Reporte 33
El presidente en funciones de Brasil, al filo de la navaja
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El 2 de agosto el Senado decidirá si Dilma Rousseff pierde el mandato, y Michel Temer tiene ese plazo para probar que puede sacar al país de la crisis

Faltan solo 65 días para que se definan los destinos de Dilma Rousseff y Michel Temer, si se confirma el calendario presentado esta semana por el relator de la Comisión del Impeachment, el senador Antonio Anastasia, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Según su previsión, que todavía tiene que ser aprobada por la comisión en la próxima reunión, el 2 de junio, el Pleno del Senado decidirá el 2 de agosto si Rousseff pierde de forma definitiva el mandato como presidenta de Brasil. La votación crucial, si se concreta esa fecha, será a tres días de la apertura de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Estos dos meses y pico serán, por lo tanto, esenciales. No solo para la defensa de Rousseff; también establecerán el plazo que el actual presidente interino tiene para demostrar que puede sacar el país de la crisis económica actual, adoptando medidas fiscales lo bastante firmes como para gustar al mercado pero no tanto como para revolucionar las calles. Todo ello bajo una carrera contra el tiempoporque, en cualquier momento, la investigación del caso Petrobras puede alcanzar su base aliada o el propio corazón del Gobierno.

La luz amarilla se encendió esa semana, con la caída de Romero Jucá, brazo derecho de Temer. Ha abandonado su puesto en el estratégico ministerio de Planificación después de que el periódico Folha de S. Paulo revelara conversaciones que sugerían la existencia de un complot para interrumpir la investigación. La incertidumbre ha sido creciente en los días siguientes con la divulgación a cuentagotas de otras grabaciones.

 
Para destituir Dilma Rousseff, es necesario que 54 de los 81 senadores voten a favor del impeachment. En la votación de admisibilidad del proceso que ha apartado a Rousseff del cargo, el pasado 12 de mayo, 55 senadores votaron a favor de que se abriera la investigación. Eso significa que la mandataria, además de mantener los votos que ya tuvo, necesitaría convencer al menos a dos senadores más de que cambien de opinión. Un margen muy reducido. Y, aunque esta fase es el corazón jurídico del proceso, con la presentación de pruebas y la presidencia del Tribunal Supremo, la decisión será un reflejo del balance político del momento.

“Es un período corto en el que Temer tiene que conseguir muchas cosas. Tiene el gran desafío de colocarse como la solución de la crisis económica. Es un período de tiempo crucial para que muestre que no da igual uno que otro”, explica João Augusto de Castro Neves, director en Latinoamérica de la consultora de riesgo político Eurasia Group. Según los cálculos de la consultora, que tiene en consideración cuestiones como el apoyo de la población y el tamaño de la base aliada de Temer en el Congreso, en este momento la probabilidad de que el Senado vote a favor del impeachment es del 80%, pero la situación es tan delicada que esta estimativa puede cambiar en cualquier momento.

Para Neves, los anuncios en el área económica que Temer ha hecho hasta ahora cuentan a su favor. Los nombres escogidos para comandar el área, como el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, han imprimido confianza en un cambio de rumbo económico. La aprobación del cambio de la meta fiscal por parte del Congreso, la madrugada del pasado miércoles, también demostró que la “superalianza” montada en el Parlamento ha funcionado en su primera prueba importante.

Hay riesgos: como el comprometimiento irreversible de Renan Calheiros, el presidente del Senado, en el escándalo. Su salida podría desestabilizar la crucial Cámara alta. Si acierta en el área económica, Temer agradaría no solo a los mercados, sino también se ganaría la confianza de la clase media que ha salido a la calle en los últimos meses; que odia al Partido de los Trabajadores (PT) pero que todavía no está segura de apoyar al Gobierno interino.

Pero las medidas, a pesar de que han sido bien recibidas por esa parte de la sociedad, contemplan solo una parte del enorme tablero político. Para el doctor en Ciencia Política por Harvard Andrei Roman, creador del proyecto Atlas Político, que calcula la probabilidad de que se produzca el impeachment, el futuro del Gobierno es incierto y dependerá no solo de los pasos que se den en el ámbito económico sino también de la propia coyuntura política. “Temer está en una situación en que cualquier cosa que haga va a dejar a alguien insatisfecho”, afirma. “Su punto de apoyo más importante es la recuperación económica. Pero, para ello, debe hacer reformas que pueden incendiar el país”.
Para evitar que las protestas en la calle -que ya existen- se hagan mayores, Temer ha evitado tomar medidas polémicas. Ensayó un discurso de aumento de impuestos, recibido con críticas, pero se echó atrás. Tampoco ha realizado ningún recorte radical en el presupuesto. Incluso medidas más simples, que tenían el objetivo de reducir los gastos de la máquina estatal, quedaron fuera tras la repercusión negativa: fue el caso del Ministerio de Cultura, removido y después resucitado ante las protestas de los artistas. Sin embargo, mantuvo algunas medidas polémicas, como la revisión de las disposiciones que ampliaban el programa social Minha Casa, Minha Vida (Mi Casa, Mi Vida), que han provocado el rechazo de los movimientos de izquierda, ya contrarios a Temer.

Roman afirma que el caso Petrobras es otro factor crucial durante este período. Para el politólogo, si las investigaciones implican a nombres cercanos a Temer, la imagen del Gobierno se desgastaría ante la opinión pública. Además de Jucá, otros ministros elegidos por Temer fueron citados en las investigaciones. En cuenta de Temer también está su proximidad con el tóxico Eduardo Cunha, el presidente de la Cámara baja apartado de su cargo por la Justicia. Cunha es uno de los políticos más odiados de Brasil y ha señalado varios nombres al Gobierno en funciones.

“Temer tiene que arrodillarse a Cunha”, ha sentenciado Rousseff en entrevista con Folha de S. Paulo. En las manifestaciones contra la mandataria destituida, la implicación de miembros del PT en la trama de corrupción fue una de las grandes críticas. La pérdida de apoyo popular podría hacer revertir los votos de senadores que, en vísperas de las elecciones municipales en octubre, teman que impacte en sus bases electorales y perjudique a sus ahijados políticos.

Según la plataforma Atlas Político, la probabilidad de que se produzca la destitución de Rousseff es del 55%, precisamente por el ajustado margen de votos que tiene el bando que está a favor de Temer. En este cuerpo a cuerpo, los políticos salen ganando en las negociaciones individuales. Por ejemplo, el senador Jader Barbalho, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) pero aliado de Rousseff (PT), faltó a la votación de admisibilidad y consiguió un ministerio para su hijo, Helder Barbalho, a quien Temer dio la cartera de Integración Nacional. Zezé Perrella, del Partido Laborista Brasileño (PTB), que votó a favor del impeachment pero llegó a sugerir que podría cambiar de idea, consiguió colocar a su hijo Gustavo Perrella en la Secretaría Nacional de Fútbol y Defensa de los Derechos de los Hinchas.

Tanto Roman, del Atlas, como Neves, de Eurasia, creen que aunque el Gobierno Temer pierda fuerzas, la probabilidad de que vuelva Rousseff es pequeña, ya que ha perdido el apoyo político. Según Roman, es posible que los errores de Temer conduzcan a un acuerdo, en el que Rousseff evitaría la destitución si acordara proclamar nuevas elecciones. Según Neves, si la situación del presidente interino se volviera insostenible, la salida política sería forzar al Tribunal Superior Electoral a acelerar la condena de la alianza Rousseff-Temer por irregularidades en los gastos de campaña. Si eso ocurriera antes de diciembre, habría nuevas elecciones directas; si ocurriera después, habría elecciones indirectas y sería el Parlamento quien elegiría al nuevo presidente.
El País.