Opinión
En vez de castigarnos, démonos un regalo. Por Florencia Marcano Salazar.
Opinión

En muchos países del mundo, especialmente en los de latinoamérica, los ciudadanos no aplicamos, la mayoría de las veces, criterios idóneos para elegir a nuestros representantes en los diferentes cargos de elección popular. Optamos por opiniones sesgadas, partidismo, “farándula”, o en algunos casos por oportunismo y hasta por diversión; eligiendo así a quien con total seguridad (o por lo menos con un alto porcentaje de probabilidad) no cumplirá con lo planteado -o prometido- en campaña, suponiendo claro está que haya presentado un “plan” para el cargo a postularse; el mismo porcentaje de probabilidad se adjudica a la posibilidad de que no resolverá ni cumplirá cabalmente con las funciones inherentes al cargo correspondiente.

 

Si bien no aplica este “criterio” en todos los casos, hay un porcentaje considerable de ocurrencia de estas acciones. Y de ahí provienen y derivan muchos de los grandes problemas sociales, económicos y hegemonías partidistas dentro de las sociedades. Es un error pensar que la política no afecta el desenvolvimiento de la vida de los ciudadanos, también es un error confundir política partidista con las políticas públicas que debe desarrollar y aplicar un Estado en pro de sus ciudadanos.  Últimamente la política se ha degenerado hasta el punto de considerarse como “normales” premisas de “para ser político hay  que ser corrupto” u otra forma de decirlo “político que no es corrupto no es político“; los ciudadanos parecemos no entender que de ese modo, apoyando o justificando ese tipo de acciones, somos igual de cómplices del desmejoramiento de nuestro propio entorno, municipio, estado e incluso país.

 

Si separamos en este punto a la sociedad entre: ciudadanos y representantes políticos de los ciudadanos, debemos asumir las responsabilidades de ambas partes. Los ciudadanos debemos comprender que elegir el mejor representante político es proporcional al desarrollo de la sociedad en la que estamos, por esa razón es tan importante e incluso vital la correcta elección. No dejarse llevar por promesas de campañas, si no apoyar aquel que demuestre con hechos su trabajo político, su compromiso con la nación y sobre todo comprender que no es mejor candidato aquel que más califique de un modo u otro a sus contrincantes, muy al contrario el mejor candidato es aquel que menos confronta a los otros y más propuestas, hechos y desarrollo muestra para los que realmente estaría destinado a ejercer el poder y la responsabilidad: a los ciudadanos.

 

Los diferentes candidatos deben comprender que ejercer un cargo de elección popular, pertenecer a un gobierno, los desvincula automáticamente como activistas políticos de un partido y los vincula directamente con TODOS los ciudadanos que estén bajo su responsabilidad en el tiempo de duración en ejercicio. No les responden, una vez allí, a ningún partido, pero si a los ciudadanos, sin distingo. Ejercer un cargo público no es para mejorar “status personal”, es una vocación de servicio para, desde esa posición dentro de la sociedad democrática, contribuir con el desarrollo de un municipio, estado y nación. La suma de todas las acciones individuales de los miembros de un país dan como resultado la sociedad que conforman. Son responsabilidades individuales con impactos colectivos.

 

Se requiere educación, formación y motivación política para ciudadanos y para quienes aspiran y forman parte de la política, enfocada a las políticas públicas y de Estado y alejadas de lealtades a partidos políticos específicos. Pertenecer a un partido político dentro de una sociedad es requisito indispensable para la vida política (aunque todo ciudadano puede ejercer sus derechos políticos sin necesidad de pertenecer obligatoriamente a un partido político), pero si éste interfiere en el real y correcto desenvolvimiento de la sociedad, no está cumpliendo con su verdadera función dentro de una sociedad democrática. Ningún partido político debe ejercer manipulación ni chantaje sobre los ciudadanos, por ningún concepto, razón, motivo o causa. El ciudadano debe ser respetado y sobre todo ejercer su autorespeto.

 

Como ciudadanos debemos entender y comprender que los políticos que ejercen cargos de elección popular son realmente responsabilidad de nosotros, pues quienes los llevan al lugar en donde se encuentran somos los ciudadanos, una vez que los seleccionamos como nuestros representantes. Comprender eso nos llevará al innegable callejón sin salida que es: la responsabilidad compartida. Cada cargo de elección popular es importante, no existe un único cargo que resolverá todo, de allí que es tan significativo ejercer nuestro derecho al voto en las elecciones, pues nuestro futuro está relacionado directamente con ello.

 

Saber elegir pasa por el análisis y clara explicación de qué hace quién, la desinformación política y la manipulación a conveniencia de ello, genera también una fuga de conciencia política en los ciudadanos. La política no es un juego, ni algo que deba ser tomado a la ligera, como: “ya voté, ya salí de eso”, al contrario en ese punto apenas está comenzando, en ese instante de selección comienza nuestra responsabilidad individual a sumarse a los resultados colectivos. Debemos entender realmente nuestra importancia, relevancia y la trascendencia de ese momento, de esa elección. Un representante político no se elige porque es el que más me agrada, porque pertenece a mi partido, por emocionalidad o porque es el que más publicidad tiene, se elige porque realmente cuenta con los valores, principios, compromiso, responsabilidad y con un discurso más allá de las palabras, porque al verlo actuar, al escucharlo hablar, al constatar los resultados de su gestión me siento representado como ciudadano.

 

Debemos comprender realmente nuestra responsabilidad social y política, nuestro compromiso con el futuro de nuestro entorno (de lo micro a lo macro); si bien un representante político no es un mago que convertirá a mi sociedad en la imagen de la perfección, si tendremos un considerable respaldo de que en los problemas habrán soluciones, tendremos respuestas, seremos escuchados, atendidos y sin lugar a duda representados. Por eso considero, que antes de ejercer nuestro derecho político, debemos no dejarnos arrastrar por las emocionalidades de las campañas, si no ser analistas, conscientes, sopesar todas las opciones y pensar no en el “cual me beneficia más en lo particular“, si no “cuál beneficia más a TODOS”. Debemos comprender que el rumbo de una nación, de una sociedad depende de nuestras decisiones políticas como ciudadanos y debemos comprender también que sin importar el tiempo de duración de un cargo en específico, ese tiempo en el que esté un buen o mal representante significa para la nación un adelanto o atraso que sin duda impactará en el futuro próximo.

 

Pensemos en nuestro futuro, con coherencia, no con inmediatismo. Pensemos en nuestro compromiso con la nación en la que nacimos (o en la que adoptamos como nuestra) y sobre todo en nuestro compromiso social, en nuestra responsabilidad como miembros de ella.

 

Gracias. Muchas gracias.

Florencia Marcano Salazar

@FlorMarSal

 

Dossier 33

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