Sucesos
Trabajador de PDVSA que asesinó a joven durante protestas del 2014 recibió casa por cárcel
Sucesos

Miyorkis Gómez tiene 32 meses esperando que se haga justicia por su hijo, José Ernesto Méndez Gómez, quien fue asesinado durante las protestas de febrero del 2014 en Carúpano por Roberto Pazo, trabajador de PDVSA, cuando lo atropelló con su carro de forma violenta.

Nota de prensa

“El caso está parado. En la Fiscalía todos conocen el caso, pero no me dan respuesta ante nada. Solo sé que al asesino de mi hijo lo beneficieron con casa por cárcel cuando debería estar en una prisión”, asegura Gómez.

Esta madre venezolana recuerda que a su hijo de 16 años lo mataron el pasado 17 de febrero de 2014 cuando Roberto Pazo, empleado de Pdvsa, lo atropelló con su camioneta 4 runner. “El asesino de mi hijo fue sentenciado a casa por cárcel el 23 de marzo de 2015 y desde esta fecha el caso está congelado según me informaron las propias autoridades”.

“Tenemos videos, pruebas y más, pero en la Fiscalía me tratan irrespetuosamemte y lo único que me dicen es que tengo que esperar más”, expresó Gómez.

A pesar que Miyorkis sigue sin tener justicia, todos los jueves, por más de dos años, se observa en este ente público a una madre persistente para que se aplique justicia en el caso de su hijo. Pero ahora, la Fiscalía agregó un obstáculo más. El caso fue trasladado a los tribunales de Barcelona, a donde Gómez confiesa se le dificulta trasladarse  por cuestiones de dinero, trabajo y tiempo, entonces, por primera vez, tiene un mes sin poder realizarle seguimiento al caso.

A Miyorkis Gómez nunca le especificaron por cuanto tiempo  el acusado debería permanecer recluido bajo la figura de casa por cárcel. Además, comenta que las autoridades le dicen que el único culpable es Leopoldo López. “¿Cómo pueden ser capaces de echarle la culpa? Jamás me atrevería a hacer esa acusación. Leopoldo López no tiene nada que ver con el asesinato de mi hijo”.

Hoy, José Ernesto Méndez tendría 19 años y habría culminado sus estudios en su querido liceo Rafael Osío Pérez. Su madre cuenta que su único delito fue creer en la protesta pacífica para un cambio de gobierno