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Tecnología y ciencia española en el primer satélite que despega desde Vostochny
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El nuevo cosmódromo ruso Vostochni se ha estrenado con el despegue -al segundo intento- de un cohete Soyuz-2.1a que, entre su carga útil, llevó el telescopio espacial UFFO (Ultra-Fast Flash Observatory) para estudiar los eventos más energéticos del universo, y que cuenta con participación española.

Este telescopio, que forma parte de la carga de pago del satélite Lomonósov, analizará los estallidos de rayos gamma, fenómenos muy breves que constituyen las explosiones más extremas del universo.

UFFO ha sido desarrollado por una colaboración internacional liderada por Corea y de la que también forman parte Rusia, España, Taiwán y Dinamarca. La colaboración española ha sido gestionada desde el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y la Universidad de Valencia, informó el IAA en una nota de prensa.

El lanzamiento del Soyuz se produjo a las 4:01 horas (española) y a las 7:07 Lomónosov se separó de la última etapa, tras lo que se situó en su órbita definitiva y desplegó sus paneles solares.

UFFO/Lomonosov es un telescopio de seguimiento rápido que detectará la emisión en rayos X, luz visible y ultravioleta asociada a los instantes iniciales de los estallidos cósmicos de rayos gamma (conocidos como GRBs, del inglés Gamma-ray Bursts), “lo que abrirá un nuevo horizonte en el estudio y entendimiento del universo extremo y del universo temprano”, según las mismas fuentes.

Alberto J. Castro-Tirado, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), ha señalado que la coordinación con Soomin Jeong (gestora del proyecto) en Granada, quien ha estado con nosotros los tres últimos años, ha sido fundamental.

“Ahora llega el momento de recoger los frutos: capturar esa primera luz de los GRBs es un anhelo para todos los investigadores del campo y se hará realidad en breve”, según Castro-Tirado, quien participa en la coordinación científico del proyecto.

El telescopio UFFO orbitará a 490 kilómetros y su vida nominal es de tres años, tras un período inicial de tres meses de testeo y calibración.

“Ha sido un esfuerzo titánico que ha requerido la colaboración de muchas instituciones para completarlo en la mitad de tiempo de lo que hubiese sido necesario para las grandes agencias espaciales”, ha detallado por su parte Víctor Reglero, investigador de la Universidad de Valencia que participa en el proyecto.

 

EFEFUTURO