Organizaciones humanitarias intensifican su presión sobre donantes de Siria

Las organizaciones humanitarias han intensificado en la capital kuwaití sus esfuerzos para lograr las mayores contribuciones, en la víspera de la tercera Conferencia de Donantes de Siria.

 

La catástrofe humanitaria que azota a Siria y a los países vecinos se ha demostrado un doble reto para las agencias de la ONU y las organizaciones no gubernamentales presentes en esta cita, pues a la consecución de los compromisos de financiación económica se une la exigencia del desembolso, algo que muchos países omitieron en su integridad el pasado año.

 

A pesar de esta denuncia, los portavoces de las ONG y agencias de la ONU reiteraron su confianza en poder cambiar esta tendencia, que el pasado año supuso que sólo fuese abonado el 62 por ciento de los compromisos adquiridos.

 

Las cifras son desalentadoras, como los propios encargados de su difusión reconocen, pero no cejan en su empeño de aportar al menos esperanza, en palabras de la portavoz del UNICEF para la crisis de Siria, Juliette Touma.

 

Además de los dos millones de niños sirios refugiados en los países vecinos, la guerra que comenzó con la represión de las protestas en 2011 ha saltado las fronteras y ahora 14 millones de menores necesitan ayuda, según la agencia de la ONU para la infancia.

 

Esta cifra ni siquiera incluye a los niños de Libia o el Yemen, sacudidos también por conflictos armados, puntualiza Touma.

 

“Estamos aquí para contar y mostrar el sufrimiento de tantos niños”, explica la portavoz del UNICEF, que no cesa de reiterar que cuatro años en la vida de un niño es mucho.

 

Recuerda que muchos jóvenes y adolescentes son reclutados por todos los bandos, viven sin poder ir a la escuela y en muchos casos bajo sitio o cercados por los combates.

 

La guerra ha aumentado los matrimonios precoces o el trabajo infantil y sembrado de incertidumbre, impotencia y un sentimiento de vulnerabilidad el entorno familiar de estos niños, explica Touma, que reclama el “acceso humanitario” para poder atenderles.

 

“Han presenciado lo que para muchos adultos es muy difícil de asimilar”, insiste al subrayar que a las penurias materiales se suma la factura psicológica.

 

Sin embargo, explica, aunque no es posible olvidar el “dolor en los ojos” de esos niños o el terror de ir a dormir por la pesadillas, tampoco lo es su esperanza de recuperar su vida normal, volver al colegio y pensar en su futuro como ingenieros, diseñadores o médicos.

 

Precisamente son los sanitarios algunos de los trabajadores humanitarios que más peligro corren, pues como explica a su regreso de Damasco Tarik Jasarevic, representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS), han logrado cruzar frentes y líneas, con todo el riesgo que conlleva.

 

Aclara que la OMS colabora con ONG locales cuyos empleados son la última garantía de asistencia sanitaria en muchos casos y ellos sus proveedores de los medicamentos y el material hospitalario que, salvo en el caso del quirúrgico, circulan por el país, a pesar de las dificultades.

 

Al deterioro, tras casi cinco años de guerra, del sistema público de salud y su red hospitalaria -con un abandono del país de un 55 por ciento de los sanitarios-, Jasarevic explica que hay veces que un trayecto de 30 minutos necesita de un recorrido de 13 horas, lo que dificulta logísticamente el trabajo de la red asistencial siria.

 

Lamenta la baja inmunización de los niños en Siria, donde asegura gozaban de un buen nivel de salud.

 

La polio ha podido ser frenada, aunque admite que han detectado en las últimas semanas la paralización de la campaña de vacunación en la que su organización había invertido gran esfuerzo.

 

Su red les permite conocer de manera aproximada las necesidades y los problemas sanitarios del país, donde han detectado nuevos brotes de enfermedades vacunables.

 

A la necesidad de agua potable, que ha causado unos 50.000 casos de hepatitis A, se dedican conjuntamente con algunas organizaciones internacionales como Oxfam, según explicó hoy su coordinador en la región, Andy Baker.

 

Hábitat Naciones Unidas ha emprendido proyectos relacionados con el impacto en vivienda y refugio de millones de personas desplazadas por la guerra y ensaya nuevas experiencias.

 

Su responsable en la región, Dyfed Aubrey, destaca la construcción en Jordania de viviendas cuyos propietarios arriendan una parte a refugiados, con lo que puedan costearlas y más adelante agrandarlas.

 

EFE