Sucesos
Niños cambian lápices por mangueras y gasolina
Sucesos

Los Filúos es más que un caserío en expansión, dependiente de Paraguaipoa, municipio Guajira. Expresa un crecimiento urbano notable gracias a las nuevas “barriadas bachaqueras” que incluyen a niños y adolescentes.

La economía formal en el municipio fronterizo cae mientras que el contrabando asciende. Es una certeza que arropa el viaje de retorno a Maracaibo. Minutos luego de las 3:00 pm, tocar las puertas en los colegios de la localidad es un esfuerzo en vano.

Uno de ellos, donde finalmente atienden a la insistencia de la prensa, es la excepción: en todos exigían entregar una comunicación firmada por el circuito escolar que autorizara a los maestros y directores a conceder entrevistas a los medios.

Al ingresar a la Escuela Nacional Ovidio Aguilar Meza, donde al menos mil 700 alumnos wayúu estudian básica y diversificada, hay respuesta positiva tras tocar la puerta de madera, desgastada por el tiempo. Un amable “buenas tardes” anuncia a Mariana, una funcionaria del plantel.

—¿Qué desea?
—Estoy haciendo un trabajo periodístico. La sinceridad buscaba iniciar una conversación sin tapujos.

—¿Tiene la autorización?
—No, no la tengo. Pero le pido que conversemos. No publicaré nada que usted no me autorice.

—¡Ok! No quiero problemas. La advertencia da paso a una conversación honesta sobre la gente de Los Filúos.

—¿Cómo están las cosas por aquí? Los Filúos, dicen, es tierra de “bachaqueros.
—Bueno, nosotros en el colegio estamos bien. Tenemos necesidades como todos, pero aquí se ha incrementado la deserción escolar como en un 35 %. Mariana tiene los hombros caídos y tono de decepción.

—¿Cómo? Ese porcentaje es bastante alto. Pero, ¿es diversificado o primaria? ¿Qué pasa con estos estudiantes?
—Bueno, lo más impresionante es que son de primaria. Son de padres que se dedican al contrabando y a ellos también los ponen a trabajar, a chupar gasolina pareja todo el día.

—¿Qué hacen la comunidad, la junta de padres y representantes?
—Aquí no hay comunidad, aquí hay bachaqueros. Todos nos dedicamos, por lo menos, a vender algo. Aquí los sueldos no alcanzan. Tenemos que comprar a veces un rollito de papel higiénico en 100 bolívares. ¡‘Maginate’! ¿Cómo hacemos para vivir con estos precios que hay aquí? La llegada de profesores termina la conversación.

Los organismos competentes se mantienen herméticos ante la cifra de deserción escolar. “Tú puedes ver cómo vienen las madres wayúu con sus hijos a Maracaibo desde la madrugada. Es obvio que los niños no están asistiendo a los colegios. Ellos son los que transportan los productos del bachaqueo”, refirió Marlene Hernández, presidenta de la Federación Venezolana de Maestros.

Pasadas las 4:00 pm, se reanuda el viaje hacia Maracaibo, pero antes es urgente comprar un “punto” de gasolina -20 litros- en el camino. El cuarto de tanque restante no alcanza para llegar a la ciudad. La vía hacia el sector La Rosita da fe de lo que explicaba la directora. Niños y adolescentes están dispuestos en la orilla de la carretera.

Venden cinco litros de combustible en 500 bolívares. En ese preciso instante pasan por la vía tres camionetas adscritas a la Policía Nacional Bolivariana.

Pero no ocurre nada. Ni se detienen a frenar el “tanqueo” ilegal de gasolina. El asombro no es habitante de Los Filúos. En ella se concentran sin pudor productos básicos con sobreprecio. Es puerto de embarque al bachaqueo. En ella ser infante es el camuflaje ideal para el delito perfecto.

Fuente: Versión Final