Reporte 33
¿Por qué América latina importa a la UE y a España?
Reporte 33

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. América latina posee unas importantes cartas que jugar en este nuevo contexto que se abre con la ralentización de China y el giro aislacionista de los EEUU de Donald Trump. Las cartas que posee Latinoamérica tendrán aún mayor valor si encuentra un compañero de juego (la Unión Europea/España) en esa partida global que se está a punto de jugar.

En un excelente informe del Real Instituto Elcano, el investigador principal Carlos Malamud plantea que “España debe reforzar su presencia en América Latina, y para ello el liderazgo que pueda ejercer en la UE es muy importante. Si se cumplen las previsiones sobre un aumento del proteccionismo en EEUU no sólo habrá oportunidades para China en América Latina, sino también para España y la UE. En el mundo crecientemente incierto que nos toca vivir, jalonado por grandes transformaciones tecnológicas, España debe realizar un gran esfuerzo didáctico para explicar en Europa, en Bruselas y en las capitales nacionales, por qué América Latina debe importar a los europeos, pero también a los latinoamericanos por qué les debe importar Europa”.

América latina importa, y mucho, para España y para la Unión Europea (y de forma recíproca) por, al menos, cinco razones sobre las que se puede  reconstruir una alianza estratégica:

1-. En primer lugar por cuestiones geopolíticas

La crisis institucional del proyecto europeo, la económica que padeció España y fenómenos como el Brexit han debilitado a la UE y han reducido su peso e influencia en un mundo que asiste a la consolidación de China como segunda potencia mundial y a la emergencia de nuevas potencias como Rusia.

La UE debe empezar a recuperar el terreno perdido a escala mundial y un escenario propicio puede hacerlo es América latina sobre todo en la presente coyuntura en la que los EEUU de Donald Trump emprenden un viaje hacia el proteccionismo, el aislacionismo y el nacionalismo.

El eurodiputado socialista español Ramón Jáuregui se ha convertido en uno de los abanderados de la idea de que la llegada del nuevo Gobierno de Donald Trump en EEUU es una “excelente oportunidad” para que la Unión Europea (UE) desarrolle más sus relaciones con América Latina.

En una carta enviada a finales de 2016 a la jefa de la diplomacia de la UE, Federica Mogherini, el copresidente de la delegación europea en la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (EuroLat), hizo hincapié en que la UE debe aprovechar la “posible política nacionalista y proteccionista” del republicano para desarrollar una “política firme” en la región.

“La UE estaría en la posición adecuada para aprovecharse y ocupar el vacío reforzando los pilares político, comercial, de desarrollo y social de la Asociación Estratégica Unión Europea-América Latina y Caribe”, señaló Jáuregui.

2-. Por razones políticas

La UE y España son el símbolo del mundo occidental y América latina forma parte de ese Occidente. Las dos regiones comparten una historia en común y un conjunto de valores democráticos en un tiempo en el que, como en los años ´30, el modelo liberal-democrático se encuentra cuestionado.

Malamud recuerda que la UE y América latina tienen en común “la pertenencia a la sociedad occidental” y, por ende, unos mismos valores, lo cual va unido al peso geográfico, demográfico y de potencial económico de los países latinoamericanos, un continente “pacífico” -sin guerras- aunque con “mucha inseguridad ciudadana”.

Apoyados en esos pilares es sobre la que hay que edificar y reforzar una alianza estratégica entre la UE y la Celac frente a un mundo agitado por  la emergencia de los movimientos demagógicos (Donald Trump, Podemos o Marine Le Pen), autoritarios (la Rusia de Vladimir Putin) y los fundamentalismos.

Como apuntara Arturo Valenzuela, ex asesor principal de Barack Obama para América Latina, “estamos ante una crisis global que requiere cooperación y es difícil pensar que sólo un país por muy potente que sea pueda resolverlos”.

El bloque UE-Celac tendría un mayor peso en el concierto internacional y resultaría clave frente a estados autoritarios, antidemocráticos o que quieran poner en cuestión el orden internacional por métodos violentos.

3-. Por razones comerciales

La UE y España deben esforzarse en buscar nuevos mercados de exportación, más allá del propio mercado interno europeo, y a la vez ofrecerse como alternativa exportadora para los países latinoamericanos. Sobre todo para los centroamericanos, caribeños y al mexicanos cuando a estos se les cierra, o dificulta, el acceso al ámbito estadounidense.

De hecho, un punto clave sería también concluir después de tres lustros el tratado de libre comercio entre Mercosur y la UE sobre todo en el actual contexto en el que el Brexit golpea a la UE y el ascenso de Trump lo hace a los latinoamericanos.

Como señalara el canciller brasileño José Serra en su visita a Madrid: “En los momentos de incertidumbre los amigos tienen que unirse”.

La UE parte con una aventaja añadida y es que tiene acuerdos de libre comercio firmados con México, Chile, Centroamérica y con varios países andinos: el año 2017 arrancó con la incorporación de Ecuador al acuerdo comercial de la UE con Colombia y Perú.

La UE y España supondrían asimismo una apuesta por la diversificación de sus mercados de exportación para una América latina que oscila entre la chino-dependencia y la EEUU-dependencia.

Alemania, la gran potencia exportadora europea, ejemplifica muy bien los escasos vínculos comerciales de la UE con América latina. Como socio comercial, los 19 países de la América Latina representan en conjunto una porción muy pequeña del comercio mundial germano: 2.22% de las importaciones y 2.69% de las exportaciones. Los principales socios latinoamericanos son Brasil, México, Argentina Chile y Colombia, que sumados representan el 87% de las exportaciones hacia la región y el 83% de las importaciones desde la región.

Juan Carlos Martínez Lázaro, economista y profesor del IE Business School, suele incidir en que “España exporta más Portugal que a toda América Latina ya que hacia Latinoamérica solo dirige el 6% de sus exportaciones mientras que a Portugal supera el 7%”. Incluso, en 2014-2015, África, con el Magreb a la cabeza, sobrepasaba a América Latina en el ranking de exportaciones: 6,6% frente al 5,9%.

China desplazó en 2014 a la Unión Europea como el segundo socio comercial de la región, solo superado por Estados Unidos, una canasta exportadora que se concentra en cinco productos que representaron en conjunto el 69% del valor de los envíos de la región al país asiático en 2015.

El investigador del Real Instituto Elcano, Carlos Malamud, defiende que “allí donde América Latina exporta un mayor número de manufacturas o de productos con mayor valor agregado es a la UE”, lo cual convierte a este en un mercado que la región debería “potenciar y cuidar más”.

4-. Por los intereses empresariales

El vínculo entre la UE y América latina se ha fortalecido por la llegada de inversiones europeas (españolas, holandesas, alemanas) a Latinoamericana y por el más reciente desembarco de empresas latinoamericanas (mexicanas, colombianas y chilenas) en la UE, sobre todo en España.

La Inversión Extranjera Directa (IED) procedente de la UE en América Latina y el Caribe representaba en 2015 un 34%  de toda la IED, superando el volumen de las inversiones realizadas por la UE en Rusia, India y China juntas.

Para el caso de España, como señalan Alfredo Arahuetes y Alfredo Gómez en un informe en Política Exterior, “entre 2009 y 2015 América Latina volvió a ser el principal destino de la IED neta española (41,5 por cien) por encima de EE UU y Canadá (38,6 por cien), y del 4,8 por cien de los países de la UE-28”.

El total de la inversión directa española acumulada en Latinoamérica y en el Caribe en 2014 fue de 130.571 millones de euros.

El mayor volumen se concentra en Brasil y México, tercer y cuarto destino de la inversión española, solo por detrás de Estados Unidos y Reino Unido.

Por otro lado, pese a los vaivenes, se ha ido consolidando la presencia empresarial latinoamericana en Europa y sobre todo en España.

En 2014, la in­ver­sión pro­ce­dente de Latinoamericana alcanzó los 3.152 mi­llo­nes (12% del total), con un au­mento del 16,1%, aunque des­cendió en 2015, a 1.673 mi­llones de eu­ros, el 7,7% del to­tal,

Existe, por lo tanto, mucho en juego, de un lado y del otro para proteger las inversiones y sobre todo para aumentarlas en ambas direcciones.

5-. Una relación útil y alejada de la palabrería hueca

La relación entre la UE y España con América latina tiene que mostrar que es útil para los estados latinoamericanos y sobre todo para sus ciudadanos. Una relación que no solo hace más fuertes a la UE y a los países latinoamericanos en el mundo sino que contribuye a mejorar la calidad de vida a ambos lados del Atlántico.

En ese sentido más que grandes declaraciones y espectaculares cumbre, el vínculo debe estar basado en el pragmatismo. La UE y España tienen un “know how” en materias que son importantes y decisivas para América latina, para el salto y el cambio de modelo de desarrollo que necesitan dar estos países.

Por ejemplo, la UE tiene mucho que decir en la lucha contra la corrupción y muco que aportar en materia de construcción de estados más eficientes y eficaces por medio de políticas públicas. O en el terreno del combate contra la inseguridad ciudadana o de la mejora de los modelos y sistemas educativos.

Asimismo, América latina puede encontrar en la UE ejemplos de políticas económicas que han permitido mejorar la productividad, la competitividad, que han estimulado la innovación y el emprendimiento a la vez que han construido sistemas fiscales más eficientes.

En palabras de José Antonio Llorente, “España nunca podrá ganar relevancia internacional de espaldas a América. El español es la segunda lengua más hablada del mundo, una herramienta cultural de primer orden y un elemento clave para nuestra competitividad y relevancia global. Conviene que todos los países trabajemos en esa puesta en valor de nuestra cultura; sin paternalismos, como buenos amigos y colegas embarcados en un proyecto común. Tenemos un extraordinario acervo histórico conjunto, pero también (y sobre todo) un futuro mucho más brillante juntos que por separado”.