Reporte 33
“Hay que aprehender la lección y no olvidarla cuando surjan nuevos flautistas de Hamelín”
Reporte 33

Por Sofía Torres

 

Christian Burgazzi define la situación de Venezuela como dramática, y como muchos dramas, dice, este puede terminar en tragedia. Después, “será más fácil reconstruir lo material que recomponer el alma nacional”.

El asesor estratégico asegura que no es momento de abrir paso a la “sana confrontación democrática” entre las organizaciones que integran la MUD, pues la línea política que se impone se concentra en derrotar al “régimen autoritario”,  y el reto inmediato es lograr que la gente asocie las causas de sus penurias con las acciones que emprendió el “líder difunto” y que su sucesor profundizó en perjuicio del aparato productivo y las libertades ciudadanas.

Para Burgazzi es urgente deslastrarnos de pensamientos y actitudes que fueron reforzadas en la Revolución Bolivariana y están todavía presentes en nuestra cultura, “incluso en sectores dirigentes”.

 

Del mar de la felicidad a pesadilla terrorífica

 

Vivimos cotidianamente situaciones tensas y conflictivas, de gran sufrimiento colectivo tanto por la pavorosa inflación, los ínfimos ingresos, la indecible escasez de alimentos y medicinas, como por el terrible avance e impunidad de la criminalidad. Sin olvidar el control total de la cúpula política dominante, decidida a mantenerse en el poder para preservar y disfrutar de los “frutos” de su corrupción desmedida, sin precedentes a nivel mundial.

La población, en especial, los sectores populares del interior del país, están sufriendo en carne propia los resultados de las decisiones políticas que una mayoría tomó, al apoyar en múltiples ocasiones el “sueño” que un hábil tahúr les ofreció: “Cuba: el mar de la felicidad”, hoy devenido en pesadilla terrorífica.

Sin embargo, la mayor responsabilidad  de ese funesto error recae en las élites y muchos miembros de clase media, que en ese momento se volcaron entusiastas a promover y respaldar las intenciones manifiestas de un militar golpista fallido, que ofrecía “hervir cabezas en aceite” y que jamás ocultó sus intenciones despóticas e ideas retrógradas, que nos condujeron hasta aquí.

 

El caos rojo y sus efectos colaterales

Cada vez más la sociedad venezolana se acerca a la anomia, a un estado de desorganización total. De continuar la situación actual, el caos se agravará y las consecuencias de nuestro drama podrían ser más trágicas. Ya los tiempos de la crisis social y económica superaron la velocidad de la crisis política y nadie sabe cómo ni cuándo puede ocurrir un desenlace.

Los daños causados por estos años de “socialismo del siglo XXI” son terribles y extensos, culturales, al haber prevalecido el resentimiento, la revancha, el desprecio por el saber, el trabajo y el mérito, lo que afecta la convivencia  y confianza necesaria para el avance de una sociedad. A ello se le añade el discurso y uso de la violencia como medio para “resolver” diferencias, así como el apoyo a organizaciones para-gubernamentales, en muchos casos armadas y delictivas, y la pasividad ante el crimen, la impunidad y el respaldo a funcionarios acusados de corrupción. El régimen ha logrado descomponer el tejido social.

El caos rojo ha generado efectos colaterales muy graves y disímiles. Por un lado tenemos los tristes récords mundiales de corrupción y homicidios, por otro, somos el país sudamericano con el mayor índice de mortalidad infantil y embarazos precoces.

Tenemos niños-padres que luego abandonan a niñas-madres que quedan solas a cargos de bebés, que ahora por la falta de comida y los precios impagables, crecen desnutridos con falencias físicas y mentales que serán insuperables. El drama que vivimos compromete nuestro futuro como sociedad; esa es la tragedia.

 

La reconducción de la oposición política

La descomposición fue progresiva, dado el impulso destructivo de la “revolución” y las fallas de las fuerzas democráticas en elevar muros de contención ante el creciente caos. Los viejos partidos políticos quedaron abatidos por la avalancha roja y se requirieron  años para reconstruir fuerzas políticas organizadas y crear y consolidar nuevos partidos. Los políticos democráticos tuvieron que luchar contra la corriente dominante, que contó con respaldo social masivo por considerable tiempo.

La “cultura de la barbarie” impregnó la sociedad venezolana en casi todas las instancias. Los alardes del procaz jefe eran celebrados por muchos.

Ante el vacío y debilidad de los partidos, las luchas políticas fueron asumidas por organizaciones de la sociedad civil con apoyo de los sectores de clase media que una vez estuvieron con el “proceso”. La falta de experiencia y capacidad política llevaron esos intentos de resistencia al fracaso.

Solo recientemente los nuevos  y algunos viejos partidos retomaron la conducción de la oposición política, comenzaron a acumular fuerzas y a cosechar éxitos. Han podido enfrentar al régimen que concentra todos los poderes mediante una alianza entre las organizaciones democráticas: la MUD. Ningún partido puede asumir con éxito esta lucha por su cuenta.

La acción política en Venezuela se concentra en derrotar al régimen autoritario. No hay otros desarrollos de la política. Por ahora no es posible asumir la sana confrontación democrática entre las diferentes tendencias dentro de la MUD. Hay una única línea política, aunque con los naturales altos y bajos en cuanto a coherencia y unidad de la misma.

Una vez logrado el objetivo principal de la coalición opositora, derrotar al régimen y formar un gobierno unitario para la reconstrucción nacional, habrá que diseñar mecanismos que permitan el fructífero debate entre las fuerzas democráticas. Eso llevará tiempo.

Sin duda habrá un cambio político en Venezuela, la pregunta es ¿cuándo? La aspiración de la gran mayoría es que sea un cambio sin violencia. Sin embargo, el hambre se manifiesta en horas, mientras que la política se mueve en meses y años.

El reto político inmediato es lograr que la gente asocie las causas de sus penurias actuales con la ilusión que le fue vendida desde el principio por el líder difunto y con las acciones que aquel impulsó y su sucesor profundizó: los ataques al mercado y a la libre empresa, la toma y destrucción de empresas privadas productivas, los nefastos controles de todo (de las instituciones, los precios, las divisas, los medios de comunicación, las organizaciones sociales), las continuas agresiones a la oposición y violación de los derechos humanos, y la centralización y militarización autoritaria, corrupta y represiva.

Se trata de que las protestas por hambre se conviertan también en un reclamo por un cambio político urgente, por el único camino democrático que tenemos a mano: el referendo revocatorio este año.

Ojalá haya tiempo para que la presión popular sea política y logre quebrar la negación de la cúpula del régimen a una transición pacífica. Para esto ayudará la presión internacional que va en aumento. Los jerarcas rojos que más se aferran al poder son los que no tienen para donde coger con sus reales mal habidos y los que no pueden negociar su inmunidad, dada la gravedad de sus crímenes. Son unos pocos los que tienen trancado el juego.

 

Desechar los lastres

Cuando esto cambie, una labor fundamental de la nueva élite nacional será responder de forma clara, abierta y completa la siguiente pregunta: ¿por qué representantes de la élite venezolana de aquel entonces favorecieron el inicio de este desastre? ¿Cómo fue posible tal nivel de ceguera?

El respaldo se manifestó desde dueños de medios de comunicación que luego vivieron las consecuencias, hasta intelectuales y académicos, pasando por empresarios y dirigentes políticos. Solo  honrosas excepciones alertaron a viva voz los males que nos venían.

No se trata de buscar y castigar a los culpables de entonces, un “mea culpa”, es mirar al pasado para lograr un futuro mejor. Se trata de un acto de responsabilidad, es decir, de la “habilidad de responder”; entender cómo y por qué se desarrolló ese error histórico, este retroceso de décadas, casi una generación perdida, para elaborar respuestas, reflexiones y lecciones que nos conduzcan como sociedad hacia caminos de bienestar y prosperidad sostenibles. Es necesario procesar la experiencia y aprender de la misma para evitar repetir los errores.

Demasiados aún piensan que el problema es Maduro y no que este desastre es el legado directo del difunto. Pareciera que una buena parte de la sociedad venezolana aún no ha entendido y asumido plenamente las lecciones de nuestra historia reciente.

Urge deslastrar nuestra sociedad de los vestigios de pensamiento y actitudes que fueron reforzados en estos años lamentables y que aún están presentes en nuestra cultura, incluso en sectores dirigentes.

La calidad de la sociedad que logremos construir a partir de esta experiencia, dependerá de nuestra capacidad para reconocer y desechar el lastre que nos hundió a niveles impensables para un país que parecía tenerlo todo para avanzar.

 

La reivindicación de elementos intangibles

Hay que destacar que sí existen algunos esfuerzos dirigidos a pensar el país y a ofrecer opciones de acción. Hay organizaciones que tienen estudios y propuestas para recomponer,  como Cedice en lo económico y la UCAB en relación al tema de la pobreza y la legislación electoral, más recientemente. Incluso se cuenta con iniciativas de académicos venezolanos en el exterior, como Ricardo Hausmann y un equipo calificado que prepara planes para la recuperación económica de Venezuela.

 

Sin duda falta mucho por pensar y entender. Aún tenemos que aprehender a fondo esta lección, para que no se nos olvide cuando, por ejemplo, vuelva a subir el precio del petróleo o surjan nuevos flautistas de Hamelín.

Será más fácil reconstruir lo material que recomponer el alma nacional. Refundar Pdvsa es cuestión de recursos humanos y financieros, y de tiempo. Recuperar la estima propia, la confianza y solidaridad entre nosotros, el ánimo  de crear y trabajar juntos con la esperanza en un mejor futuro, basado en una visión compartida y en consensos colectivos acerca de los caminos para conseguirlo, requerirá una mayor dedicación a los elementos intangibles de los seres humanos y de las sociedades: su espíritu, sus valores, su cultura, su civismo, su educación, su liderazgo.

En esos elementos intangibles se encuentran las causas últimas de los males que sufrimos y también las posibilidades de nuestro renacimiento y transformación. Este es el reto del liderazgo político e intelectual de Venezuela.

 

@soficarol21