Opinión
Es el hambre, Maduro
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El murmullo generalizado es que Maduro se va, que está a un tris de renunciar, que lo van a tumbar, que se cae o que no resiste una tenue brisa para abandonar las  funciones que en mala hora le adjudicaron. Es el anhelo diario de millones de venezolanos – en esas magnitudes hay que medirlo- que al mismo ritmo de las horas tropieza con una realidad distinta a sus aspiraciones; cada día Maduro se presenta con un uso abusivo, eso es este régimen, de los medios de comunicación para anunciar nuevas medidas: decretos de emergencia, estado de excepción y amenaza con el de estado de conmoción como si  ya no lo estuviera la nación con su infame e incompetente  presencia.

Maduro no se quiere ir. La esencia del poder le impide hacerlo, su obligación es mantenerlo y conservarlo como sea. “Nicki” no conquistó el poder, lo heredó dejando perplejo a un buen número de chavistas conocedores de las limitaciones intelectuales, culturales y políticas del personaje de marras. Cómo fue posible tal acontecimiento es una interrogante persistente entre chavistas prendidos de la ubre del poder y de los echados fuera por la nueva oligarquía revolucionaria; las conquistas de los estados siempre han estado asociadas a guerras, encuentros sangrientos donde valientes caballeros cruzan sus espadas, hoy bayonetas, lanzan sus flechas, en estos tiempos misiles… En el amor se busca seducir al otro o la otra, es una suerte de guerra en la que se exhiben otras armas. Cuáles elementos seductores habrán sido utilizados para hacerse acreedor del manjar del poder: secretos palaciegos, de alcoba, de la Isla de la felicidad. Nadie lo sabe, por lo pronto poco importa.

Para “Nicki” como para su padre político asirse al poder fue para este, y es para aquel, esencial y enjundioso, por lo que para los que gustan vincular la política con valores éticos y morales no les queda más remedio que reprochar, con razón, el abrazo de Maduro al poder.

Bastante se ha dicho, y creo haberlo escrito antes, que no basta el ejercicio de la coacción y la coerción para mantener el poder sino que resulta indispensable la aquiescencia del pueblo para revestirse de legitimidad. Las circunstancias presentes nos indican que, por ahora, Maduro podrá seguir ejerciendo su violencia contra los ciudadanos pero a costa de una pérdida sistemática de adherentes y seguidores.

La crisis social es la fundamental causa por la que Maduro puede ser revocado, cosa que sabe y lo atormenta. La ausencia de políticas claves para llevar a los ciudadanos paz y sosiego lo tienen a un paso de desalojar el poder.

Mucho se ha dicho sobre las colas, bachaqueros, carestía de medicinas, hampa desbordada, fallas en el servicio de agua y electricidad, ahora el problema, de mayor envergadura y calado, se centra en el aumento colosal de los precios de los bienes necesarios para la subsistencia. Ahora no basta hacer colas, la angustia es saber si se tendrá el poder adquisitivo. Ahora, “Nicki”, para aumentar la tragedia de los venezolanos, se pasará hambre. Ya no solo se trata de que aparezcan los productos, el drama es mayor y terrible, la gente lo grita y lo advierte: ¡tenemos hambre!

@LeoMoralesP

Leonardo Morales

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