una estabilización firme y corrijas desequilibrios fundamentales…. Hay que buscar de la manera más rápida posible que la estructura de precios esté mejor alineada con los costos de producción. Pero hablamos de un período de emergencia  de seis meses o un año donde básicamente el suministro interno tendrá que resolverse vía importaciones.

3-. Reformas estructurales

Una vez finalizada la fase de estabilización propone una serie de reformas estructurales que pasan, entre otras cosas, por “redefinir el papel del Estado en la economía, incluyendo el rol del sector público en los sectores claves de la economía (petróleo, energía y minería)”.