Sucesos
En dos años, el hampa mató a 52 trabajadores del Lago
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En el último robo lo dejaron desnudo y en la quiebra. Ángelo Villalobos zarpó de la playa Los Pililos, en San Francisco, y lo rescataron a kilómetros de la orilla en el municipio Mara. En sus 20 años como pescador aprendió que cuando se ven los cañones de las armas o las ametralladoras en las embarcaciones debe quedarse tranquilo, entregar todo y no poner resistencia. Sobrevivir es más que cuestión de suerte, pescar en el Lago de Maracaibo se volvió mortal.

 

Por: laverdad.com / Paola Hernández

 

El pescador agradece la oportunidad de vivir. Cada día recuerda a la docena de compañeros y amigos de faena que mató el hampa en el agua. En los últimos tres años, los asesinatos se incrementaron y en tan solo 29 meses, según registro de La Verdad, mataron a 52 trabajadores del Lago. El crimen mutó y se mudó, comentó un policía. Las mafias no solo atacan en el agua sino en la tierra. Cobran vacunas, extorsionan, se vengan de quienes hablan de más y liquidan a quienes consideran peligrosos. El 98 por ciento de esos homicidios queda impune, en el otro dos por ciento identifican a la banda, pero nunca la detienen.

 

Hay patrullaje, pero no es suficiente. Se necesitan unas 80 embarcaciones para resguardar los 13 mil kilómetros 126 cuadrados del estuario, pero la Guardia Costera y el Patrullaje Inteligente solo cuentan con 16. Lo dividieron en ocho cuadrantes, pero aún así no dan basto. La Policía científica estudia la posibilidad de crear una División Lago, que se encargue de los homicidios y robos en toda la extensión pesquera.

 

Edixon Bermúdez, oficial a cargo de la División lacustre de Polisur, explicó al Diario La Verdad, que actualmente las dos embarcaciones autorizadas para patrullar se encuentran dañadas. “Contamos con una lancha rápida y una tipo peñero. No cubren la demanda de los pescadores”.

 

Los pescadores cambiaron de horarios y rutina, pero sus peñeros siguen siendo atractivos. Los encargos los hacen desde los pueblos fronterizos con Colombia y desde las costas del occidente del país. Piden motores, redes y lanchas y los piratas salen de cacería. Venden sus botines por parte o completos por mitad del valor real y aún así ganan por bote al menos 15 millones de bolívares. Semalmente se roban entre 80 a 90 motores. “Rastrean los Yamaha Cabezón”, comentó una víctima.

 

La penumbra ya no los protege. La vulnerabilidad de los pescadores se acrecienta cuando recogen sus redes. Quienes los atacan conocen su punto débil, esperan el momento preciso y los trabajadores terminan por ser la presa en la pesca.

 

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