Reporte 33
“En el gobierno no hay preocupación por el país sino por mantener la impunidad de sus actuaciones”
Reporte 33

Por Sofía Torres

La politóloga y doctora en Filosofía, Marta De La Vega, al analizar la coyuntura que vivimos en este momento, se refiere a un Estado forajido y delincuencial, a la coexistencia de dos sistemas enfrentados y a la imposición de la lógica de la guerra.Comenta que el caudillo mesiánico, personalista y militarista revivió, una vez que muchos se dejaron seducir por un outsider.

La también profesora universitaria, articulista y autora de diversas obras, concibe la política venezolana actual como un ejercicio difícil, que representa un desafío permanente para las fuerzas democráticas y un asunto de sobrevivencia para el oficialismo.

Con un halo de esperanza, De La Vega advierte que el cambio es inevitable e indetenible por la falta de rectificacióndel gobierno y asegura que hay una “efervescencia de jóvenes” que están pensando el país con “altura y grandeza”.

.-¿Cómo se desarrolla la política venezolana en estos momentos?

Para las fuerzas democráticas es un permanente desafío. Para el oficialismo, un asunto de sobrevivencia. En el contexto actual es un ejercicio muy difícil, lleno de trampas, de peligro, de inestabilidad, porque no hay verdaderamente polis, donde se resuelvan los conflictos y se diriman las discrepancias mediante un diálogo deliberativo y la civilidad, desde la diversidad, el pluralismo y la tolerancia, para que no impere la violencia, sino que se impone la lógica del amigo-enemigo, la destrucción psicológica e incluso a veces física del otro,  la lógica de la guerra, manu militari.

No hay Estado de derecho ni independencia de los poderes públicos ni contrapeso entre ellos; la justicia no existe verdaderamente sino sesgada políticamente; solo persecución judicial y prácticas de terrorismo de Estado para quienes no se plieguen sumisamente a los intereses particulares y la voluntad política de quienes mandan, por cierto bastante deslegitimados por las irregularidades en el desempeño y la violación sistemática de la Constitución Nacional. Desde el poder gubernamental no hay reconocimiento ni respeto por quien piensa distinto; incluso dentro del movimiento chavista los disidentes son execrados y descalificados. En el oficialismo no hay preocupación por el país ni por una economía sana y productiva, ni por  resolver los problemas de la gente; todo vale para aferrarse al poder a cualquier precio y para mantener la impunidad de sus actuaciones. No hay simetría entre adversarios, ni hay de parte de quienes hoy dominan el poder público, ningún interés por transar, por negociar, en iguales condiciones y en el mismo rango los unos con los otros. En el fondo  y en la forma, hay dos concepciones políticas antagónicas, dos sistemas políticos enfrentados, dos regímenes distintos, uno democrático y otro antidemocrático. No jugamos con las mismas reglas de juego y no terminamos de darnos cuenta; porque la base filosófica del chavismo y del sucesor Maduro, ni es democrática ni es humanista, solo retórica. Estamos ante un Estado forajido y delincuencial.

En este sentido, hay que reconocer y subrayar el valioso papel que ha jugado la Mesa de Unidad Democrática (MUD) ante tan adverso escenario para  mantener el equilibrio, la unidad, la   lucha política inteligente, las acciones pacíficas y constitucionales destinadas a recuperar el país, destruido, a superar la estafa en que se ha convertido esta farsa siniestra que es la revolución bolivariana  y a devolver a la gente su dignidad, perdida en la política clientelista que genera dependencia y pasividad, mediante manipulación, resentimiento, inoculación del odio y mentiras.

¿Existe un pensamiento claro dirigido a la praxis para lograr un cambio en Venezuela? 

Creo que sí, si praxis significa “actividades prácticas”, pero no como la define el diccionario manual Vox de la lengua española (Larousse ed., 2007), en oposición a la teórica, sino también con un pensamiento englobador, claro, preciso y lúcido acerca del proyecto de país más deseable para todos. De hecho ha habido varios planes de gobierno muy bien articulados que muestran que las fuerzas democráticas son una alternativa de poder viable, incluyente, con eficiencia,  justicia y equidad.

Junto con profesionales ejemplares,  ya maduros, que siguen construyendo país a pesar de la crisis,  están los de las nuevas generaciones, a muchos de los  cuales me siento orgullosa de haber contribuido a formar,  que no han sido contaminados por la mentalidad del pícaro, por la cultura populista y clientelar, por el facilismo y la pasividad, por el inmediatismo, por la corrupción como dinámica generalizada de participación, por los intereses únicamente egoístas y crematísticos que, como decía Aristóteles, nos deshumanizan. Esta mentalidad tan nociva para  Venezuela, lamentablemente  sigue vigente en la vieja cultura política de algunos dirigentes, en el estatismo paternalista y asistencialista, y en  particular, en el proyecto que quiso imponer Chávez. Hoy lo representan quienes dominan el gobierno, epígonos que han exacerbado al extremo los peores vicios del pasado. Pero mucha gente desencantada de los partidos,  porque perdieron credibilidad, al extraviar sentido y base programática, con lo que la democracia también perdió la brújula, y oportunistas que vieron la posibilidad de más poder, se dejaron seducir por un outsider y  ayudaron a revivir el mito del caudillo mesiánico, personalista y militarista, que creíamos superado.

El cambio estructural y sustancioso ya había sido planteado por pensadores como Rafael Villavicencio, Mariano Picón Salas, Augusto Mijares, Arturo Uslar Pietri, e incluso está en los trabajos de un libro, para mí clásico,  que no dejo de recomendar, pues en muchos aspectos sigue vigente, compilado por los también coautores Moisés Naím y Ramón Piñango: El caso Venezuela, una ilusión de armonía (1984). Deberían leerlo.

Hay una efervescencia de jóvenes con visión de largo aliento, basada en una ética del trabajo con probidad, en una ética de responsabilidad que, tanto desde el punto de vista técnico, en el campo de los hidrocarburos que define el eje de nuestra economía, en las ingenierías, la arquitectura, el pensamiento crítico,  la filosofía, la sociología, etc., como en el plano moral, están pensando el país con altura y grandeza. Gente generosa, aunque no se encuentre aquí por las duras circunstancias de sectarismo y exclusión ideológicos, sigue aportando a Venezuela.

La actual falta de coherencia e improvisación de las políticas públicas, el olvido de que el  funcionario es  servidor, la imposición ilegal e inconstitucional de una parcialidad política para aferrarse al poder a cualquier precio en detrimento del resto de los ciudadanos y un Estado usurpado por el gobierno de turno, hacen inviable el modelo, fracasado en su teoría y en su práctica. Peor, a riesgo de su sobrevivencia,  por falta de rectificaciones, el cambio es inevitable e indetenible.

¿En qué sociedad nos convertiremos, después de la revolución? ¿A qué debemos aspirar?

Será una sociedad mucho mejor que la actual, madura, consciente de sus derechos y sus deberes, con civismo y civilidad, con tolerancia, pluralismo y respeto, que esperemos reconciliada, que recupere la justicia sin venganzas ni impunidad, que reconstruya la economía sin cortapisas ni controles que no sean los de un verdadero Estado de derecho, sin abusos ni fiscalizaciones indebidas, que  redefina el papel del Estado y la necesaria cooperación con todos los sectores privados productivos y de servicios en aras de los intereses superiores del país, como lo establece la Constitución vigente, que centre las funciones del Estado en la salud y la educación con calidad, que son objetivos estratégicos fundamentales para la integración democratizadora de la gente, la movilidad social  basada en la superación personal y en el logro; sin exclusiones, ni ideológicas ni materiales, para todos los sectores sociales, en especial los más vulnerables, a fin de construir  cada uno desde sus fortalezas, equidad, desarrollo y aspiraciones efectivas de bienestar  e inclusión para cada uno de los ciudadanos que conformamos esta república hoy muy maltrecha.

– ¿Qué sociedad somos hoy en día?

Una sociedad con muchas carencias, con un tejido social muy lacerado, en parte destruido por la desconfianza y la violencia, donde nos hemos convertido en enemigos potenciales de los demás, con un Estado  hostil al ciudadano en vez de ser su portavoz. Es una sociedad enferma por la desesperanza y el fatalismo, por el inmediatismo y el cortoplacismo, que ha visto irrumpir lo peor del venezolano. Pero también hay más  conciencia ciudadana, con nuevos liderazgos sociales, civiles y políticos deseosos de hacer las cosas bien. A pesar de la atomización de la sociedad venezolana, fragmentada por la muy baja cohesión social, por el amoralismo individualista, la ética del “sálvese quien pueda” y las prácticas mafiosas desde el poder, se ha ido desarrollando un tejido social sano, de ciudadanos enfocados en valores y principios, con sentido de lucha y de resistencia, que nos abre a la esperanza y a un futuro distinto y mejor al de hoy.

En Venezuela hay una escasa producción de pensamiento sobre los problemas que a todos nos afectan. En este sentido, ¿qué ha pasado con los pensadores del país?

No creo en absoluto que haya una escasa producción de pensamiento sobre los problemas que a todos nos afectan. Todo lo contrario. Desde la iniciativa de la COPRE, plasmada en textos ineludibles para pensar el país, o las colecciones dirigidas por don Pedro Grases o el doctor Ramón J. Velásquez sobre pensamiento político y filosófico venezolano, ha surgido una veta muy rica de pensamiento nacional. Lo que pasa es que se juzga esa escasez porque se espera  a lo mejor que los políticos profesionales nos den sus luces o se supone que ellos deberían ser los “iluminados”. Su fuerte es la acción, más que la reflexión teórica y por eso se piensa, como ellos no se ocupan de producirlo sino de llevarlo a la práctica,  que hay poco pensamiento sobre nuestra realidad. Hoy muchos pensadores podríamos  nutrir a los dirigentes y líderes en sus prácticas políticas. Ha habido diagnósticos acertados, análisis agudos, propuestas viables y soluciones concretas para problemas específicos sectoriales y en todas las esferas.  Algunos  pensadores han logrado en sus textos conclusiones muy relevantes para transformar la mentalidad “mágico-tradicional” en  actitudes y conductas  modernas, para reactivar la economía, para profundizar la democracia, para lograr proyectos realizables hacia una mejor Venezuela. Muchos  trabajan calladamente en reductos de libertad  creativa y de reflexión, pero solo algunos logran trascender el silencio impuesto por la censura, las restricciones y coacciones del poder dominante.   Además de las investigaciones sistemáticas llevadas a cabo en las universidades y en otros centros de estudios, muchas de las cuales tienen aplicabilidad práctica para la formulación de políticas coherentes, enfocadas en el desarrollo eficiente, en la superación de la pobreza en todos los sentidos y en formar una administración pública profesional, transparente y en función del ciudadano, hay mucha reflexión pertinente que, más allá de la academia, se despliega en periódicos, libros, revistas y hasta en conciliábulos de debate y discusión.

Además, la crisis también ha sido una oportunidad para estimular la producción editorial local y son muchos los títulos, no solo en historia, economía, filosofía política, arte y análisis críticos, pese a que también hay los frívolos y circunstanciales, que aportan elementos de juicio muy pertinentes para comprender la historia,  interpretar desde los hechos el pasado, aclarar la coyuntura y  mejor prepararnos para el cambio que, sin duda, se avecina.

@soficarol21