Sucesos
Robaron y estrangularon a un hombre dentro de su casa en el Zulia
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Boca arriba, con las manos atadas con un mecate y amordazado, encontraron a Julio César Barboza González (60), conocido como “Julito”. El cuerpo permanecía en la cama de la tercera habitación, en la casa de Imelda Egle, número 16-103, en la avenida 91 del sector Panamericano. Presuntamente a la víctima la estrangularon, pero no presentó signos de tortura. La familia espera el informe forense.

Por: La Verdad

Un grupo de delincuentes, a las 4.00 de la madrugada de ayer, auyentaron a “Capitán”, el perro que vigilaba la vivienda. Uno de los ladrones quitó cuidadosamente dos vidrios de una ventana e ingresó a la casa. Al entrar, corrió hasta la puerta y le abrió a sus compinches.

“Julito” estaba solo y lo amarraron, mientras que robaban de una gaveta el dinero que tenía guardado. Unas bolsas de harina de maíz, mayonesa, un teléfono celular, un reloj nuevo, un par de calzados deportivos y una carretilla se llevaron, comentó un cuñado de la víctima.

Dos horas más tarde, Énder Barboza (54), hermano de Julio César, llegó hasta el lugar para abrir el puesto de empanadas “Julito”, que tenían juntos desde febrero. Al notar las puertas abiertas, presintió que algo malo había ocurrido, llamó a “Capitán” y al no verlo, se dirigió hasta la habitación y encontró a su pariente muerto.

Énder, anonadado por la escena, llamó a la Policía regional y estos resguardaron la casa hasta que una comisión de la División de Homicidios de la Policía científica llegó. Los detectives inspeccionaron el sitio y trasladaron el cadáver hasta la morgue forense.

Los investigadores esperan los resultados de la autopsia para determinar la causa de muerte. “Si lo estrangularon, posiblemente conocía a los choros. Aunque no presentó signos de tortura, solo en las manos, pero debe ser para intentar desamarrar el mecate”, explicó un policía.

Familiares y amigos de Julio César se acercaron hasta la casa que junto a Énder había alquilado para la venta de empanadas. Estudiantes, conductores de carrito por puesto y transeúntes, todos los días, desayunaban en el puesto. Ayer les extrañó encontrarlo cerrado.

Julito era muy pacífico y buena gente, primera vez que lo robaban“, comentó un allegado. El vendedor de empanadas tenía novia y era el quinto de ocho hermanos. En la casa, en ocasiones, lo acompañaba un hombre, pero un día antes del suceso, había salido de Maracaibo, dijo un testigo.