Reporte 33
¿Quién ama a Estados Unidos, los republicanos o los demócratas?
Reporte 33

 

Qué semanas hemos tenido en política.

Por un lado, la Convención Demócrata fue prácticamente una celebración de Estados Unidos. Por otro, el candidato presidencial republicano, presionado por el respaldo evidente que recibe de Vladimir Putin, elogió una vez más el liderazgo del presidente ruso, sugirió que está de acuerdo con su agresión en Crimea y exhortó a los rusos a hacer espionaje a Hillary Clinton. Y no, no fue una broma.

Sé que algunos republicanos sienten como si hubieran caído en una dimensión paralela. Después de todo, ellos suelen ser los que cantan “¡USA! ¡USA! ¡USA!”. Además, ¿no han pasado años sugiriendo que Barack y Michelle Obama odian a Estados Unidos, y que incluso tal vez apoyan a los enemigos de la nación? ¿Cómo fue que los demócratas terminaron siendo los patriotas aquí?

Pero los partidos no están experimentando realmente un intercambio de roles. El discurso de Barack Obama en la Convención Demócrata fue maravilloso e inspirador, pero cuando declaró que “lo que oímos en Cleveland la semana pasada no fue particularmente republicano”, estaba diciendo una pequeña mentira. En esencia fue muy republicano; la única diferencia es que estuvo menos disfrazado que de costumbre. La “incitación al resentimiento” de la que Obama se lamentaba no empezó con Donald Trump, y las banderas ondeando nunca tuvieron mucho que ver con el verdadero patriotismo.

Piénsenlo: ¿Qué significa amar a Estados Unidos? Seguramente significa amar al país que efectivamente tenemos. No sé ustedes, pero cada vez que regreso de un viaje al extranjero, mi corazón crece al ver la diversidad de mis conciudadanos, tan diferentes en su apariencia, su herencia cultural y sus vidas personales, pero todos ellos —todos nosotros— estadounidenses.

Ese amor al país no tiene que —y no debería—, estar exento de críticas. Sin embargo, los errores que encuentren y las críticas que puedan ofrecer deberían atacar que todavía no estamos a la altura de nuestros propios ideales. Si lo que les molesta de Estados Unidos es, más bien, el hecho de que ya no es exactamente como era en el pasado (o de la forma en que ustedes imaginan que se veía en el pasado), entonces ustedes no aman a su país… solo les interesa su tribu. Demasiadas figuras influyentes de la derecha son tribales, no patriotas.

Tuvimos una demostración de esta realidad en el discurso de Michelle Obama, cuando habló de lo maravilloso que era ver a sus hijas jugando en el césped de “una casa que fue construida por esclavos”. Eso fue una imagen optimista y, sí, patriótica, una celebración de una nación que siempre está buscando ser mejor, trascender sus defectos.

Cuarto día de la Convención Demócrata en Filadelfia Credit Damon Winter/The New York Times

Cuarto día de la Convención Demócrata en Filadelfia Credit Damon Winter/The New York Times

Sin embargo, lo único que escucharon muchos en la derecha —particularmente las figuras mediáticas que marcan la agenda republicana— fue una agresión a la gente blanca. “Ellos no pueden dejar de hablar sobre la esclavitud”, se quejó el comentarista Rush Limbaugh. Los esclavos la pasaban bien, insistió Bill O’Reilly, un presentador de Fox News: “Todos eran alimentados y tenían alojamientos aceptables”. En efecto, ambos hombres estaban diciendo que los blancos son su tribu y nunca deben ser criticados.

Esta misma urgencia tribal seguramente subyace en la retórica de la derecha respecto de la seguridad nacional. ¿Por qué los republicanos están obsesionados con que el presidente use la frase “terrorismo islámico”, cuando los expertos en terrorismo coinciden en que esto efectivamente dañaría la seguridad nacional, porque aleja a los musulmanes pacíficos?

La respuesta, argumentaría yo, es que el alejamiento de los musulmanes no es un efecto secundario que ellos han pasado por alto; ese es justamente el punto: todo se trata de trazar una línea entre nosotros (cristianos blancos) y ellos (todos los demás). Y la seguridad nacional no tiene nada que ver con eso.

Lo cual nos lleva de vuelta al bromance entre Vlad y Donald. Trump busca echar por tierra la reputación que hemos ganado arduamente como un aliado confiable. Lo mismo sucede con su apoyo a ciertas prioridades de Putin, lo que contrasta considerablemente con la vaguedad de todo lo demás que ha dicho sobre política. Además, Trump solo ha ofrecido evasivas a preguntas sobre sus vínculos comerciales con oligarcas relacionados con Putin.

Pero lo que más me asombra es el silencio de tantos republicanos frente a una conducta que habrían denunciado como traición viniendo de un demócrata, sin mencionar el apoyo activo a la postura de Trump entre las bases republicanas.

Lo que nos dice esto, creo, es que todo su ondear de banderas y las posturas militaristas no tuvieron nada que ver con patriotismo. Fue más bien sobre utilizar la supuesta debilidad de los demócratas en seguridad nacional como un mazo para aporrear a los adversarios en el país, y servir a los intereses de la tribu.

Ahora llega Trump, cumpliendo la voluntad de una potencia extranjera e invitándola a intervenir en nuestra política… y eso está bien, porque también le sirve a la tribu.

De modo que, si les parece extraño que en estos tiempos los demócratas parezcan patrióticos y los republicanos no, sencillamente no estaban prestando atención. La gente que ahora parece amar a Estados Unidos siempre lo hizo; la gente que de pronto ya no suena como patriota nunca lo fue.

The New York Times