Sucesos
Cicpc investiga segundo caso de canibalismo en el país
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“Lo descuarticé, lo cociné y me lo comí parcialmente” de esta manera Luis Alfredo González Hernández confesó a la policía científica los actos de antropofagia que cometió contra el propietario de una finca en la población de San José de Barlovento, ubicada en el estado Miranda.

González no se conformó con asesinar y comerse a su víctima, también utilizó la sangre y parte de las cenizas para plasmar varias pinturas que dejó en el mismo lugar donde ocurrieron los hechos, tal como informó una fuente policial.

Este es el segundo caso de conmoción que se registra en Venezuela. El anterior fue protagonizado por el antropófago Dorangel Vargas, conocido como “El Comegente”, a quien acusan de haberse comido a más de 10 personas durante la década de los noventa.

Sin embargo, las autoridades indicaron que estos casos se diferencian por varias razones, Dorangel era un paciente mental que asesinaba personas, en su mayoría mujeres, para saciar sus necesidades de consumir carne humana. En cuanto a González, se presume que cometió el crimen por una descompensación psiquiátrica severa.

El psiquiatra José Coronado, indicó que este tipo de conductas se cometen posiblemente por cuadros de alucinaciones, donde el paciente escucha voces que le ordenan cosas. Esta patología se genera en su mayoría cuando se posee un deterioro mental bastante acentuado. Sin embargo, hizo énfasis en que esta conducta punitiva es poco común.

Hasta el momento no se tiene certeza de cuántas personas se comió González, pues las investigaciones sobre este caso todavía se están desarrollando, no se descartan que puedan haber otras víctimas, pues la subdelegación de Barlovento tiene denuncias de varias desapariciones registradas en esa entidad.

De hecho, en base a esas desapariciones fue que se realizó el operativo policial donde fue capturado González. Los detectives desarrollaron hace una semana un plan de búsqueda de varios ciudadanos en zonas boscosas para tratar de dar con su paradero.

Durante la inspección los funcionarios llegaron a una especie de finca abandonada, donde encontraron restos óseos apiñados en calderos improvisados. Trataron de indagar la situación pero no encontraron al propietario del terreno. Solo consiguieron a un “hombre moreno, de cabello largo desarreglado y que no actuaba dentro de sus cabales”, según informó la misma fuente.

Este sujeto posteriormente fue identificado y confesó todo lo que había hecho contra el dueño de la finca. Mientras se realizan las averiguaciones el acusado permanece detenido en la subdelegación de San José de Barlovento.

Responsabilidad Penal

Con respecto a la responsabilidad penal de las personas que cometen este tipo actos, el criminólogo Keymer Ávila, aseguró que se debe realizar un examen psiquiátrico a fin de determinar el grado de cordura que presentaba esta persona al momento de cometer el crimen.

El experto en criminología señaló que si el acusado sufría un problema psiquiátrico al momento del homicidio no puede ser recluido, dado que no es un responsable penal porque su cordura está viciada y no es plenamente consciente de los actos que comete.

Ante esta circunstancia no puede ser condenado por delitos sino recluido en un lugar especial donde reciba atención para tratar el tipo de enfermedad psiquiátrica que presente. No obstante, si la persona cometió los actos totalmente consciente sí puede ser acusado ante la legislación venezolana.

Violencia

Pese a que en los casos antes mencionados se habla de personas que cometen homicidios a causa de trastornos psiquiátricos, en las cárceles venezolanas se ha visto como lo presos utilizan el canibalismo como forma de agresión humana contra sus rivales.

Un caso de este tipo ocurrió en octubre del 2016 en el centro de reclusión de la policía del estado Táchira, dónde los familiares de Anthony Correa y Juan Carlos Herrera denunciaron que ambos reos fueron asesinados, cocinados y comidos por aproximadamente 300 detenidos.

Para ese entonces, en ese centro penitenciario se encontraba recluido Dorangel Vargas, y los parientes de las víctimas denunciaron que fue él mismo quien se encargó de cocinar los restos humanos con arroz y dárselo a los reclusos, sin que se percataron que se tratara de carne humana.

Luego de ese hecho, los intestinos de las víctimas fueron arrojados por los desagües del calabozo, mientras que a un grupo de internos le hicieron comer parte de las cabezas de los dos detenidos asesinados. Esto según lo denunciado por internos del penal y parientes de las víctimas.

Joan M. Camargo – El Universal