Reporte 33
El populismo en la política: Un tema incómodo para Venezuela? Entrevista a Simón García
Reporte 33

Por: N Iván Contreras

Simón García es un “animal político” en el buen sentido de la expresión; desde las gradas luce que vive para ella, aunque es difícil hallar en su historia personal la búsqueda del protagonismo. Fue diputado por el MAS en varias ocasiones en el extinto congreso nacional, ministro de Caldera II para las relaciones con el parlamento y miembro consecutivo de la Dirección Nacional del MAS hasta la época del apoyo que dio ese partido a la primera candidatura presidencial de Hugo Chávez Frías. Se nos antoja como un llanero de la estirpe poética. Por fortuna su condición de pensador está recogida en toda una montaña de sesudos artículos de prensa que acaso esperan por ser sistematizados y recopilados. Desde Valencia (Venezuela) asume el diálogo que aquí le planteamos. ¿Cómo y cuándo ocurrió su primer encuentro con la política? 1 SG: En los últimos años de la década del 50, vivíamos en dictadura sin saberlo. Dos rasgos sobresalían para nosotros en aquellos días: había temas sobre los cuales no se podía hablar. En especial no se podía decir nada malo del gobierno. El otro era la intuición de que el gobierno era un mundo aparte, el oficial, que no tenía conexiones con el nuestro. El gobierno se nos manifestaba a través de la policía, el edificio de la Gobernación del Estado visto desde afuera o las suntuosas fiestas en la casa amarilla, residencia del gobernador que era un militar. Uno podía percibir la existencia de algo impreciso, prohibido y castigado, llamado política. En una procesión de semana santa cuando el Santo Sepulcro pasó frente a la sede de la policía, soltaron a unos presos ocasionales y pude captar el relámpago de una murmuración: se refería a alguien preso por política, a un comunista. Supe de inmediato que no se podía pedir explicaciones sobre aquello. En voz baja le pregunté al mejor amigo si sabía que significaba política. Pero él tampoco tenía la menor idea, aunque sabía que era algo que no debía mencionarse en público. Se propagaba entre nosotros un malestar porque el gobierno había decidido realizar tres pruebas finales en cada materia, cada una de las cuales debía aprobarse para cursar el 2° año de Bachillerato en el Liceo Roscio. En la noche del lunes 26 de noviembre del 57 estuve entre un pequeño grupo de estudiantes que decidió poner una cadena a las puertas del Liceo para que no hubiera clases. Seguramente la idea partió de algunos estudiantes universitarios que habían regresado al pueblo debido a las protestas estudiantiles de la UCV, el miércoles anterior, contra la dictadura de Pérez Jiménez. De estos fines políticos concretos, por supuesto, me enteré después. Ese mismo día se presentó, con respaldo de una fila de policías al frente del Liceo, el Coronel Roberto Casanova, Gobernador del Estado, con un lacónico mensaje: si se volvía a producir otra protesta no perdería tiempo averiguando la responsabilidad estudiantil, mandaría a prisión al Director y al Subdirector. Apareció, por primera vez en mi vida, el rostro de la represión. En diciembre del 57 leí un letrero en una pared que decía: Libertad para los presos políticos. A mediados de mes llegó a casa Pedro Layatorres, Director de Bambilandia un programa infantil por tv, a quien le oí contar, sin que percibieran mi presencia, sobre manifiestos y huelgas en Caracas contra PJ. Layatorres había sido militante de AD antes de 1952. El 1 de Enero, de vacaciones en Maracay, pude ver la primera concentración política en la plaza Girardot. Los gritos de libertad y abajo la dictadura duraron poco, pero fue una “reunión de más de tres personas” en la que la rebelión de Hugo Trejo desde la ciudad militar de Venezuela constituyó el destello sobre la existencia de algo llamado democracia. A juzgar por la alegría y el entusiasmo de la muchedumbre, algo mejor para el pueblo y al parecer, también para el gobierno. El 23 de Enero en la madrugada nos enteramos de la fuga del dictador y que se había formado una Junta Cívico militar de Gobierno. Esta vez participé directamente en una manifestación frente al edificio de la Seguridad Nacional, la policía encargada de perseguir y reprimir a la política. Así, por vía de la amistad, llegué días después a la militancia. En esa época el Liceo no tenía 5° año, por lo que todos los estudiantes tenían que terminar el bachillerato en Caracas o Valencia y así se aclimataban para ingresar a la Universidad. En período de vacaciones eran nuestros tutores durante largas conversaciones y lecturas de autores que ellos nos descubrían sentados en las escaleras del sanjuanote. Casi todos estos mentores que tratábamos con admiración por sus conocimientos eran ya militantes de la Juventud Comunista: entre ellos el poeta Angel Eduardo Acevedo, Adolfo Rodríguez, Víctor Valera Mora, Carlos Ron, Jesús Ramírez, Ney Infante y José Piñero. El advenimiento de la democracia fue un torbellino que aceleró todos los acontecimientos. Participé en la formación del movimiento estudiantil y sentía la necesidad de ejercer una militancia política. El dilema era: el PCV o AD las dos organizaciones que se habían mantenido en las catacumbas soportando persecuciones, torturas, prisiones y muertes en la lucha contra el régimen. La decisión no fue el producto de una reflexión muy elaborada sino la inclinación hacia unos valores, libertad y justicia social, y la circunstancia que entre nuestros amigos mayores casi todos eran comunistas. En las labores iniciales de constitución local de la Juventud Comunista participaron sobre todo los dos primeros de la lista anterior junto con Juan Vicente Cabezas, Freddy Muñoz, Antonio José La Riva, Arquímedes Araujo, Hernán Infante y Temístocles Salazar. En febrero de 1959 dí mi primer mitin de plaza en la condición de dirigente juvenil de la Juventud Comunista de San Juan de los Morros. Así, pues, me encontré con la política. ¿Aparte de la literatura política pro-comunista, cómo llegó a sus primeras lecturas de temas sociales por autores de otros ámbitos? ¿Qué libros no marxistas llegaron a impactarle primero y en qué circunstancias? 2 SG: Tal vez la lógica separación de la literatura en géneros y subgéneros no permita ver los elementos que todos ellos comparten y la presencia de lo social en la novela histórica o en la literatura fantástica. La literatura es un pasadizo hacia la valoración y la comprensión de la realidad social, aún no siendo novela social. Leer novelas y poemas constituyó un refuerzo a la cultura cívica, en particular porque los autores que leía eran universalmente tildados de comunistas o progresistas, como los norteamericanos Dos Passos o Hemigwey.. La militancia comunista entonces, fuertemente ideológica, te proporcionaba un mundo cultural aparte, donde podías satisfacer tus sensibilidades. Para ello estaban Neruda, Eluard, Malraux, Moravia, Lorca, Roland, Maikosky, Picasso en la pintura o Vittorio de Sicca en el cine. Antes del big bang hubo muchos suplementos y revistas. Fui adicto a una colección de varios volúmenes empastados de Billiken y figuritas, dos revistas argentinas, leía Selecciones. Después vinieron los primeros libros. Entre los que me impactaron estuvieron los de Julio Verne, Gulliver, varios de Alejandro Dumas, el Juan Cristobal de Romain Rolland, El músico ciego, Platero y yo, Doña Bárbara y Cantaclaro de Gallegos, Andrés Eloy Blanco, José Ingenieros, Don Quijote, la Biblia y una antología de Lecturas Venezolanas que leíamos en clase bajo la atención de nuestra profesora de Castellano y Literatura de primer año, Gisela Maneiro. Pienso que mis lecturas, bajo la cercanía a tantos poetas, estuvieron, en esos inicios, más volcadas hacia la literatura que hacia los ensayos sociales. Y sin embargo, en mi vida personal la trayectoria fue a la inversa. Todo comunista de la época estaba obligado a internalizar y defender el concepto de la dictadura proletaria. Aparte de los libros de T. Petkoff, qué otra literatura y circunstancias de esa época le ayudaron a zafarse inicialmente del atavismo leninista? Ocurrió en ello un salto o ha sido más bien un proceso continuo aún en desarrollo? 3 SG: Fui militante de una Juventud Comunista atípica. Desempeñé varias responsabilidades, entre ellas, Secretario General en Guárico, luego en el Zulia por unos cuatro años y finalmente entre 1968 y 1971 de Caracas, en esa condición fui miembro de los Comités Regionales del PCV en esos tres Estados. Lo era del de Caracas, cuyo Secretario General era Antonio García Ponce, durante el debate interno que condujo a la fundación del MAS, el Buró Político me privó del derecho a voto para evitar que las corrientes renovadoras ejercieran la mayoría en Caracas. La JC era una organización con más fuerza que la del partido. Quizá por su espíritu renovador, por su comprensión de los nuevos signos, por su prevención frente a las ideologizaciones. Por eso teníamos una ramificada relación con sacerdotes, entre ellas con los jesuitas de La Vega equipo al cual pertenecía el padre Ugalde; con agrupaciones cristianas laicas; con figuras y movimientos de inspiración Hipy del cual salieron después dirigentes de la JC; con deportistas y figuras del mundo cultural. Incluso con algunos militares. Eramos primera fuerza estudiantil en Universidades y Liceos. Pero nunca tuvimos a los soviéticos ni a los cubanos como modelo. En la Comisión Ejecutiva Nacional de la JC se produjo, desde 1967, una reflexión importante cuyos promotores más visibles fueron Bayardo Sardi, Alonso Palacios y Caraquita, Antonio José Urbina. También estábamos muy influenciados por la llamada izquierda del PCV: Teodoro Petkoff, Freddy Muñoz, Germán Lairet y Alfredo Maneiro. Seguíamos el debate comunista en Italia, España y Francia que después cuajó en el eurocomunismo. Actuábamos según un decir de Jesús, Chucho, Valedon, con su lema gracitano: “Dictadura ni la del proletariado”. En mi caso, la ruptura se consolidó en 1868 cuando asistí a un Seminario sobre el Programa del PC de Checoeslovaquia. Me tocó la maravillosa experiencia de observar en sitio el esplendor de la primavera checa como intento de inyectar democracia a una sociedad comunista. Salí de Praga el 19 de agosto y la invasión de los tanques soviéticos que aplastó aquel ensayo fue el 21. Mi traductor en la calle fue Vicente Bello, actual representante de la MUD ante el CSE. No tuvimos tiempo de engarzarnos con las incidencias de nuestra pasada militancia, porque inmediatamente nos sacudió la gran emoción política que fue crear un movimiento que, no sólo dejará atrás a la izquierda crónica o a sus delirios ultraizquierdistas, sino que introdujera un nuevo modo de ser socialista. Teodoro fue el cerebro, el alma y la sangre de ese intento de anticiparnos a la historia que fue el MAS. Tuve la suerte, la alegría y el honor de ser su compañero de militancia y de compartir el día a día con líderes de la talla de Pompeyo Márquez, de Freddy Muñoz, Argelia Laya, Moisés Moleiro o Pérez Marcano, miembros de un atípico círculo de estudios donde todos aprendíamos, a veces leyendo libros y a veces no, porque ya los habíamos leído en nuestros debates internos. Alguna vez se habló del valor de las llamadas “utopías concretas” como programas que señalaban un rumbo de progreso a pesar de que no llegaran a concretarse. En esa tónica, y yendo a los tiempos actuales: ¿Cree que el mundo avanzará hacia la constitución de un gobierno planetario suficientemente democrático? Qué nos corresponde hacer en ese ámbito? 4 SG: Es una ironía de la historia que las utopías concretas resulten tan abstractas. Utopía es lo que no tiene lugar, en el doble sentido de lo espacial y de lo inexistente. En esos términos el gobierno mundial es una utopía; pero no sé si es deseable por la centralización y concentración del poder que supone. El tema de las sociedades democráticas precede al del funcionamiento de los gobiernos. Y la transformación del concepto de poder antecede a la elevación de la calidad de la democracia. Creo que son pasos previos y muy importantes que hay que resolver antes de ponernos a pensar en un gobierno planetario. En un ámbito más local, ¿cómo percibe el rendimiento de la MUD en el frente internacional? 5 SG: La comprensión internacional sobre nuestra situación y la solidaridad con la causa de la democracia venezolana ha tenido en los últimos meses un rendimiento creciente. El giro en la percepción foránea ha ido el producto de un conjunto de esfuerzos combinados. Una agregación plural y algunas veces fuera del alcance de las cámaras. El equipo de internacionalistas de la MUD, coordinado por Timoteo Zambrano, está realizando un sistemático trabajo de ampliación y mejoramiento de las relaciones a nivel partidista. Se suma a ello, la destacada labor del Dip. Luis Florido, Presidente de la Comisión de Política Exterior que a nivel de diplomacia parlamentaria y de iniciativas ante organizaciones internacionales ha acumulado éxitos en el debilitamiento del régimen. La Iglesia venezolana ha cumplido un silencioso y eficaz papel. Los venezolanos en el exterior han reactivado su compromiso con las luchas por la vigencia de la Constitución, la unificación y la reconstrucción del país. A nivel de gestiones personales sobresale la actividad cumplida por Lilian Tintori, Mitzy Capriles, Maria Corina Machado y otras personalidades que tienen eco en el campo internacional. Dos ejemplos notables en el ámbito de la cultura: Rafael Cadenas y Gabriela Montero. Afuera hay mucha gente preocupada por nuestro país y ocupada en ayudar a resolver las crisis que golpean el estómago y el espíritu de todo. Hay que seguir haciendo la tarea que nos toca adentro porque el cambio es un acontecimiento dominantemente nacional. El punto ahora es si se aplica la finalidad revocatoria que la Constitución le asigna al referendo o si la cúpula oficialista logra cercenar la posibilidad de que se realice una elección este año para que sea el pueblo quien decida el rumbo del país. El cambio es un acontecimiento “dominantemente nacional” o se prefiere que así sea o que parezca serlo? La realidad podría imponer otro escenario? 6 SG: La pregunta es muy sugerente y apunta a poner en cuestión una idea bastante aceptada en términos de teoría política: la dinámica entre la estructura de una sociedad, su patrón de intereses, las características de sus actores, el grado de su conciencia cívica y de sus instituciones es el motor de los cambios internos dentro de sus límites nacionales. Esto ya no es siempre y exactamente así en ámbitos como la economía por la globalización, el peso de los organismos internacionales, la concentración de la riqueza y del bienestar, el peso de las decisiones planetarias en materia de flujos financieros, prioridades de inversión o aplicación de avances tecnológicos. También comienza a serlo en otros sectores. Pero en la política, en la lucha por el control y el ejercicio del poder en el marco de Estados nacionales, pienso que aún privan las dimensiones nacionales de las contradicciones, acuerdos, evoluciones y cambios, incluso de régimen político. El gran éxito de Chávez fue haber logrado una invasión invisible de todas las instancias del aparato del Estado, haber destruido gran parte de las bases productivas capitalistas y haber transformado la naturaleza de la justicia y de la Fuerza Armada sin haber disparado un tiro. Los cubanos no necesitaron desembarcos militares para que se impusiera en Venezuela su modelo, con resultados peores en términos de pérdida de país y más crueles contra la población que los que aceptaron soportar en la isla. El actual desencanto popular con el modelo cubano-chavista podría ser una gran oportunidad para echar a andar un modelo político radicalmente distinto al populista, más “de derechas”? Qué podría enseñarnos la reciente crisis económica europea en este sentido ? La raíz del desencanto popular con el modelo está en su anacronismo. Aquí, en Cuba o en Corea del norte opera para destruir a lo que consideran el Estado, la democracia y la economía burguesa capitalista, pero no logran producir nada bueno. Las consecuencias son el desabastecimiento, el alto costo de la vida, el desempleo, la caída de los servicios públicos y todo lo que estamos sufriendo en carne propia los venezolanos. Bautizar ese modelo como socialismo del siglo XXI es una estafa porque lo que en verdad es puro comunismo del siglo XX. Tampoco puede ser llamado de izquierda un modelo que produce más empobrecimiento de la población, que tiene presos políticos sólo por disentir, que estableció la censura de los medios de comunicación, que acabó y sigue impidiendo la organización autónoma de los trabajadores y que enriquece a una pequeña élite de boliburgueses por vía de los favores del Estado o de la corrupción más salvaje que se haya visto en la historia de nuestro país desde la fundación de la República. La cúpula que detenta el poder, una forma evolucionada de dictadura adaptada a las realidades de esta época, es tan reaccionaria que constituye el principal obstáculo para el desarrollo del país en todos los órdenes y es tan conservadora que su principal fin es mantenerse en el poder contra la Constitución y el rechazo de una contundente mayoría social y electoral. Empleando esa terminología que ha pasado a establecer confusiones, este gobierno ha practicado un populismo de derecha, no sólo clientelar sino para subordinar a la gente al Estado, hacerlos dependientes de la cúpula y ponerlos a pensar en una sola dimensión. Las fuerzas democráticas de cambio definidas por su compromiso social tienen la gran oportunidad de elaborar los fundamentos de un proyecto de país que supere al populismo, que se libere de la visión rentista y demuestre que se pueden lograr avances netos en el terreno de la justicia social, la promoción efectiva de los sectores económicamente más desprotegidos, la reducción de las desigualdades y el alcance de un bienestar sobre bases capitalistas. Los países escandinavos son una referencia. Tenemos que aprender de nuestra crisis, caracterizarla, establecer su proceso de incubación, descifrar las claves para no repetir los ciclos de auge y caída no sólo definiendo un programa económico verdaderamente alternativo, sino también formulando los puntos de innovación en materia de educación, fomento de la investigación y auspicio de la cultura, incluyendo el estímulo a una nueva ciudadanía. A Europa la veo con ojos de un viajero. Una visión relámpago que no me da medios para extraer alguna enseñanza de su crisis económica. Sin embargo , se ha dicho que las crisis económicas de Grecia, España, Portugal -entre otros- se origina de la aplicación sostenida, ciega, presuntamente irresponsable de amplios programas de bienestar social que también son considerados populistas, aunque puedan ser de otra estirpe. No hay allí una enseñanza pertinente para el momento venezolano y de cara al futuro? Cómo hacer para conquistar el voto sin adoptar el facilismo populista, sobre todo ahora cuando presumiblemente el desencanto conlleva un mayor grado de conciencia en el electorado? 7 SG (y todos los venezolanos): Un tema esperando respuestas…? Agradecemos al buen amigo Simón García su acogida a esta pequeña aventura, y esperamos que el lector halle valor en estos contenidos.

Caracas, Junio 10 2016

Fuente: Polismires