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“El sector construcción sufre una caída de 90%”
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Sofía Torres – @soficarol21

El ingeniero civil Fouad Sayegh, presidente de Vías del Sur, Visur, se declara un constructor, condición que “se lleva en las venas”, por eso apuesta al país y trabaja por mantener operativa su empresa, ya que después habrá mucho que hacer, que reactivar.

Sayegh sostiene que el sector construcción está deprimido, reporta una caída importante desde aproximadamente cuatro años, desde el gobierno de Nicolás Maduro, hoy en día ronda el 90%.  En ese sentido, señala que producto de las nacionalizaciones se vinieron a menos las acerías, en especial Sidor, y las cementeras, dos aspectos fundamentales en la industria. “El acero está en menos del 10% de su capacidad instalada, y las concreteras, en menos de 40%”.

Menciona que hay una población que soporta la actividad del sector, la masa trabajadora, en la que actualmente hay cerca de un millón doscientos mil desempleados, y aunque en las capitales de estado se ven construcciones y movimientos, son obras puntuales, hacia el resto del territorio, “no hay nada”.

Ley de Licitaciones, sana competencia

Visur se dedicaba a las obras públicas, pero desde hace 9 años decidió dejar de prestarle servicio al Estado-cuenta el ingeniero- porque no ofrecía la posibilidad de participar en procesos de licitación.

“Hasta el año 89, no existía la Ley de Licitaciones. Había para aquel entonces empresas estatales muy importantes que mantenían una cultura de licitar, por ejemplo Edelca, Metro de Caracas, entre otras, buena parte del resto adjudicaban directamente. Cuando entré a la industria, en los años 80, era subcontratista, para ser contratista directo tenía que ser amigo del ministro o compadre de un director”, recuerda Sayegh, quien  ingresó al gremio con la motivación de revertir  la injusticia en el otorgamiento de obras.

“Sabíamos, desde otras latitudes,  que los procesos más transparentes eran los que se hacían mediante licitación, desde  la Cámara Venezolana de la Construcción, empecé a trabajar con un grupo de personas con aspiraciones iguales, a impulsar la Ley de Licitaciones, lo que se convirtió en la bandera de la cámara. Se logró  y fue increíble cómo a partir de ese momento las empresas que vivían de los contratos, prácticamente desaparecieron, tenían que competir con las empresas que realmente ejecutaban las obras, las que eran subcontratadas.  Qué mejor cosa para el mismo Estado, pues los precios que estimaba el ministerio eran superiores a los que resultaban de la competencia y se mantenía la buena calidad”.

Sayegh recuerda que la normativa funcionó una década y lo hizo bastante bien porque todos los órganos estatales tenían que tener su comisión de licitación y eso fue así hasta mediados del segundo gobierno de Rafael Caldera. Agrega que cuando el presidente Chávez llegó, todavía se licitaba, pero cambiaron las leyes, en vez de mejorarlas, las flexibilizaron para desaparecer la competencia.

“Las empresas suministradoras de los principales materiales, acerías y cementeras, estaban privatizadas, y aportaban de manera eficiente y con calidad los productos, pero llegó la revolución y ya sabemos el resto. Cuando no hay buena gerencia ni capacidad directiva, con profesionales calificados, se vienen abajo las industrias. Teníamos las mejores cementeras del mundo. El deterior está a la vista”.

Inmigración de empresas, ataque a la industria nacional

La misma adjudicación de obras ha sido un factor negativo para el sector, apunta el ingeniero, al tiempo que dice que con la construcción de viviendas han invitado a rusos, bielorrusos, chinos, turcos, brasileros y portugueses  y el gobierno les paga en dólares. “Una vivienda de aproximadamente 60 metros, a nivel internacional, con terreno, debe estar en unos 40 mil dólares, con las cifras que se han conocido de la inversión destinada a la Gran Misión Vivienda Venezuela, el costo asciende hasta 80 mil dólares”, advierte.

El empresario indica que en Venezuela  jamás se pensó en buscar constructores de viviendas en el extranjero, ya que siempre aquí ha habido una buena capacidad instalada. Alega que este cambio es de carácter político, porque el presidente Chávez no creía en la empresa privada como generadora de bienestar y le satisfacía más contratar gente de afuera.

Compromiso con las comunidades

“La responsabilidad social empresarial siempre ha existido, y no nació con la presidencia de Chávez. Todas las empresas en los sitios donde tienen asiento y trabajan, establecen compromisos con las comunidades. Nosotros conservamos eso con nuestros trabajadores, empleados y obreros, con programas de ayudas directas, contempladas en cláusulas del contrato colectivo, y beneficios de distracción una vez al mes”.

Sayegh manifiesta que se trata de una política correcta y ratifica el espíritu de ayuda, de colaboración, que todo empresario tiene, y que muchas corporaciones  mantienen  su responsabilidad social aún con baja operatividad.

El ingeniero afirma que cada vez que su organización desarrollaba un proyecto en alguna localidad, investigaba qué escuela necesitaba asistencia y la dotaban de insumos o reparaban sus áreas.

“Hay mucho que reconstruir”

“En nuestro caso estamos a menos del 20% de nuestra capacidad instalada, eso significa que no hay utilidad y solo mantenemos la empresa, hasta ver cómo puede mejorar la situación. Justamente porque soy constructor, eso lo lleva uno en las venas, la intención es conservar un nombre, que tiene más de 40 años, y reconstruir el país. Creo que es el mismo espíritu de todas las empresas del gremio”.

En tiempos de crisis, precisa Sayegh, hay que poner a trabajar a la gente, y el sector construcción se reactiva rápido y absorbe gran cantidad de mano de obra.