Sucesos
Dos carros lo interceptan y lo matan de un tiro en la cabeza
Sucesos

Tristeza. “¡Ah mundo mi hijo!”, exclamaba Alirio Sánchez, sentado en una acera en la calle Miranda entre avenidas Cementerio y Bruzual de Sarare. Eran las 09:00 a.m. aproximadamente y unas cinco horas antes, le habían matado a uno de sus cinco hijos, quien respondía en vida al nombre de Alirio José Sánchez Aldazoro, de 28 años, cuyo cadáver quedó tendido en medio de la vía.

El hombre observaba hacia el horizonte, con la mirada fija, quizá pensando en lo que había pasado. El día estaba nublado como gris y frente a él, la triste escena de su hija Evineth Sánchez, quien se encontraba tirada sobre el cadáver de su hermano. Lloraba inconsolablemente. Abrazaba el cuerpo sin vida, se llenaba las manos de sangre, sin importarle, pues nunca más vería a su hermano menor.

Al oto lado de la acera estaba la madre de la víctima, Eglis Aldazoro, una mujer en cuyo cabello lleva marcada en algunas cana, la experiencia de una vida llena de alegrías y dolores, pero sin lugar a dudas, el más fuerte era el que estaba pasando al ver a su tercer hijo tapado con una sabana, como si estuviese dormido pero del cual no despertará jamás, pues un tiro en la cabeza, acabó con su vida.

La señora Aldazoro se tiraba en los brazos de su otra hija y demás familiares que la acompañaban en tan doloroso momento. Por ratos soltaba llanto, en otros se calmaba y se quedaba como en shock, tal vez sin querer aceptar lo que le estaba ocurriendo.

Cuentas viejas

Alirio Sánchez, estaba tomándose unos tragos de cocuy en la casa de su padre junto a él, en La Miel, pero a las 09:00 p.m., El Choco, un amigo, lo fue a buscar y se fueron para la tasca Nia. “Le dije que no saliera pero muchacho al fin, no hizo caso”.

El par de hombres decidieron salir del lugar donde estaban y decidieron emprender viaje en la moto de El Choco hacia Sarare y al momento en que pasaban por la calle Miranda, dos carros los interceptaron: un Monza azul y un Century blanco, desde alguno de los dos vehículos dispararon con un revólver. El tiro fue certero a la cabeza de Sánchez Aldazoro.

Su compañero aceleró la moto pero a media cuadra su amigo cayó. Él no se detuvo, lo dejó ahí y fue hasta la vivienda de los padres de la víctima, ahí les comentó lo ocurrido. “Él llegó llorando y me dijo que me habían matado a mi hijo. Me vine de inmediato”, narró el papá del occiso.

“Este es un gran dolor. Siento un vacío. Se me acabó la alegría, era mi toñeco, compartíamos mucho en la casa y en el trabajo”.

El hombre de 28 años, estudió en el INCES de Barquisimeto electromecánica cuando egresó como bachiller y desde hacía tres meses trabajaba en Divica, empresa ubicada en la intercomunal Cabudare – Acarigua. “Viajaba todos los días a laborar. Anteriormente trabajó cuatro años en Lácteos Los Andes en el área de envasado”.

Al recordar a su hijo, Alirio Sánchez , dice que “era una belleza. Los sábados me ayudaba en mi casa en los trabajos de latonería. Era un excelente padre de cuatro hijos”.

Uno, tres, siete y 10 años, son las edades de los niños que dejó huérfanos, el ahora fallecido. El mayor de ellos, es discapacitado, pues al parecer, durante su gestación no se le desarrolló el cerebro por completo y desde entonces ha sufrido en su corta vida. “Aún no habla bien pero quería mucho a su padre, lo reconocía y acariciaba cuando llegaba”, manifestó.

Sospechosos

Hasta ahora, el móvil que manejan las autoridades del homicidio, es el ajuste de cuentas, pues al parecer, desde hace unos tres años, los hermanos Sánchez Aldazoro mantienen problemas con Marín Aguilar, alias El Tin.

El problemas habría empezado por una mujer, pues el hermano menor del hoy occiso, como que se enamoró de la que fue novia de El Tin, por lo que éste lo buscó en su casa y le dio un tiro en el hombro,  posteriormente Alirio José fue a reclamarle y se fueron a los puños, ahí le juraron la muerte.

Miedo. Sánchez, el padre del hoy occiso, dice temer por su vida, pues rememoró que hace unos seis u ocho meses, unos sujetos llegaron callados hasta su casa a bordo de una moto, era una madrugada y “casi matan a mi hija pero todos nos tiramos al suelo. Ahora todo problema lo resuelven con violencia”, puntualizó el hombre, quien seguía sentado en la misma acera pero ahora su rostro estaba lleno de lágrimas.

Fuente: El Impulso