Sex33
Eres un enfermo del cibersexo
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J. R. ALONSO DE LA TORRE/ www.hoy.es

 

Según el Observatorio de Internet, una de cada 20 parejas nace gracias a la Red, que es la culpable del 25% de los divorcios y de 2’5 millones de ‘adulterios’

Un escalofrío de incertidumbre recorre La Frontera. Donde menos se espera salta la liebre ‘virtual’. Las parejas desconfían cuando, al entrar en el despacho, él, o ella, hace un rápido movimiento digital y en la pantalla aparece un solitario. El otro día, en el autobús urbano de la cacereña línea 2, una madre contaba que su hija se había ido a vivir a Guadix con un callista al que había conocido por Internet. Y la buena señora razonaba que, antes, los novios eran de Trujillo o de Torrejoncillo y con un par de llamadas una se ponía en antecedentes. ¿Pero cómo te pones en antecedentes con un callista de Guadix?

La mitad miente

El cibersexo está desquiciando las costumbres. Los datos del último informe del Observatorio de Internet no dejan tranquilo a casi nadie. Para empezar, la mentira domina la red: la mitad de los cinco millones de españoles que chatean miente. Y de cada tres usuarios de Internet, uno chatea. Se estima que una de cada 20 parejas que se forman en España tiene relación en su nacimiento, de una u otra manera, con Internet.

Lo grave es que el 25% de los divorcios también tiene relación con la red y, el acabóse, en España se producen al año dos millones y medio de ciberadulterios, de los cuales, el 10% se consuma físicamente, o sea, 250.000. En la red hay espacios con nombres tan obvios como sexocasadas.com. Pero también se dan los abusos, las extorsiones, los chantajes.

Estas situaciones lamentables han llegado a La Frontera: en Badajoz, un fiscal pide siete años para un hombre que drogó a la persona con quien se había citado a través de un chat. Según el Observatorio de Internet, hay redes dedicadas a captar infieles para después extorsionarlos mediante grabaciones en vídeo.

Hay incluso falsos seductores virtuales que se apuestan en la red a la espera del incauto o la incauta, a quien enamoran utilizando lenguajes preestablecidos marcados por dos pautas: las mujeres de Internet que más atraen son las exóticas y los hombres que más encandilan son los atentos.

El cibersexo da para mucho. Ahora está de moda acceder a redes de pago para establecer una relación que permita entrar más fácilmente en España a partir del amor. También abunda la prostitución encubierta, que el Observatorio de Internet estima en 5.000 cibernautas. En ese campo, llaman la atención las discusiones que el cibersexo está provocando en los foros religiosos, sobre todo en el mundo árabe, donde no acaba de quedar claro si el cibersexo es penalizable. ¿Lo virtual es pecado mortal?

Si hay que seleccionar una idea sorprendente relacionada con este furor cibersexual, nos quedamos con las webs para casados y casadas que quieren ser infieles con cobertura. En ellas se encuentra pareja, se prepara la cita y desde la web te ofrecen buscarte una coartada para la infidelidad, llamando a casa para comunicarle a tu pareja que te avise de una reunión de negocios o de una convención.

En cuanto a las últimas novedades que inquietan, está la de adolescentes que se ofrecen a masturbarse ante la webcam de su ordenador después de que su interlocutor les haya hecho una recarga de 20 euros en su número de teléfono móvil.

Cuentas

El fenómeno crece imparable. Sólo en la red de chats IRC-Hispano hay ya 250 portales del tipo dejatequerer.com. Manejan tres millones de cuentas de usuarios. En La Frontera, cuando los escolares faltan a clase, la mejor manera de encontrarlos es buscándolos en el cibercafé más próximo. En estos locales, que son al siglo XXI lo que los futbolines y los billares a los años 70, los estudiantes chatean por la mañana con coleguillas de México, que a esa hora manejan su verborrea seductora del anochecer para encandilar: «Te deseo, no más…».

En La Frontera abundan los talleres para jóvenes sobre la droga, el SIDA, el sexo o la alimentación sana, pero nadie los orienta todavía sobre las trampas y amenazas del cibersexo.