Sucesos
Acusaron al Cicpc de ultimar a un joven inocente en Barlovento
Sucesos

Nancy Chávez relató por escrito la forma en que funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana y del Eje Barlovento de la División contra homicidios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas ultimaron a su hijo Yonniver Eduardo Ñáñez Chávez, deportista de 19 años de edad, que reposaba el almuerzo acostado en la residencia de ella, en San Vicente, sector El Estadio, en el municipio Eulalia Buroz en Barlovento, estado Miranda.

Las comisiones buscaban a Darwin Ñáñez Chávez, hermano de la víctima, que está requerido por un tribunal, pero no se encontraba en esa vivienda ni reside allí.

Los policías que participaron en el caso justificaron la muerte del hombre señalando que se trató de resistencia a la autoridad, mientras que Nancy Chávez señaló que esa versión es totalmente falsa porque el suceso se registró delante de otro hijo de ella y de testigos de la comunidad. En total, tiene en su poder 150 firmas que avalan lo sucedido.

Todo ocurrió un día de la semana pasada, a las 2:30 pm, cuando al domicilio entró la comisión buscando a Darwin. “Frente a este caso, evidentemente a manera de venganza, sin una orden judicial de aprehensión y mucho menos persecución en caliente o comisión de un delito flagrante, de manera vil fue esposado y sacado de la casa. A golpes se lo llevaron, porque según ellos tenía una identidad falsa”, explicó la madre.

Nancy Chávez manifestó que no es cierto que su hijo portara una identidad falsa, porque les mostró a los funcionarios policiales la cédula de identidad y el carnet de la patria de Yonniver.

Los hechos ocurrieron delante de Luis, otro de los hermanos, que es bombero, a quien un funcionario le anunció que matarían a Yonniver.

Hubo un momento cuando la madre trató de impedir que siguieran golpeándolo y la respuesta fue apuntarla con un arma de fuego y continuaron pegándole al detenido para que dijera dónde estaba Darwin.

“Se lo llevaron vivo y esposado hacia el sector Prado Largo, adyacente a un kilómetro de su vivienda, donde lo mataron en una casa”, relató la madre.

Cuando vio el cadáver de su hijo observó que tenía la cara desfigurada, además de tres tiros en el pecho y otro en el cóccix. Luego los policías llevaron el cadáver a la medicatura forense del Hospital de Tacarigua; después los funcionarios lo sacaron de la morgue para trasladarlo a la residencia abandonada donde lo mataron, con el fin de simular un enfrentamiento haciendo disparos en las paredes.

Nancy Chávez indicó que hay testigos de todo lo que ella ha narrado. También denunció los hechos a Johan Ponce, alcalde del municipio Eulalia Buroz, para que conozca lo ocurrido y le pidió que dentro de sus competencias logre que cesen los atropellos contra la familia Ñáñez Chávez. Expresó que la responsabilidad penal es individual y nada tiene que ver la familia con los delitos en los cuales Darwin Ñáñez pueda ser responsable o esté señalado. Igualmente denunció que desde hace tiempo la policía viola el domicilio de la familia para robarle teléfonos, cámaras, televisores, equipos, alimentos y ropa.

La madre de la víctima aspira a que sus denuncias sobre lo ocurrido lleguen a oídos de las autoridades.

Otro caso en Petare

Winder Alexander Borges Brea, de 21 años de edad, fue muerto el lunes 19 a las 5:00 pm a la entrada del barrio La Alcabala de Petare, cuando regresaba a su casa luego de visitar a un compadre.

Testigos dijeron a los familiares que al sitio llegó una comisión de funcionarios de la policía judicial que se lo llevó hasta un callejón, lo mató y luego argumentaron que murió en un enfrentamiento.

La víctima trabajaba en mantenimiento en un automercado de Caurimare, donde tenía una semana laborando. Antes se desempeñó como obrero de la Misión Vivienda de Fuerte Tiuna.

Borges era padre de dos niños, uno de dos años de edad y otro de tres meses de nacido. Era el mayor de dos hermanos.

Los parientes de la víctima manifestaron que les informaron que en el hecho, al parecer, una persona que resultó herida, pero desconocen su identidad.

Sandra Guerrero-El Nacional