Reporte 33
Víctor Maldonado: Se perdió el primer trimestre de 2016 para la recuperación económica
Reporte 33

Por Sofía Torres

@soficarol21

Con el cierre del mes de marzo, el Director Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Caracas, Víctor Maldonado, da por perdido el primer trimestre de 2016 en términos de productividad, ya que ese lapso pudo estar destinado a la rectificación de las políticas económicas y lo que se evidenció, por el contrario, fue la ratificación de las mismas.

Maldonado considera que se vive una primitivización de la sociedad y que el principal problema que afecta al sector comercial es el controlismo, porque en una economía que se controlan desde las divisas hasta las relaciones laborales, el fracaso está asegurado. Alega que continúan los mismos problemas asociados a una forma de hacer gobierno que va en contra del sentido común.

Sostiene que no pierden el tiempo en atacar a los bachaqueros; su aspiración es la redefinición del sistema para garantizar las libertades económicas y los derechos de propiedad.

La destrucción de la lógica de mercado

Los costos que se afrontaron tras la declaración de toda la Semana Santa como no laborable se aprecian en dos dimensiones: una en las malas señales que sigue dando el gobierno al no entender que la productividad y recuperación del país se construyen todos los días y trabajando, no con la declaración de feriados. La otra, en los propios costos en lo que tuvieron que asumieron los comercios al pagarles el doble a sus empleados y los que no lo pudieron hacer, tuvieron que permanecer cerrados. Esto se reportó en todo el país.

Las pérdidas que dejó  la Semana Mayor no las hemos terminado de cuantificar, pero es posible calcular que si el PIB son 130 mil millones de dólares anuales, el 1% que no se trabajó es el costo neto de una decisión que perseguía el ahorro energético.

Revertir esas pérdidas no es posible en el corto tiempo, estamos sometidos a una inercia

 destructiva del sector empresarial y de Venezuela. Al 31 de marzo ya damos por perdido el primer trimestre de 2016, lo que se decidió no tuvo impacto en el ánimo emprendedor de la vitalidad productiva del país. Siguen presentes los mismos problemas, asociados a una forma de hacer gobierno que va en contra del sentido común. Los controles de cambio, de costos y de precios, junto a la desinversión, la indisciplina fiscal y la exacerbación compulsiva de demagogia, conduce a lo que vivimos: inflación, escasez, desempleo y pobreza.

Vivimos una primitivización de la sociedad que toca lo económico, lo social y lo político y esos costos se van haciendo irreversibles en la medida en que se dejan agravar. Tendremos un país tan lastimado que curar esas heridas demandará mucho tiempo y muchos recursos.

El problema que más afecta al sector es el controlismo. Una economía en la que se controlan desde las divisas hasta las relaciones laborales es una economía condenada al fracaso. No desperdiciamos tiempo en atacar a los bachaqueros, lo que aspiramos es que exista una redefinición del sistema que garantice las libertades económicas y el respeto a los derechos de propiedad.

El primer trimestre del año se perdió porque esos 90 días en los que se pudo haber rectificado en las políticas económicas se ratificó la lógica de las mismas. Se modificó el régimen cambiario por otro similar pero con más devaluación; lo que esperaba el país era la unificación del tipo de cambio que es una hoja de ruta para su liberalización. No se eliminó la Ley de Costos y Precios, incluso se amenaza con su perfeccionamiento; se continúa coaccionando a las principales empresas y se sigue impulsando la desinversión.

No se atina con la búsqueda de soluciones y permanece el mismo discurso. Se atina en la duplicación del desabastecimiento, el mantenimiento de la escasez que se inició en 2015 y menos empleos. Y para colmo, el gobierno tampoco tiene cómo atajar la crisis eléctrica.

El deterioro y principio del colapso comenzó en el año 2007. Desde ese momento luchamos por una rectificación de las políticas económicas y contra el mensaje del gobierno que se empeña en señalar al empresariado como especulador y acaparador.

Siempre ha habido controles económicos pero nunca tan exacerbados como los actuales y con amenazas increíbles a los derechos de propiedad. Estamos ante la destrucción de la lógica de mercado y cada vez que esto ocurre en un periodo histórico, lo que queda es este autoritarismo ineficiente que somete a los ciudadanos a hacer colas, a la regulación de  productos y a un estado de demagogia y pobreza incapaz de defender la fortaleza de la moneda.

Hemos sido testigos de los esfuerzos de Fedecamaras, Conindustria y demás cámaras sectoriales para presentar propuestas al gobierno. La trama de soluciones del oficialismo  tiene que ver con lo que llamamos controlismo.

En el ranking de los miserables

El gobierno patrocinó y facilitó el default; ahora resulta que Venezuela no tiene crédito comercial en ninguna parte del mundo. Además está entrampado con la falta de divisas ya que no se acumularon reservas para este periodo en el que cayó el petróleo.

La deuda del sector comercio no es menos de 10 mil millones de dólares y las reservas están en alrededor de 13 mil millones de dólares. Hay que sacar las cuentas con sensatez y preguntarse cómo hacer para frenar el desabastecimiento. El gobierno evade esa situación cada vez que se sienta a dialogar con el sector privado.

Siempre se puede esperar que la situación empeore. Ya el desabastecimiento es crítico, no hay jabón, leche, pastillas anticonceptivas, analgésicos, tratamientos para el cáncer. No se consigue lo esencial del consumo venezolano como la harina de maíz precocida.

La combinación de desabastecimiento, inflación y desempleo nos coloca en el primer lugar del ranking de países más miserables del mundo, según Bloomberg. De acuerdo a estudios de la Universidad Católica Andrés Bello, la pobreza ya supera el 75% de las familias venezolanas, la mitad de ellas ya están pasando hambre. ¿Qué vamos esperar?, ¿a que el 100% de la población deje de comer?

Es irresponsable y criminal perder el tiempo al tratar de buscar soluciones dentro de la misma lógica que provocó la crisis. Mientras se siga pensando en términos del Socialismo del Siglo XXI con mecanismos autoritarios de controles de la economía, seguiremos acumulando inflación, escasez, desempleo y pobreza.

 

 

 

La agenda gubernamental

Ante los saqueos no hay formas de hacer menos vulnerables a los comercios cuando todos los establecimientos que venden productos básicos están sometidos al rigor de las colas que se forman permanentemente en las calles. El orden público corresponde al gobierno nacional.

El gobierno dejó que las colas continuarán y decidió no hablar más de eso. A excepción del Vicepresidente Aristóbulo Istúriz, quien admitió la existencia de saqueos durante el asueto de la semana mayor, ese tema no forma parte de la agenda gubernamental.

Cuando el miedo, el secuestro y la inseguridad en general se convierten en la cotidianidad y narrativa que preocupa a la gente, repito, es irresponsable y criminal que las autoridades no atiendan esa urgencia. La represión, la impunidad y la mala política económica nos llevan ante un Estado fallido.