Reporte 33
Las “mulas de medicamentos” en Venezuela
Reporte 33

BOGOTÁ Unas 10 o 15 veces a la semana, Jorge reempaca numerosos frascos y entonces avisa a su red de encomenderos. Siempre hay alguien dispuesto a llevar los paquetes a Venezuela en el equipaje.
No hay nada ilegal en estos envíos, y las medicinas por receta comienzan el camino para llegar a personas que las necesitan desesperadamente. Pero en Venezuela, donde estos actos de bondad con frecuencia se consideran una declaración política, Jorge quiere permanecer anónimo.

“Es sencillo”, dijo del secretismo. “Si me identificas, el gobierno pudiera acusarme de ser un traficante o un bachaquero”, los que revenden mercancía a sobreprecio y que con frecuencia son objeto de la ira del gobierno. “Cualquier cosa que yo diga puede usarse en mi contra”.

No es secreto que en Venezuela escasea casi todo, desde pollo hasta papel higiénico, azúcar y pañales. Pero la falta de medicamentos por receta, incluso de medicamentos de venta libre, es quizás lo peor. Y los venezolanos dependen cada vez más de esas redes de personas como Jorge –que viven en el extranjero– para seguir vivos.

Anaqueles vacíos
La Federación Farmacéutica Venezolana, un grupo del sector, informa que más del 85 de todos los medicamentos son difíciles o imposibles de encontrar en el país. Y aunque no hay manera de cuantificar cuántas personas han fallecido por falta de medicinas, la evidencia anecdótica es abundante.

En junio, la familia de Susana Duijm —actriz y modelo coronada Miss Universo en 1955— rogó en Twitter e Instagram para conseguir un medicamento contra la hipertensión después de estar hospitalizada. Pero a final de cuentas falleció. En marzo, una joven de 18 años falleció de una intoxicación por mariscos porque en el hospital al que la llevaron no había epinefrina ni oxígeno. Y la tasa de mortalidad infantil se ha disparado más del 100 por ciento entre el 2012 y el 2015, con frecuencia debido a la falta de suministros médicos básicos.
“La gente se está muriendo de enfermedades poco graves”, dijo Mildred Varela, de 45 años, quien lucha contra un cáncer de seno desde el 2014. Y para los que necesitan medicamentos contra el cáncer, difíciles de encontrar, los riesgos son elevados.

Después que Varela terminó su tratamiento de quimio y radioterapia el año pasado, le recetaron letrozole, un inhibidor que se usa para reducir el riesgo de una recaída. Pero demoró tres meses en conseguirlo.

Desde entonces, Varela y otros 66 enfermos de cáncer han formado Aconvida, una red que ayuda a sus miembros a encontrar medicamentos, en Venezuela o el extranjero. La medicina, que le llega de manos de un encomendero desde lugares como Miami, Madrid y Bogotá, literalmente le ha salvado la vida, dijo.

“No siempre se consigue la cantidad necesaria ni con la frecuencia que hace falta, pero ayuda”, agregó.

Varela dice que algunas de las mujeres han tenido metástasis porque han tenido que posponer o demorar el tratamiento debido a la falta de medicamentos, pero hasta ahora nadie del grupo ha fallecido.

La presión diaria de encontrar los medicamentos es particularmente cruel para los enfermos de cáncer, a quienes se recomienda que eviten el estrés durante la recuperación.

“¿Cómo voy a relajarme en una situación así? Mi frustración es muy alta porque tengo que estar tratando de encontrar las medicinas todo el tiempo”, dijo. “Me siento como si me hubieran lanzado al mar con una piedra amarrada al cuello”.

¿Guerra económica?
El gobierno venezolano culpa de la escasez a todo, desde “guerra económica” que libran sus enemigos hasta los traficantes colombianos. Hace unos meses, la ministra de Salud, Luisana Melo, dijo que el problema real era que los venezolanos se medican mucho, y les pidió ser más “racionales” en el uso de los servicios médicos.

Para complicar más la situación, Venezuela se ha negado a aceptar asistencia, a pesar de que la ONY exhortó el mes pasado a Caracas a “estudiar la aceptación de asistencia humanitaria”.

Esta actitud es desconcertante. Durante el período del auge petrolero, Venezuela fue uno de los países más generosos de la región y entregó miles de millones de dólares en asistencia e inversión a países latinoamericanos.

“El gobierno de Venezuela no acepta que tiene un problema”, dijo Freddy Ceballos, presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana, que representa al sector.

En vez de admitir que el sistema socialista ha fracasado, insiste en que distribuidores corruptos y fuerzas oscuras provocan la escasez.

Deuda elevada
Ceballos dijo que una combinación de controles draconianos de precios y cambio de moneda han destruido la industria farmacéutica venezolana. El gobierno le debe al sector $5,000 millones, dijo. Y sin ese dinero, los laboratorios locales no han podido pagar a sus suministradores internacionales. Aunque en Venezuela hay 22 plantas farmacéuticas, tiene que importar la gran mayoría de las materias primas, de manera que las divisas convertibles son algo crítico.

Abrumada por la fuerte baja en los ingresos petroleros, Venezuela se ha visto obligada a reducir las importaciones. Y en un país que produce poco más que crudo, esas reducciones se han reflejado en los anaqueles vacíos, un nivel de hambre cada vez mayor y un fuerte descontento. Pero incluso así, la situación venezolana es difícil de entender, dijo Ceballos.

“Ningún otro país exportador de petróleo tiene gente hambrienta en la calle o le niega medicamentos a su población”, agregó.

El sector farmacéutico ha estado en negociaciones desde enero, y aunque el gobierno ocasionalmente le entrega dinero, no es lo suficiente para cubrir las deudas o volver a abrir los suministros.

“Lo que necesitamos es un cambio de actitud”, dijo Ceballos. “La salud no puede esperar y todos los días hay gente muriendo”.

Medicamentos donados
Es ese sentido de urgencia lo que lleva a la gente a arriesgarse para llevar medicamentos a otros. Aunque no es ilegal llevar medicinas para una persona específica, transportar grandes cantidades sin la aprobación de las autoridades de salud venezolanas puede ser problemático. Hay viajeros que han reportado el decomiso de maletas llenas de medicinas en el aeropuerto.

Desde el año pasado, la Asociación de Venezolanos en Colombia (Asocvencol) ha enviado más de una tonelada de medicamentos donados. Muchas veces hacen los envíos en equipaje, pero recientemente envió 34 cajas llenas de medicamentos, aunque la organización se niega a decir cómo llegaron a Venezuela, que tiene sellada su frontera con Colombia desde hace más de un año.

“Como Venezuela niega que necesite nada, siempre hay el temor de que puedan decomisar [los medicamentos]”, dijo el presidente de la organización, Daniel Pages. “La realidad es que necesitan de todo, desde gasa hasta aspirina, pasando por cosas más complicadas como los medicamentos contra el cáncer”.

Las historias de personas que mueren por falta de medicamentos en casos de emergencia por lo general son las que generan titulares, pero para los que padecen de enfermedades crónicas la situación es igualmente complicada, aunque se refleja tanto en los medios. Durante más de una década, Francisco Valencia y su esposa han dependido de medicamentos para la supresión del sistema inmunitario y contra la hipertensión para proteger los riñones trasplantados.

Y esos medicamentos son cada vez más difíciles se conseguir. En los hospitales del gobierno, donde los inmunosupresores se deben entregar gratis, muchas veces ofrecen dosis reducidas para tratar de proteger las existencias, dijo Valencia, quien también trabaja con un grupo defensor de los derechos de los pacientes llamado Codevida.

En ese sentido, las donaciones del exterior ayudan a cubrir faltantes críticos.

“Lo que envían desde el exterior está salvando muchas vidas”, dijo. “Pero eso no va a solucionar la crisis en Venezuela. Necesitamos asistencia humanitaria en gran escala”.

Si la crisis venezolana del sector de la salud tiene tonos políticos, las enfermedades no. Ascovencol dijo que ha recibido solicitudes de medicinas de personas que trabajan en el gobierno socialista. Y Varela, del grupo contra el cáncer, dijo que su organización ayuda a todos sin distinción.

“Sólo las personas que tienen cáncer pueden entender por lo que están pasando”, dijo. “Cuando uno se enferma, la política no importa”.
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