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La guía definitiva para tener el sexo más ardiente de tu vida
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Quítate los miedos porque probablemente entre esos deseos ocultos que tienes y que consideras tan lascivos y perturbadores, se encuentren algunos de los fetiches más comunes. Pide por esa boquita, puede que quien te acompañe en la cama esté más que de acuerdo, deseoso.
Animar nuestra vida sexual no tendría por qué ser una cuestión complicada, pero muchas personas se sienten incómodas cuando les toca pedir un poquito de innovación. ‘¿Es que no lo hacemos lo suficiente?’, podrá replicarles su pareja. Pero no se trata de cantidad sino de calidad.

Hablando en plata: te aburres en la cama y necesitas que el sexo sea algo más excitante. Vale que el misionero os queda fantástico y de vez en cuando probáis alguna de esas posturas definitivas para alcanzar el orgasmo y la claváis. Ideas que más o meno funcionaron pero sigues anhelando sorprenderte en tus encuentros carnales y probar cosas nuevas… Que te dan una vergüenza atroz pedir.

Pues quítate los miedos porque probablemente entre esos deseos ocultos que tienes y que consideras tan lascivos y perturbadores, se encuentren algunos de los fetiches más comunes. Pide por esa boquita, puede que quien te acompañe en la cama esté más que de acuerdo, deseoso.

A la sombra de Grey: prueba esclavitud

No es necesario comprar mordazas de cuero, esposas, cadenas y otros utensilios que encontrarás en la sección de sadomasoquismo. El conocido como ‘sexo bondage’ –que proviene del término francés e inglés que significa ‘esclavitud’ o ‘cautiverio’– es una tendencia relacionada con el BDSM que puedes practicar sin necesidad de florituras al estilo casero. Siempre preguntando a nuestro acompañante si le parece y/o apetece atarnos de manos o dejarse amarrar las muñecas con una simple corbata; cubrirnos los ojos con un pañuelo; o inmovilizarnos con las mismas cuerdas de tender en una silla o cama, pueden dar un giro a nuestras relaciones sexuales y volverlas mucho más satisfactorias sin necesidad de que nadie salga dañado.

Pisando fuerte

Para muchos y muchas, los zapatos de tacón simbolizan la dominación femenina. Algo aparatosos pero de lo más sexy, pedirle que se los deje puestos mientras practicáis sexo se convertirá en un juego divertido para los dos (aunque puede resultar algo doloroso las primeras veces hasta que aprendáis a evitar rozaros y clavaros los afilados tacones).
Sin venirnos más arriba, lo cierto es que la zona de los pies es una de las más cotizadas por cientos de fetichistas que disfrutan de lo lindo mirando, tocando, mordisqueando o lamiendo las extremidades de sus acompañantes. Y si pasamos del masaje erótico al pisoteo será una forma sencilla de añadir algo de dominación y sumisión a nuestros juegos sexuales.

Se mira pero no se toca

El voyeurismo es uno de los fetiches más comunes, pero peor vistos. Y no es de extrañar si tenemos en cuenta que esta tendencia incluye excitarnos observando a personas extrañas practicando sexo, pero sin que nos puedan ver. De hecho, tal y como demostró una investigación publicada en la revista ‘Archives of Sexual Behavior’, más del 10% de los hombres reconoce haber tenido al menos un comportamiento ‘voyeur’ alguna vez en su vida.

Nadie dice que os pongáis a espiar a los vecinos, ni mucho menos. Pero ver algo de porno juntos puede aliviar esas ansias de ver como otros cuerpos desnudos se excitan y practican sexo. Otra idea: observar a tu pareja mientras se ducha o masturba fingiendo que ninguno de los dos es consciente de la presencia del otro, aliviará tu fantasía oculta.

Mueve su ‘cucu’

No necesariamente relacionado con el sexo anal, la fantasía de mirar, tocar, agarrar e incluso oler las nalgas de otro o palparlas con firmeza, se encuentra entre uno de los fetiches más comunes. Y hasta tiene nombre: la obsesión por tocar culos se llama pygophilia, y aunque es mucho más común en varones, tanto heterosexuales como homosexuales, también hace las delicias de cientos de mujeres que ansían que les agarren el culo cuando mantienen relaciones sexuales. Claro que son demasiadas las que se sienten un poco avergonzadas por querer una cachetada a tiempo, y optan por callar.

Puede que estés pensando que lo raro es que alguien se pase por alto el acariciar y palpar esta mullida y atractiva parte del cuerpo cuando practica sexo, pero, lamentablemente, es mucho más normal de lo que crees. Tampoco te lances a azotar a nadie sin avisar, recuerda la idea es sorprender no aterrorizar.

‘Uy, que nos pillan’

Hay quienes se sienten tan atraídos por el exhibicionismo que incluso imaginan que alguien les escucha o puede ver cuando están practicando sexo, aunque las paredes estén insonorizadas y las ventanas cerradas a cal y canto. ¿Y si lo pruebas? Quizás el riesgo de que alguien pueda encontraros en paños menores en un baño público, dentro del coche o en un parque infantil sea excesivo, pero como juego podría ser el preliminar definitivo para que volváis corriendo a vuestra zona de confort y el sexo sea realmente excitante.

El Confidencial/Informe21