Reporte 33
Venezuela: Estrategias que conducen al país hacia la colisión
Reporte 33

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. La estrategia del gobierno de Nicolás Maduro y la de la oposición antichavista solo tiene un desenlace posible a día de hoy: la colisión. Y eso porque unos y otros creen que les conviene que tenga lugar el choque de trenes debido a que de él consideran que saldrán victoriosos. La mediación internacional tiene difícil prosperar porque no existe un terreno abonado para ella y más bien predomina el guerracivilismo.

El antichavismo sueña con un referendum revocatorio celebrado antes del 10 de enero que signifique el final del régimen chavista. Nicolás Maduro se ampara en su control de las instituciones y en que detrás de sí están las FFAA. Además espera que la oposición, desesperada por las trabas legales, acabe dando un peso en falso y rompa con la legalidad.

El analista Micheal Penfold sostiene en Prodavinci que “el chavismo más moderado piensa que puede y debe posponer cualquier pronunciamiento hasta inicios del 2017, retrasar las elecciones de gobernadores, esperar un mayor desgaste del Presidente y, luego, presentarse como una alternativa viable para restaurar la gobernabilidad, sin necesariamente tener que convocar nuevas elecciones presidenciales. Según esta visión, ellos son un mal menor que el mundo opositor y la comunidad internacional tendrá que apoyar, al menos transitoriamente, y también que son el grupo llamado a restaurar la normalidad económica e institucional en Venezuela.

Dos estrategia frente a frente

El objetivo del régimen es impedir a toda costa que se celebre un Referendum Revocatorio en el que seguramente resultarían derrotados. El presidente de la encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León, cree que “existe un montón de chavistas que no se sienten representados por el Gobierno… si el referéndum revocatorio se hiciera hoy, el presidente Maduro perdería”.

Por ello, el régimen lleva días alegando defectos de fondo y de forma en la recolección de firmas que ha llevado a cabo la oposición lo cual invalida el proceso.

El vicepresidente venezolano, Aristóbulo Istúriz, ha afirmado que no habrá un referéndum revocatorio: “Aquí Maduro no va a salir por referéndum porque primero aquí no va a haber referéndum. (…) Ellos saben que no va a haber referéndum porque, primero, lo hicieron tarde, segundo, lo hicieron mal, y, tercero, cometieron fraude”.

Sin salida institucional, la única opción para la oposición es presionar al gobierno de Maduro desde la calle. La Mesa de Unidad Democrática está aprovechando el descontento para aumentar la presión para la realización del referendo revocatorio.

“La oposición sabe que la protesta es el único mecanismo para escalar la presión, y el gobierno necesita detener esa tendencia”, dijo a la AFP el analista Benigno Alarcón.

El gobierno, desde que en diciembre perdió la mayoría en el legislativo, ha dejado sin margen de acción a la oposición gracias a que controla cuatro de los cinco poderes del Estado. A través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), dominado por el chavismo, ya eliminó las facultades de control de la Asamblea sobre los poderes Judicial, Electoral y Ciudadano, y anuló una ley de amnistía para disidentes presos y otra de vivienda aprobadas por la mayoría opositora. Ahora todo indica que el TSJ rechazará la petición opositora de declarar ilegal el estado de excepción.

Por eso, el portavoz de la MUD, Carlos Ocariz, aseguró  que a pesar de que el gobierno insiste en que el referendo no se llevará a cabo, el proceso dependerá de “la presión popular” sobre las autoridades: “Hay un poder electoral que, en teoría, es autónomo e independiente. A ese poder electoral es al que hay que obligar a que cumpla con su deber de ratificar el derecho del pueblo al referendo”.

En cierto modo parece como si el régimen estuviera conduciendo a la oposición a un callejón sin salida para que el antichavismo traspase los límites de la legalidad y pierda legitimidad. Istúriz, aludiendo a las firmas entregadas por la oposición para que se active el proceso, ha dejado entrever esa posibilidad: “Tendrán que matarnos a todos nosotros antes de darnos un golpe parlamentario”. Y en la oposición también son conscientes de hacia donde conduce todo este proceso.

“O se construye con votos una alternativa para rescatar al país o el Gobierno está forzando a un desenlace con la sangre del pueblo. No queremos violencia, pero Maduro apela a la ley de la selva”, ha sido la reflexión del líder opositor Jesús Chuo Torrealba.

La sombra del “Caracazo”

Pero esa estrategia es muy peligrosa porque puede desencadenar un estallido social en el que se aúne una elevada frustración política con la desesperación económica (250% de inflación, desabastecimiento) y social (altos niveles de inseguridad ciudadana).

Eso en Venezuela tiene un nombre propio: “Caracazo”.

El “Caracazo” fue una explosión de rabia y violencia ocurrida en la capital venezolana en 1989 contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Se trata de un fenómeno que ha quedado en el adn político y que pende como una espada de Damocles sobre los gobiernos del país que temen que pueda repetirse.

En la actual coyuntura, la alta inflación, el desabastecimiento, la inseguridad ciudadana y la falta de liderazgo del gobierno de Nicolás Maduro(huérfano del carisma de Hugo Chávez) han creadoun caldo de cultivo donde algunos empiezan a ver, y otros a agitar, el fantasma de la rebelión popular.

El “Caracazo” (que comenzó como un protesta contra la subida de impuestos decretada por el gobierno) causó miles de muertos, enormes pérdidas económicas, debido a los disturbios y asaltos que se produjeron, y condenó a muerte a un gobierno, el de Carlos Andrés Pérez y a un régimen, el de la IV República.

De hecho, el chavismo es hijo directo del “Caracazo”, legitimador último de la Revolución bolivariana como el propio Nicolás Maduro admitía en 2013:  “Hoy tenemos que valorar que si efectivamente hace 24 años se dieron órdenes para usar las armas de la República contra el pueblo, luego, tres años después, esas armas de la República se alzaron contra la burguesía”.

“Todavía está fresca la huella de aquel lunes 27 de febrero, martes 28 de febrero y miércoles 1 de marzo de aquel año 1989, cuando un pueblo vivió horas históricas, un pueblo que se lanzó espontáneamente a las calles con un solo grito de libertad”, recordó Maduro. Al régimen chavista el recuerdo del “Caracazo” también le sirve para asustar y amilanar a sus enemigos y rivales.

En el subconsciente colectivo todavía perviven los recuerdos de aquellas jornadas en las que bandas de asaltadores recorrían una Caracas sin ley ni orden.

De producirse un estallido social, la gran duda es si las FFAA enfrentarán la revuelta, como en 1989, o tienen tan interiorizado el síndrome del Caracazo que no se enfrentarían “al pueblo”.