Reporte 33
“La vía de la abierta barbarie y el no diálogo no le conviene ni siquiera al chavismo”
Reporte 33

Por Sofía Torres

Mibelis Acevedo Donís cree que se aproximan tiempos aún más difíciles, porque el empeño del Gobierno en “aferrarse al poder” complica los cambios pacíficos que la mayoría del país demanda. Sin embargo, comenta en tono reflexivo, que los errores se han aprovechado y en la escena política, donde la dirigencia experimenta su propia depuración,  han dejado “una herida útil”.

La periodista y articulista sostiene que las tensiones entre los opuestos únicamente pueden producir transformaciones. Apuesta a la imposición de la racionalidad y alega que la vía de la barbarie y el no-diálogo no le conviene ni al chavismo, en su propósito de subsistir como fuerza política en medio de una realidad que hoy se mide en “vidas, hambre y penurias”.

Nuestra caja de pandora

Acevedo percibe la situación del país muy compleja, difícil de remontar, pero vislumbra, como en toda crisis, una nueva oportunidad para cambiar definitivamente esos “rancios paradigmas” que ya no funcionaban.

A veces me parece que vivimos las consecuencias de la repentina apertura de nuestra propia caja de Pandora, una confluencia de todos los males que durante muchos años –más de los 18 del chavismo, para ser honestos- se represaron a causa del deterioro de la democracia en todos sus espacios de ejercicio, del menoscabo ético y la frustración de los gobernados: de la corrupción institucionalizada y la irresponsable administración de los recursos. Lamentablemente hoy nos ha tocado recoger los platos rotos que se acumularon en el cuarto de atrás, y que a cuenta del despilfarro redujeron la vajilla a su mínima expresión… ¿cómo no preocuparnos ante tanto estropicio?

Sin embargo, conocer el fondo de ese abismo que hace un tiempo parecía tan ajeno e imposible -obra de un modelo que exacerbó lo peor de nuestra identidad, sin duda-  también, paradójicamente, ha sacudido nuestro ethos ciudadano, nos ha confrontado con la necesidad de revisar nuestros errores como sociedad, de corregirlos para que se traduzcan en soluciones duraderas. Seguramente se avecinan tiempos aún más duros: el empeño del gobierno por aferrarse a toda costa al poder restringe las opciones y complica los cambios pacíficos a los que la mayoría apuesta, pero quisiera pensar que ese cambio de conciencia que se percibe tal vez ofrezca un colchón que evitará mayores daños.

 

Hay que caminar con los tiempos

Para la comunicadora social ha habido importantes avances en cuanto a la concepción de un pensamiento claro enfocado en procurar el cambio en Venezuela, pese a “los crónicos brotes de cinismo, inmadurez o ansiedad que tanta involución nos han costado”.

Creo que los errores se han aprovechado como fuente de aprendizaje, que han dejado una herida útil, aún con la difícil articulación de la babélica dinámica que supone actuar como coalición política. Quizás aún estamos aprendiendo a cabalgar, a domar esa ola de sabernos efectivamente mayoría: eso, además, enciende muchas apetencias. Pero también es alentador ver cómo se han ido incorporando a la discusión voces que antes juzgaban la consolidación de ese cambio como algo del todo descartable. De algún modo se va conjurando el descreimiento, en medio de un alud de certezas que, al menos, nos muestran claramente los caminos que no podemos de ninguna forma retomar.

A menudo procurar buenas ideas es más fácil cuando antes has podido identificar las malas. Y si algo nos dice esta realidad es que la idea de un Estado paternalista e hiper-controlador, este anacronismo empeñado en reavivar modelos cuya incapacidad para generar bienestar y riqueza ha sido ampliamente demostrada, debe desecharse en el futuro. Hay que caminar con los tiempos, en ese sentido, si los resultados de una propuesta de Gobierno no se reflejan en una saludable praxis, no hay ideología que salve. A propósito de esto, un pragmático Felipe González dice algo muy cierto: en economía no hay políticas de izquierda ni de derecha, sino correctas e incorrectas.

Veo a un vasto país democrático, enfrentado a una reducida nomenclatura que no lo es, que se resiste a entender los modos de la democracia. La política en medio de esa disparidad de expectativas y visiones sufre mucho. Producto de ese choque de trenes que ya se había advertido –y que era inevitable- y en medio de la urgencia que suponen los tiempos del hambre, vivimos una especie de gran atasco: de un lado hay propuestas, se intenta conjurar la inmoral inamovilidad, pero el Gobierno no cede, obsesionado como está por su fidelidad al legado de Chávez. Pero sabemos que eso no puede durar para siempre.

La respuesta del control militar tampoco parece viable, sólo añade nuevas incomodidades y contradicciones, y la sospecha de que se seguirán repitiendo errores garrafales o haciéndolos cada vez menos manejables.

 Es un momento difícil, sin duda, y bastante incierto, que pone a prueba nuestro talante democrático. Del manejo sensato de ese pulso dependerá la naturaleza de sus resoluciones.     

 

Se abrieron ventanas en una casa de puertas clausuradas

Acevedo no aborda el cambio como una  posibilidad a futuro, para ella ya transcurre y llevamos algún tiempo en lo que denomina un “forzoso tránsito”. Convencida afirma que las graves tensiones entre opuestos sólo pueden empujar transformaciones y el 6D evidenció esa realidad, “le dio carne y voz, la hizo mensurable”.

Contra muchos pronósticos, una gruesa fracción de la población que antes acompañó a un gobierno atascado en el delirio de su eternización, decidió responsablemente no comprar más el tramposo discurso, y sumar su apoyo a la construcción de una nueva mayoría; y todo esto por la vía democrática, por si la belleza fuese poco. El trabajo público de la nueva Asamblea, además, introdujo un elemento fascinante a la dinámica de intercambio, abrió ventanas en una casa de puertas clausuradas, reactivó la sensación de que la política y sus posibilidades pertenecen también al ciudadano, nos puso al tanto de la miseria del otro, una donde reconocimos la propia, contribuyó, en fin, a terminar de destapar la cara de una crisis que el Gobierno pretendía seguir ocultando mientras nos desmembraba y aislaba como sociedad. Ese primer logro de líderes y sociedad articulada, enfocada, creo que sumará para lo que viene en lo inmediato.

Por mi parte, no puedo dejar de apostar a que la racionalidad se imponga, pues dadas las circunstancias, la otra vía, la de la abierta barbarie, la de la guerra, la del no-diálogo, creo que no conviene a nadie, ni siquiera a un chavismo que pretenda sobrevivir como fuerza política en una sociedad democrática. Una mínima dosis de sentido común, de confrontación con una realidad que hoy se mide en vidas, hambre y penurias, se los espetará en la cara, tarde o temprano.

La construcción de una nueva épica

La periodista indica que la superación de los efectos de la revolución bolivariana acarreará complicaciones, pero no duda que la sociedad venezolana vivirá una evolución inédita en lo político.

Al hablar de las dificultades no se refiere al área económica -cuya recuperación según especialistas puede ser relativamente fácil y rápida si se toman las decisiones correctas-, se refiere a la devastación moral y ética, la inversión de valores y la anomia, la destrucción del lenguaje y la dislocación de las claves de la normalidad que el chavismo ha alentado.

Haber conocido la hondura de estos sótanos que nunca imaginamos habitar y ser capaces de salir de ellos, así como contar con la referencia democrática que nos brindó casi medio siglo de historia previa al chavismo, seguramente nos dejará un background de excepción como país. No por casualidad vimos el 6D una sociedad activada para cambiar su destino, o la movilización que contra todos los obstáculos imaginables ha habido en torno al revocatorio.

Qué paradójico que esta odisea que nos impuso el régimen está contribuyendo a construir toda una nueva épica: no la atávica e invalidante épica del caudillo salvador, no la de una sociedad que debe ser rescatada por otros, que espera ser convidada a bailar como una doncella sumisa o que extiende su palma para recibir migajas de sus gobernantes, sino la de una nueva ciudadanía que fue capaz de gestionar los costos y alcances de su crecimiento. Con suerte, ese contacto y elaboración de nuestro dolor, junto con la oportuna intervención de la pedagogía política –una tarea capital para los líderes- nos hará una mejor sociedad.  

Actualmente hay una sociedad que a pesar de haber sido sometida a la peor degradación, a una minuciosa desarticulación, está en el umbral de un proceso de reconstrucción. ¿Cómo enfrentar la curación de ese cáncer que ha hecho metástasis durante tantos años y en todo nivel, cómo extraer los modos de la destrucción sembrados en nuestra psiquis y fotografiados por nuestro entorno, y lograr recuperarnos a nosotros mismos? Algo muy complejo, sí, pero he allí un reto que debe animarnos y en el que debería imponerse la pulsión de vida.

A contrapelo de las pautas de una idiosincrasia que hablaba de un venezolano indiferente, frívolo, del todo desinteresado por los asuntos de la política (vale recordar que en la antigua Grecia el “idiotes” era un ciudadano que sólo se ocupaba de sus asuntos privados, nunca de los públicos), hoy nos estamos tomando en serio la tarea de repensarnos, de cuestionar al poder y los mitos que aún nos esclavizan, de afinar nuestra capacidad para la crítica y la autocrítica más dura. Esa preocupación globalizante e integradora uno la percibe en las colas, en las calles, en las asambleas de vecinos, en las redes, en casi cualquier espacio de intercambio social. La gente parece ir entendiendo al fin el valor de la autonomía. Eso te conmueve y reconforta.

Frente a la tiranía de la hegemonía comunicacional y la persecución a medios y periodistas, también cobra relevancia la actitud combativa por parte de colegas, a sabiendas de que sus observaciones y registros eventualmente brindarán la historia no-oficial, esa otra verdad que niega el régimen y que cada vez se le hace más difícil ocultar; asimismo cuentan las valiosas iniciativas de ciertas ONG, atentas a temas tan cruciales para el futuro como la formación de líderes. La dirigencia política, por su parte, también vive su propia depuración: en ocasiones víctima de sus vaivenes, lidiando con sus propios monstruos -que no son pocos- pero a la vez dando muestras de seriedad y compromiso.

En todo ello, en fin, y a pesar de que resistir tanto desmedro a veces parece imposible, veo un filón positivo que contrasta con la gravísima crisis. Muchos cambios profundos, a todo nivel, se están produciendo en esta especie de sociedad de transición: una sociedad que de ser un rompecabezas sin aparente solución, pasa a enfrentar el reto tremendo de rearmarse.

@soficarol21