Reporte 33
“Los órganos de seguridad del Estado se convirtieron en estructuras delincuenciales”
Reporte 33

Sofía Torres- Dossier 33

El subdirector del Centro de Investigaciones Populares (CIP), Alexander Campos, advierte que el país vive una realidad que atemoriza, ya que actualmente a la violencia del delincuente tradicional se le suma la delincuencia organizada, y también se le añade la que proviene de los organismos de seguridad del Estado. Comenta que tal panorama agrega un “elemento terrible” a la convivencia de los venezolanos: la impunidad.

Campos sostiene que no es nuevo que miembros de las fuerzas públicas  participen por cuenta propia o en grupos en actos delictivos, lo que sí es nuevo es que toda la estructura se convierta en delincuente. “Cuando un general, un capital o algunos de ellos se ponen de acuerdo para delinquir,  la participación es desde su posición oficial, pero ahora es toda la estructura que apoyándose en su condición va en contra del ciudadano”, alega.

El también profesor de la UCV señala que cuando hay un sistema político como el actual, las normas y  leyes de convivencia, con las que nos reconocemos como sujetos, quedan de lado y aquí se suspendieron, específicamente, cuando comenzó la revolución bolivariana. En este sentido, explica que surge una incertidumbre que se disipa con la violencia, y “lo peor es que los organismos de seguridad no son percibidos como parte de la estructura estatal”.

“Los regímenes totalitarios se asocian con los órganos policiales y militares para que garanticen el orden, la estabilidad y su permanencia en el poder,  a cambio brindan beneficios económicos, sociales y personales. Sin embargo, hoy llegamos a un grado de desorden tal que ese intercambio no es posible,  porque esos órganos no tienen una garantía mínima de seguridad”.

Campos apunta que la institución delincuente tiene presencia en casi todas las instancias del ciudadano, un amplio alcance territorial y cuenta con la fuerza, “no es lo mismo disponer de  las armas de una banda, que disponer de todo el armamento del Estado”.

“El ciudadano se hace más indefenso”, dice el docente y explica que  ante el delincuente aislado se puede reaccionar, ir directamente contra él –en este caso se ven los linchamientos-, todavía con una banda, la comunidad puede asociarse con otra banda  para buscar resguardo en su zona o quizás puede recurrir a la policía, pero cuando se da un paso más allá y está el delito institucionalizado, el desamparo es total.  “Ya ni siquiera está  la instancia política de la denuncia, porque hemos visto como ante la denuncia arrecia la represión”, indica.

El profesor universitario expone que ante esa circunstancia de desprotección, el ciudadano tiende a encerrarse psicológica y socialmente, y reina la desconfianza.

Precisa que la impunidad en el país para el pasado mes de octubre se ubicó en un 98%. Aclara que no existen números oficiales y este porcentaje es una estimación que se desprende de  organizaciones, especialistas y de testimonios de gente que habita en sectores populares, donde se llevan adelante las investigaciones del centro al que representa.

 

CIP

“En el centro estamos haciendo un trabajo de sistematización de 30 años de investigación, ya ha salido un primer libro, esa sistematización no solo se refiere a la violencia sino también a la  estructura del modo de vida popular del venezolano”.

Campos cuenta que en el tema de la violencia hay dos líneas de investigación. Con una de ellas cerraron un trabajo de campo que se desarrolló durante tres años y estudió la violencia de la mujer en Venezuela, cómo la practica; la otra línea se ocupa de la violencia en la vida cotidiana de las personas, cómo la violencia es la vía para dirimir las situaciones del día a día.

@soficarol21